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Soy enfermera

Me parece un tema interesante explicar en qué consiste nuestro trabajo. Hablar de las ventajas y los inconvenientes que conlleva desarrollar una profesión.
Muchas veces desconocemos lo que se esconde detrás de un albañil, de un abogado, de un policía, de un camarero, de un vendedor, de un profesor,... y ¿Quién mejor que uno de ellos para que nos cuente lo que no es tan evidente para los que estamos fuera de su gremio?
Yo voy a hablar de la enfermería que es lo que mejor conozco. Realmente creo que se llega a esta profesión por vocación y, si no es así, rara vez se llega a trabajar demasiado tiempo en ella, ya que el papel de la enfermera está muy poco valorado, y el salario es bastante parco. Además siempre hay escasez de personal por lo que, muchas veces no puedes dedicar al paciente todo el tiempo que deberías o debes ejecutar tareas que no te corresponden. El estress y el cansancio suelen ser dos constantes con las que tienes que lidiar a diario.
Otro de los inconvenientes de la enfermería son los horarios (a menudo a turnos rotativos) y el calendario. Para la enfermera no existen domingos, ni navidades. A menudo es complicado compaginar la vida familiar con la laboral, especialmente cuando se tienen niños pequeños. Y muchas veces no puedes disfrutar de la carita de tus hijos cuando descubren los regalos que Papá Noël o los Reyes Magos les han traído, ni comer las uvas con su familia.
También es duro estar rodeado de sufrimiento y a veces de muerte. Estar rodeado de enfermos (a menudo contagiosos), de lágrimas, de depresión, de dolor,... Es algo con lo que tienes que luchar sin decaer. Como bien me enseñó el Dr. Pijoan, cuando hacía prácticas con él: "Cuando el enfermo está en tus manos, no es la cama 126, no existe tu hora de descanso, él es tu padre, tu hijo, lo primero es él y hay que darlo todo por él. Sin embargo, cuando fallece, la cama 126 es una cama que se queda libre para otro paciente que nos necesita".
Me costó aprender esta lección que me dió cuando vi mi primera "muerte en directo", pero gracias a su consejo que he seguido siempre, me considero una buena enfermera y no he decaído en el intento.
Hay algo que no se paga con dinero, algo que te hace dar por bueno todos los esfuerzos y sacrificios, y es satisfacción de haber colaborado en salvar una vida; el cariño y las miradas de agradecimiento de los pacientes cuando se sienten mejor gracias a tus cuidados; la confianza que ponen en ti, tanto ellos como sus familiares,...
El médico siempre está en un pedestal, es el general de la batalla que la dirige desde el campamento, pero las enfermeras somos los soldados que ejecutamos sus órdenes y quienes realmente convivimos con el enfermo, conocemos su realidad y estamos “en el campo de batalla”.
No somos simples “porta-bateas”, sino que somos profesionales con unos estudios importantes, teóricos y prácticos, que debemos reciclar constantemente y cuya valía profesional no está considerada como debiera. Por ese motivo, muchas de nosotras aceptamos contratos de trabajo en Francia o en Gran Bretaña donde, las enfermeras españolas, estamos muy reconocidas, nuestros salarios allí duplican (y casi triplican) lo que se nos paga en nuestro país, y las facilidades de vida que nos dan allí, nada tienen que ver con lo que aquí se nos ofrece.
No obstante, si volviera a nacer, volvería a estudiar enfermería, pues las satisfacciones que me ha dado mi profesión, no se pueden pagar con nada. Ya digo, la enfermería es una profesión vocacional y yo sigo sintiendo ese “gusanito” cada día.
¿Y tú? ¿En qué consiste tu trabajo? Háblanos de él. Queremos conocerlo.
Mil gracias, amig@s, por seguir escribiendo en este espacio que sin vosotros no existiría. Sois maravillosos.
Carla.-
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NOTA AL MÁRGEN: El sábado fue el cumple de JORJA ¡MUCHAS FELICIDADES, COMPAÑERA!