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Dramáticos momentos entre los concursantes

Se viven los momentos de mayor dramatismo desde que este grupo de supervivientes visitó por primera vez Cayos Cochinos. Un nuevo e imposible traslado y los problemas de salud de algunos concursantes han convertido las últimas horas en una experiencia no solamente dramática sino insólita y angustiosa.
Un nuevo papiro les mostraba las instrucciones de los próximos pasos que debían dar en ese peregrinar absurdo e inexplicable en que se han convertido las últimas semanas hasta el final del concurso. Una vez más vimos el sencillo plano que manejaron todos cuantos fueron destinados a Cabeza de León, ya fuera para poder encontrar frascos, cuerdas o poleas.
En media hora debían recoger todo, meterlo dentro del cayuco, navegar con este hasta otra playa y una vez allí arrastrarlo por la selva, hasta la playa del lado opuesto. El fuego sería lo único que el programa llevaría por ellos. Las instrucciones del papiro fueron ampliadas por Mario Picazo, en una visita que no sería la última de ese mismo día.
El grupo cumplió con las indicaciones iniciales llegando a la nueva playa exhaustos por el esfuerzo de ir la mayor parte del tiempo nadando, o cuando menos remando. Una vez se marchó Picazo se dispusieron a arrastrar el cayuco por la vereda indicada. Hasta ahí todo correcto, el problema es que ni poniendo todas las fuerzas que les quedan fueron capaces de mover la embarcación un solo milímetro. Posiblemente ni estando en la primera semana hubieran podido hacerlo, contando solamente con cinco concursantes. Pero está claro que ahora es el peor momento para plantearles cualquier esfuerzo físico mayor del exigido por la propia supervivencia diaria.
Las reglas decían que para aligerar peso podían arrojar fuera del cayuco cuantas pertenencias personales desearan, a condición de no poderlas recuperar después. También les avisaron de que encontrarían recompensas a modo de comida en medio del camino, que podrían ir recogiendo y consumiendo. Vista la imposibilidad de mover esa mole de madera en la que se habían trasladado, o más bien que habían debido llevar con ellos, aligeraron peso conservando solamente chandals y zapatillas, aparte de los aparejos de la pesca. Pero ni por esas, el peso propio del cayuco era suficiente para hacer imposible la operación.
Cuando digo imposible quiero decir imposible. Ni siquiera probando a desplazar el cayuco utilizando unos troncos rodantes en su base, ni utilizando las poleas cuyo uso y destino desconocen ellos tanto como nosotros, fueron capaces de moverlo. La prueba planteada era imposible, especialmente a renglón seguido de una travesía que ya les había dejado exhaustos y tras casi setenta días de desgaste físico y mala alimentación. Estamos hablando de cinco enfermos, en mayor o menor medida, que van aguantando por la inercia que mantiene en pie un edificio en mal estado. Sucede que en estos casos basta un leve movimiento alterando esa inercia para que el edificio colapse, arrojando contra el suelo sus patologías.
¿Acaso querían que pasase eso con los concursantes que quedan en la isla? Porque digo yo, que para esto mejor haberles dicho que debían transportar el cayuco sobre sus narices, mientras hacían la conga a la pata coja. O, quizá, mejor haberles propuesto que lanzasen el cayuco con suficientes fuerzas para depositarlo en el nuevo destino del grupo. Imagino al listo que alumbró esta prueba con un reprimido espíritu de sargento en West Point, diciendo al resto del equipo de guionistas: "¿Somos nenas o qué? Los concursantes no son personas normales, son supervivientes, la gloria les espera y eso les dará fuerza suficiente para cargar con el cayuco, sea como sea. Y si hace falta que lo lleven con la punta de la p..." Pues va a ser que no. Deberían de plantearse contratar guionistas con los pies más en la tierra. O eso, o prohibir la circulación de sustancias dopantes entre el equipo.
Menudo lumbreras está hecho quien ideo una misión como esta. Convencidos del error, el equipo del programa vuelve a mandar a Picazo en la lancha motora. No trae buenas noticias precisamente. Pueden abandonar el empeño (imposible empeño) y dejar allí el cayuco, haciendo el camino solamente ellos y con lo puesto. Digo bien, si abandonaban el cayuco debían dejar en el mismo todas sus pertenencias. Absolutamente todo. Solo les garantizan que podrían rescatar el kit de pesca, ni siquiera sé si les dejaron coger el machete, pero me inclino a pensar que no. Todos van en bañador, excepto Yolanda, la única que lleva un short y una camiseta anudada al cuello. Eso es todo lo que podrían llevar, y tan solo con eso deberán llegar hasta el último día en la isla.
Naturalmente aceptan, no les queda otra opción. Sin sus pertenencias, tristes y fracasados, emprenden el camino hasta su nuevo destino. Parecen haber perdido ya toda capacidad de sorpresa, sus miradas están más perdidas aún que nunca, no siendo capaces siquiera de hacer la más mínima broma en respuesta a lo planteado por Mario en su segunda visita del día. En el trascurso del camino evitan mirar los paquetes con comida que les dejaron colgando de algunos árboles. Ya les habían advertido que dadas las circunstancias no podrían coger esa comida.
