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Cenando con la primera leyenda española

En el post de hoy no os daré la exclusiva del año, ni os informaré de ninguna entrevista realizada a cualquiera de los personajes conocidos… Hoy simplemente quiero compartir con todos vosotros, la que para mí ha sido una noche inolvidable.
La semana pasada antes de disfrutar mis pequeñas vacaciones y después de terminar Sálvame Diario, me fui a realizar unos encargos por “la milla de oro” del Barrio de Salamanca, entre Velázquez y Serrano. Y por cosas del destino, no os podéis ni imaginar dónde terminé cenando comida mexicana… ¡ni más ni menos que en la casa de la mismísima Sara Montiel!
Yo había visto más de mil veces ese portal, siempre lleno de prensa y paparazzis, y con una inagotable Sara comentando cada paso de su agitada vida. Y al pasar por él, aunque recordaba que allí vivía alguien conocido, no lograba identificar quién.
Entonces entré en un restaurante mexicano que justo linda con su portal, y de repente apareció una amiga que ambos tenemos en común y que poco antes había estado realizando unas gestiones para la actriz. El caso es que después de refrigerarnos ante el agotador calor del mes de Julio en la capital, recibió la llamada de Sara, a la que en seguida comentó que estaba conmigo, por lo que decidió al instante recibirnos en su domicilio para cenar todos juntos los platos que estaban a punto de salir de la cocina.
Subimos, y aunque era una casa demasiado recargada en cuanto a recuerdos que seguramente le han acompañado a lo largo de sus más de 70 años como profesional delante de las cámaras, la casa, o mejor dicho, su palacete, situado en una de las zonas más caras de Madrid, era hogareño y desprendía buen rollo, independientemente del lujo del mismo.
Sara Montiel nos recibió vestida a la última moda ibicenca, y con ganas de saborear los tacos y nachos, a los que me confesó que era adicta.
Me mostró parte de la casa: un ático en toda regla, con su terraza de unos 50 metros cuadrados con piscina incluida, y su salón, donde come y mira detenidamente los muchísimos cuadros que le acompañan colgados en sus paredes. Y allí mismo estuvimos charlando sobre sus autores, donde me llegó a mostrar, y pude tocar con mis propias manos, una pintura de Salvador Dalí y otra de Picasso.
Me comentó que se ríe mucho cada tarde al ver Sálvame, y que aunque no tenía el gusto de conocer a Mila Ximénez, era una de las colaboradoras que más le gustaban. Que mandara un beso enorme a Lydia y a Karmele, y que Rosa Benito no le gustaba nada.
También hubo momentos de anécdotas y risas, cuando por ejemplo me comentó que un día andando por las calles de un pueblo y acompañada de una buena amiga, iban hablando distendidamente de que en la mayoría de los accidentes o caídas que tiene la gente se producen hurtos por gente que les gusta apropiarse de lo ajeno en vez de pararse a ayudar.
Y en ese justo momento, tropezó con el vestido largo que llevaba puesto, y se estampó de boca frente a la acera. Fue entonces cuando la amiga recordando el diálogo que habían estado manteniendo, se fue rápidamente hacia una pulsera que se le soltó y que rodaba calle abajo, para que nadie se apropiara de sus joyas, olvidándose así de que Sara seguía estampada en plena calle con todo el cuerpo y la cara pegada en la acera.
Pero lo más anecdótico fue que cuando volvió a ayudar a su amiga con la pulsera ya en su poder, se encontró a dos mujeres mayores que Sara, tiradas al lado de la actriz, hablando con ella tendidas en el suelo y en vez de ayudarla a incorporarse, mientras sólo se limitaban a decir lo guapa que era y lo buena actriz que había sido a lo largo de su trayectoria. Mientras, Sara que estaba inconsciente, recobró el conocimiento y dijo: “Pero me van a levantar de una puñetera vez...”
En fin, fue una velada digna de recordar y que finalizó con un regalo que hoy tanto Sara como yo, queremos compartir con todos vosotros: una foto dedicada a este espacio que le entretiene, pues me aseguró que lee casi todos los post de este Confesionario.
Para terminar, y como pequeño homenaje, haré referencia a estas acertadas palabras de Terence Moix, que definen a la perfección a esta mujer de leyenda:
"Sara Montiel, es nuestra Mae West, representa la inspiración máxima del erotismo tranquilizador, donde la agresividad de la hembra manchega, viene suavizada por sus extravagancias externas: vestuario, fraseología, simpatía, canciones, como por todo lo absolutamente increíble de los temas en que es reina absoluta."
Fotografías: ALBERTO RIVAS   www.albertorivas.com
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