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Trapote: "Nuestros potorros sufren"

Maria Jose no entiende su nominacion
En la isla se habla de tetillas y potorros. Ya sé que no es el único tema, pero como cebo no está mal, y de aquí en adelante no creo que vayamos a tener muchas cosas atractivas que ir contando, de no ser por ciertas conversaciones a las que sacar punta. Si Deborah habla de sus tetillas de cabra y Trapote vela por los potorros del grupo tendremos que agradecerles el detalle.
También es cierto que la situación tras la última gala tiene de por sí el atractivo de la tensión y el mal rollo reinante, lo cual no creo que dure demasiado. Solo quedan siete concursantes, seis a partir del próximo jueves, y todas las cuitas que ahora les tienen mosqueados serán olvidadas pronto, según vayan enfilando el camino hacia la final.
De confirmarse la salida de Perdiguero, habrían alcanzado estas alturas de programa las últimas en llegar, a pesar de que la gran mayoría de supervivientes consideró inapropiada su tardía incorporación por entender que tenían ventaja sobre los demás. También llegan tres concursantes anónimos, una representación importante teniendo en cuenta que ese grupo era menos numeroso que el de famosos, además de haber sufrido una baja voluntaria y otra obligada por prescripción médica. Si tenemos en cuenta que la olvidada Miriam no llegó a entrar en el juego, de cinco concursantes (quitando los dos que causaron baja) llegan tres a la fase final del programa. No es mala renta.
Y luego está también Trapote, la única capaz de llegar a esta fase del concurso de entre los famosos que entraron el primer día. Por algo será que han ido dejando la isla Consuelo, Bea, Carla, Javi, Óscar, Mireia, Rafa y Guillermo (más Perdi, muy posiblemente), mientras Trapote permanecería como única representación de los famosos, testigo inmutable desde el principio de esta experiencia.
Así las cosas, tengo claro que merece llegar a la final Trapote y dos de los anónimos, debiendo dejar a un lado a las dos rubias cuya presencia en el concurso es absolutamente prescindible. En este caso quien tiene más posibilidades de salir es María José, dado que todo el grupo lleva días repudiándola, con la única excepción de Parri. El compromiso de Deborah sobre no nominar a "su familia" no alcanza otros límites, como dejarla de criticar o desear su salida como el que más. Una cosa es no nominarla y otra bien distinta besar por donde pisa. Y aún así no pondría la mano en el fuego asegurando que Debi no nominará a Mariajo. Esta misma semana si es necesario, que el tiempo apremia.
Quien tuvo palabras amables tanto para María José como para Trapote fue Guillermo a su salida. Ayer Rafa no alcanzaba a entender las palabras de Guillermo, poniendo gestos de estar haciendo un ímprobo esfuerzo por comprender a su compañero y cómplice en el concurso. Llegué a temer por su integridad, no fuera a explotar su minúsculo cerebro, más acostumbrado a escuchar elogios a su persona que a cualquier otro de esos seres considerados por él inferiores, pobres criaturas de la creación que tienen la mala suerte de no ser venerables como Rafa Mora.
Aún más inexplicable le debió resultar que Guillermo calificara la actitud de Perdi como agresiva y excesiva. Claro está que el valenciano no estuvo allí porque había sido expulsado del programa por un aplastante porcentaje cercano a lo que podríamos llamar unanimidad. Acertó Rafa en la interpretación sobre por qué debió la audiencia expulsarle de forma tan rotunda. "Me he mostrado como soy de verdad", dijo anoche el ex tronista. Por eso está fuera, no hay duda. Tras ver como es de verdad no ha gustado a casi nadie.
Las palabras de Guillermo que menciono, al contrario de lo que pueda pensar Rafa, a mí me parecieron de una sensatez importante. También me gustó su alegato tras conocer que era el elegido por la audiencia votante para abandonar esta experiencia. Entre otras cosas esa petición de que todo lo que han pasado en la isla se quede allí, justo lo que no han sido capaces de cumplir los tres ex concursantes que ayer estaban en la mesa del debate: Rafa, Óscar, y Mireia. Muy particularmente esta última, chivata oficial de esta edición.
Por su interés transcribo aquí las palabras de Guillermo:

"Creo que todo el mundo aquí está jugando limpio. Menos en el juego de ayer, que a Perdi se le fue un poco de las manos y fue un poco más agresivo de lo normal. (...) La gente tiene mucha hambre. La gente puede perder la dignidad por un plato de carne. (...) María José es una persona que tiene muy clara su función, es decir, ella va a la final. Me parece que es un terremoto de persona, en el buen sentido. Creo que es una mujer súper luchadora, trabajadora al cien por cien. Tiene un físico envidiable, o sea, aguanta carros y carretas. Cuando gente de veinticinco años se va desfalleciendo ella sigue trabajando más duro que ellos. Y creo que puede llegar a ser una buena finalista. (...) Yo creo que Trapote, si ha superado todas estas semanas de nominaciones, solamente por eso, por la manera de trabajar que tiene y por la cabeza asentada, se merece un puesto en la final."

