"Tintín, el extraterrestre"

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  Acabo de ver la versión (llamarlo así es absolutamente generoso) que Steven Spielberg ha hecho de "Las aventuras de Tintín", y he sudado de indignación, algo que no me sucede todos los días, aunque esté tan de moda eso de indignarse últimamente...

No soy crítico de cine ni pretendo serlo, allá cada uno con sus gustos y sus conclusiones ante lo que ve o deja de ver en la gran pantalla, pero no puedo evitar escribir sobre el engendro que acabo de tragarme porque si no puedo llegar a implotar. Llevo décadas esperando que a alguien se le ocurriera hacer una buena película sobre Tintín. Es más, me conformaba con que fuera medianamente buena, solo eso. La noticia de que Steven Spielberg se había puesto a ello fue esperanzadora, de ahí la inmensa decepción que me asalta tras ver tan mediocre resultado.

En el terreno de los dibujos animados se han hecho algunas incursiones no muy brillantes aunque sí bastante respetuosas con los originales. Con personajes humanos, con actores, se han rodado dos que dejan mucho que desear aunque resulten entrañables e infinitamente más acertadas que la que me ocupa. Al menos en ellas está el espíritu de los personajes, infinitamente mejor interpretados y retratados que en este pastiche.

Basándose en cualquiera de los álbumes de Hergé, que ya son en sí magníficos guiones cinematográficos, completos "storyboards", seguro que saldría bien. Era difícil hacerlo mal, pensaba. Supe de la existencia del reportero y de su autor, Hergé, cuando tenía apenas nueve años. Desde entonces lo he leído todo, lo he disfrutado todo de Tintín, no una sino mil noches. He leído cada una de sus historias centenares de veces, he gozado de cada una de sus viñetas, de cada uno de sus dibujos, con absoluta fruición, y no exagero. Los álbumes Tintín han sido para mí una verdadera obsesión, un bálsamo, una de las cosas más reconfortantes, emocionantes, divertidas y enriquecedoras que he conocido en toda mi vida. Todo, desde "Tintín y los soviets" hasta la inconclusa "Tintín y el arte Alfa"...

 

Y no sólo conozco al detalle las aventuras del joven periodista y compañía, también he leído todas las de "Quique y Flupi" o las de "Jo, Zette y Jocko", toda su obra me ha interesado y fascinado hasta el punto de bucear con ansia en lo publicado en los orígenes, en los tiempos de Le Petite Vintgtième o Le Soire, donde empezó todo. Donde realmente empezó la carrera de George Remi, una gran persona y un dibujante y guionista excepcional, único, un genio absoluto, un artista inconmensurable que dejó tras de sí una obra inmensa e impecable, salvo el ingenuo y burdo tropiezo en la visita de Tintín al entonces colonizado Congo Belga.

Acabo de ver la versión (llamarlo así es absolutamente generoso) que Steven Spielberg ha hecho de "Las aventuras de Tintín", y he sudado de indignación, algo que no me sucede todos los días, aunque esté tan de moda eso de indignarse últimamente.

Spielberg, un director y artista que admiro profundamente y que tantos maravillosos momentos me ha hecho pasar con sus películas, me ha decepcionado hasta la náusea con su fallido intento de captar el fabuloso espíritu del Universo de Hergé, algo que no ha conseguido ni mínimamente, todo lo contrario. Lo ha mancillado, lo ha destrozado.

Podía haber elegido las aventuras de cualquiera, de cualquier personaje de la historia del cómic, para enturbiarlo con sus mil efectos especiales y destrozar cualquier coherencia argumental de los originales. Con el dinero que se ha gastado en este bodrio podía haber rodado toda la serie, todas las aventuras, de manera magistral, si se hubiera limitado sencillamente a respetar algo inmejorable, las ideas y los guiones de su autor.

Para más delito ha ido a elegir dos de las historias fundamentales de la saga, amén de haber rapiñado algunas pinceladas de otras obras con igual desacierto, "El secreto del unicornio" y "El tesoro de Rackjam el Rojo", dos de los álbumes favoritos de su autor. Dos obras perfectas, bien documentadas y llenas de matices, dos guiones impecables. Todo ha quedado destrozado, diluido en un batiburrillo ridículo de situaciones para favorecer una acción trepidante que no conduce a nada, salvo a una infinita decepción, al vacío, aun más en cualquier espectador con un mínimo de conocimiento de los personajes. Personajes que ya nacieron y murieron siendo extraordinarios. En la obra de Hergé, tanto los protagonistas como los secundarios, son siempre sublimes y Spielberg los ridiculiza dotándolos de una trivialidad sin medida, mermando cualquiera de sus virtudes sin piedad. Los convierte, no ya en sombras de lo que realmente fueron y son, sino en sus opuestos, en su más radical antítesis.