Quienes hayan llegado hasta este punto de mi relato podrían pensar que exagero con el titular de esta anotación. Si siguen leyendo se darán cuenta de que me quedo muy corto. He tenido miedo a quedar muy Piqueras y por esto prefiero evitar hablar de horrible situación casi apocalíptica en la isla. Aunque lo piense. Bien es verdad que lo siguiente vino de forma inesperada, afectando fundamentalmente a Ivonne y a Santi, aunque también es cierto que sometiendo a estos débiles concursantes a pruebas tan extenuantes y complicadas era previsible que algo así pudiera suceder. Y sucedió.
Ivonne vuelve mala de darse un chapuzón en la playa con Matías. Le pica todo el cuerpo, pero especialmente las piernas. Es un picor intenso y doloroso, como si le quemase. Los indicios son los de una alergia, aunque también podría ser obra de las medusas. Personalmente no he tenido experiencias desagradables con estos animales marinos de cuerpo gelatinoso, pero si la horrible experiencia de una reacción alérgica a un medicamento con consecuencias parecidas a las contadas por Ivonne, por no decir iguales. Puedo decir que es de las cosas más horrorosas que he vivido, peor al dolor más intenso que he tenido en mi vida, y alguno ha sido fuerte. Es tan intenso e insoportable que parece como si fueras a perder la cabeza en cualquier momento.
Ni friegas de agua ni las manos de sus compañeros pasando por sus piernas. Nada parecía aliviar a una Ivonne desesperada y fuera de sí. Tratándose de cualquier otro podríamos albergar ciertas dudas, pero esta concursante ha demostrado ser de hierro. No la hemos visto quejarse prácticamente nunca, ni siquiera cuando una roca le cortó una mano, a consecuencia de lo cual le dieron nada menos que nueve puntos, cinco internos y cuatro externos. Ella es dura y fuerte, incapaz de exagerar una dolencia. Muy mal lo debía estar pasando. Tanto que muchos sufríamos al verla, haciéndonos cargo de su sufrimiento mientras asistíamos a uno de los momentos televisivos más dramáticos y espeluznantes de los que he sido testigo.
Si no era poco con esto, Santi sufre un desvanecimiento al mismo tiempo. Según relata más tarde dejó de sentir sus extremidades u otras partes de su cuerpo, como la garganta, a la vez que le faltaba la respiración. El panorama era dantesco, Ivonne muriéndose de picor y escozor, Santi sintiendo como se dormía parte de su cuerpo y sin poder respirar apenas. No hace falta decir que Matías, Yolanda y Zúñiga parecían desesperados en medio de esa debacle, además de cansados y hundidos psicológicamente, que es como imagino debían estar.
El médico hizo acto de presencia una vez más. A Santi le dijo que lo suyo debió tratarse de un ataque de ansiedad, del que entonces ya se había recuperado bastante. A Ivonne se la llevó a la clínica tras inyectarle un fármaco. Hoy deberíamos conocer la resolución de este triste episodio. Esperemos que la pobre Ivonne se encuentre ya recuperada. El espectáculo no justifica algo así. Hay sufrimientos que duelen.
Actualización: Aunque parecía que nada peor les podía pasar, no ha sido así. La realidad con frecuencia supera la ficción. Ni el mismísimo Hitchcock, ni un Polanski de sus mejores años, hubieran podido urdir una trama tan intensa, angustiosa y enrevesada.
Un terremoto de 7,1 grados en la escala de Richter ha azotado hoy Honduras. El riesgo de tsunami, descartado en principio aunque posible igualmente, ha recomendado al equipo de Supervivientes desplazarse a lugar seguro. Según las informaciones que llegan a este palafito imaginario en estos momentos, parece que los concursantes se encuentran resguardados en la parte alta de la isla.
Si esto sigue así, y después de la línea que cantaron ayer los guionistas del programa, seguiremos hoy para bingo. O para Oscar, vamos.
Nueva actualización: Parece que el temblor ha durado 30 segundos. Toda una eternidad. Este se ha producido a una profundidad de diez kilómetros y el epicentro se ha estimado en unos 320 kilómetros al norte-noroeste de Tegucigalpa, unos 1.170 kilómetros al sur-suroeste de Miami, en Florida y a sólo 6 kilómetros de las playas que hasta ayer habitaban los concursantes.
Ellos han podido sentir el seismo, y aunque en un principio se mostraron algo asustados han sido ya tranquilizados. Todo el equipo de Supervivientes está bien, sin haber sido afectados por este fenómeno de la naturaleza. En estos momentos Telecinco desconoce cómo se va a realizar el programa de hoy, ni si será posible. La organización del programa está a la espera de lo que ocurra en las próximas horas ya que el poblado está en zona de riesgo.