En lo relativo a Trapote coincide con lo que muchos hemos visto, dentro y fuera de esos cayos nicaragüenses. Lo de Perdi me parece justo y de especial interés que él lo viera así porque es la opinión de un testigo directo y cercano a la acción, uno de los protagonistas de esa agitada prueba de recompensa. Y además, especialmente valorable que una opinión tan abierta e inequívoca en contra de Perdi sea vertida por quien fuera un buen amigo suyo durante los primeros casi dos meses de concurso. En cuanto a María José, pone el contrapunto a muchas de las cosas que estamos sabiendo ahora sobre esta concursante, contadas por el resto de supervivientes.
También he de decir que las opiniones de Guillermo están marcadas por el estilo auto impuesto de casi todos los concursantes que pertenecen al mundo del espectáculo, aquellos que pretenden hacerse un hueco como cantantes, por ejemplo. Ellos se deben a su público y no les interesa la polémica que puede seguir tras el concurso y asociada al mismo. Ahora él lo que quiere es vender, y su público es indistintamente el que apoya a unos y a otros concursantes. Todos compran discos por igual.
Deborah y sus tetillas de cabra
No parece haberles sentado muy bien la nominación a María José y Parri. De modo que estos pueden nominar a Trapote argumentando que se quiere ir y sin que pase nada, pero cuando les nominan a ellos es una alta traición. Quizá piensen que aquí no nos enteramos de algunas de las conversaciones que tienen en los tiempos muertos de las galas. Por ejemplo, aquella en la que el jueves pasado, antes de comenzar a nominar, Trapote dice que está animada para llegar a la final, lo cual le gustaría como al que más.
Debe ser que Parri se consideraba innominable, o algo así. Quitando a Sonia, incorporada mucho después, como es sabido, el gallego de origen ceutí es el único que no había sido nominado nunca. Según hemos sabido ahora, su bajo estado anímico del pasado jueves estaba motivado por haberse enterado de que el grueso de sus compañeros pretendía nominarle, como así fue. ¿Acaso pretendía llegar hasta el final sin una sola nominación? La inmunidad que tuvo en casi la mitad de las nominaciones le ayudó a salvarse en esas ocasiones. Pero alguna vez tendría que llegar la primera.
Igualmente llamativo que María José no haya aprovechado la coyuntura para hacer un auto examen y darse cuenta de que algo de razón deben tener sus compañeras cuando coinciden en haberse sentido mal por haber insistido tanto y tanto en ponerse la ropa de todas, mostrando una especie de obsesión. Lo ha dicho así Malena y creo que es eso exactamente. La bilbaína no se ha resistido a la atracción de los trapos, quedando encallada en el preocupante hábito de pedir todo tipo de prendas, adjudicándose las de los expulsados incluso antes de su salida.
Bien podrían ellas decirle que no se lo prestan porque no les apetece, lo cual evitan hacer y yo lo entiendo. Es algo ya de por sí violento dar una respuesta tajante negativa a alguien con quien te llevas bien (hasta ese momento y mientras no siga pidiéndote una prenda cada día) y mientras uno quiera evitar disgustar a los demás y llevarse bien con ellos, en la medida de lo posible. Pero es que no debemos olvidar que esto es un concurso, y si alguien se enfada contigo es bastante probable que te ganes su nominación. Recordemos que esto consiste en irse salvando de la mejor forma posible hasta poder comprobar en la final si has caído más en gracia que tus compañeros entre los espectadores.
Lo que hasta ahora me había extrañado es el silencio sobre los normales y entendibles reparos a dejarse las braguitas de sus bikinis. Vamos a ver, que aquí cada uno tiene sus escrúpulos y no es censurable pasarse por exceso ni tampoco lo contrario. Mi madre decía que "todas las escrupulosas son guarras", afirmación injusta por generalizar, como pasa con todas las parecidas que se usan de forma más o menos popular. Tampoco sé si es cierto, aunque particularmente he intentado siempre no ser demasiado escrupuloso, salvo en aquello que estimo básico para conservar unas normas elementales de higiene.
El tema no es tanto que les pueda dar más o menos asco prestar la parte inferior de un bikini, sino la falta de escrúpulos a la hora de pedirlo. Es poco delicado, teniendo en cuenta que no se sabe hasta que punto se puede estar poniendo en un compromiso a la otra persona. Otra cosa es ofrecerlo, a lo cual debía haberse esperado María José. No me cabe duda de que si ella expresa de forma más o menos directa su deseo de ponerse el bañador perteneciente a una compañera habrían terminado prestándoselo, pero siempre esperando a que se lo ofreciesen. En este caso nadie podría acusarla de pedir algo que de entrada puede dar algo de reparo dejar.
Y ahí viene la defensa del potorro común. Quiero decir, los potorros individuales de cada quien en el grupo. "Nuestros potorros sufren", dice Trapote como una llamada de atención a la organización. Al final van a terminar pidiendo que se añada una regla al programa impidiendo a los concursantes intercambiarse la ropa interior. Ya sabemos que eso es supervivencia extrema, pero ciertas cosas no deberían hacerse nunca. Ahora se me vienen a la cabeza, por ejemplo, cosas como compartir cuchillas de afeitar. Un poco de seguridad e higiene, por favor. La salud es lo primero.
A Deborah le preocupa su pecho. Debemos tener en cuenta que en una entrevista hecha a esta concursante en una web de fotografías de desnudos (de la que hablamos al principio de la edición) afirmaba que esa era la parte preferida de su cuerpo. Ahora, tras dos meses de penurias y, sobre todo, hambre, las tetas de Debi son tetillas de cabra, según confesión propia. "Yo antes tenía tetas", dice la interesada, de lo cual podemos dar fe. Esto es la repanocha en bicicleta, el acabose, una catástrofe. Desastre total y ruina definitiva. Remate final y desenlace horripilante. Por las tetas de las concursantes. Todos con Debi. ¡A por ellas!
Mireia, Rafa y Oscar