 

Las dos historias elegidas por Spielberg fueron el resultado de años de meticulosa elaboración por parte de su creador, Georges Remi, tanto en los argumentos y sus textos como en los dibujos. Hergé cuidó con mimo unas tramas que son imprescindibles para el desarrollo y comprensión de toda su obra. Dos historias llenas de inteligencia, de misterio, de acción, de incertidumbres, y en las que suceden hechos trascendentales en las vidas del siempre sobrio Tintín y el entrañable y siempre excesivo Archibaldo Haddock, a quien Spielberg convierte en un estúpido bobo alcoholizado. Una pesadilla...

En estos álbumes Tintín y el capitán se encuentran por primera vez, creándose entre ellos lazos indisolubles y muy complejos, que harán de ellos dos tipos inseparables. Pero además se hacen con el castillo de Moulinsart, la propiedad que será su hogar, su base de operaciones, su sede, el centro y punto de partida de casi todas sus aventuras (una incluso transcurre por completo allí, "Las joyas de la Castafiore"). En estas dos historias, los héroes, encuentran la financiación necesaria para llevar a cabo todas las demás, para  poder vivir despreocupados por el dinero el resto de sus vidas, lo que les permitirá dedicarse a lo que se dedican, a viajar y a vivir todo tipo de aventuras en cualquier lugar del mundo. Además aparece en escena Silvestre Tornasol, el genio e inventor "duro de oído",  otro personaje central e imprescindible, al que por supuesto ni se hace mención.

Tintín, cuyo principal defecto es no tener defectos, el capitán que puede llegar a tenerlos todos aunque siempre compensados por un millón de virtudes, Milú, los atolondrados hermanos Dupont, el sabio Tornasol, el bueno de Nestor, la cargante Castafiore, el pérfido Allan, ninguno de ellos merecía esto y mucho menos su creador, al que se permite hacer aparecer en una de las primeras escenas retratando a Tintín. Seguro que él hubiera sabido aceptarlo con sentido del humor, pues tenía de sobra, además de una afinada ironía, pero estoy convencido de que le hubiera repugnado el resultado, que se habría sentido humillado tras haber visto esta película en la que por encima de todo prima el abultado presupuesto con que ha contado y la tecnología con que ha sido realizada, el 3D, el stop-motion, etc. Pero de lo que verdad importa ni rastro. El Universo mágico, inimitable e insustituible de un verdadero genio, Hergé, queda en el fondo de la taza como un poso indeseable y que nada tiene que ver con la maravilla que encierran las páginas de la inmensa mayoría de los álbumes.

La sensación a la salida del cine bien puede ser satisfactoria para muchos, para casi todos, porque es muy sencillo engañar a los más pequeños y a los que ignoran lo que de verdad se esconde tras las aventuras de Tintín. Recomiendo encarecidamente leerlos, sobre todo a niños y niñas. No permitan que la fanfarria de una película absolutamente intrascendente y prescindible les oculte los prodigiosos momentos que les proporcionará el adentrarse entre algunas de las páginas más fascinantes jamás dibujadas y escritas.

Seguramente nadie se atreverá a decir esto que estoy diciendo con tanta claridad, algo que seguramente pueda ser calificado de exagerado o incorrecto, pero si no lo hago reviento. Estoy absolutamente seguro de que cualquier amante de Tintín pensará lo mismo después de ver esta película, una más en la misma línea de la acción por la acción sin otro contenido que la acción. Me temo que Spielberg, más que popularizar a Tintín, ¡ni falta que hacía!, lo ha vulgarizado. A base de estupidez y "merchadaising" pronto se habrá convertido, aunque eso sea imposible en realidad, es una idiotez más de las que inundan este mundo ya idiotizado por la tecnología y la globalización.

" Usted es el único capaz de adaptar a Tintín", dicen que dijo Hergé a Spielberg unas semanas antes de fallecer en 1983. Se equivocaba, no ha sido capaz de hacerlo. Tintín murió hace 28 años a la vez que murió su padre y ni el alquimista Spielberg ha sido capaz de resucitarlo.

Por fortuna nadie podrá cambiar ni un ápice de su obra que vivirá eternamente en los que realmente la conocemos, la respetamos y la amamos. Para hacer esto, estas dos horas de vacuo entretenimiento, bien podía haberse servido de Indiana Jones junto a su padre y su pastelera madre en una nueva entrega de la saga del intrépido arqueólogo: "Indiana perdido y disfrazado de Tintín" o "El día en que Indi soñó con ser Tintín", sin conseguirlo, por supuesto. O bien se le podía haber ocurrido rodar "Tintín, el extraterrestre", algo que visto lo visto, no descarto. Amenazan con más destrozos, por fortuna ya no nos pillarán desprevenidos...

 

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