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Ayer NO vi a Soraya

Una vez más, el Pasillero se convierte en Rompetechos y es maltratado por un mundo injusto y hostil donde siempre ganan los malos. Ayer tenía que presenciar una cosa especie de duelo de divas en la que se batían en combate sonoro nuestra Soraya y una turca llamada Hadise. Cuando llegué a la puerta terribles promesas con el exceso de prensa y mi mala suerte habitual hicieron que me quedase de patitas en la calle, seguramente dando un enorme placer a mis detractores.
La parte mala es que no vi a Soraya, que me parece la operaciontriunfita más digna que ha salido de esa academia y una de las pocas estrellas de pop españolas que no da vergüenza mirar u oír. No se toma demasiado en serio a sí misma (o tal lo hace hasta tal punto que parece que no lo hace en absoluto), sacó dos discos de versiones ochenteras que eran de lo más divertidos, canta bien, baila y da espectáculo, tiene bastante morro y de su boca siempre salen titulares interesantísimos. Vamos, todo lo que Marta Sánchez cree que hace bien lo hace en realidad esta ex azafata de vuelo que quedó segunda en su edición por culpa de aquel reponedor de supermercado canario cuyo nombre no recuerdo y que se alzó como ganador.
La parte buena es que no tuve que soportar la canción que lleva a Eurovisión, con esa producción turbofolk que haría las delicias de la listas de éxitos de Grecia del año 91. Que ojo, yo no sé nada de Eurovisión y resulta que a lo mejor ahí está la clave de su éxito.
El evento se celebraba aquí:
Este sitio es una discoteca muy céntrica de Madrid donde la mayoría de las veces se dan cita gente que admira mucho a Cher, Kylie, Mónica Naranjo y cantantes así. Los domingos tiene una sesión a la que va gente que por algún extraño motivo sale los domingos o cree que sigue siendo sábado (o que sigue siendo viernes).
A mí sin embargo me tenía mucho más sulibeyado esto otro, que está enfrente:
Y creo firmemente que el poder de convocatoria hubiese sido aún mayor si en vez de entre copas y bolas de espejo el duelo de divas se hubiese celebrado aquí, con chuletones de buey a la parrilla de carbón vegetal y chorizos criollos con chimichurri y toda la parafernalia. De hecho, tras cantar cada una su tema. Soraya y Hadise hubiesen podido batirse en otro duelo mucho más interesante: comprobar quién es capaz de acabarse antes un asado de tira de kilo y medio.
Tras insistir en la puerta hasta el límite que mi dignidad me permite (que es cada vez más amplio y me preocupa) y considerar que sería una buena idea pasar por el super antes de irme a casa y comprar un entrecot, atraído por el olor del sitio este, esperé allí fuera tomándome una coca cola en un sitio cercano con ventanal sentado en un poyete sin perder detalle de lo que ocurría en la puerta.
Pues ya que no había podido entrar, vería a la gente salir. Todo para mantener contentos e informados a mis cuatro queridos lectores. Los fans de Soraya y de las divas en general son un fenómeno interesante. Homosexuales y delgaditos u homosexuales y muy gordos. Siempre me ha parecido fascinante que no haya un término medio. Llevan muchísima gomina y las camisetas suelen tener algún mensaje escrito o básicos motivos pop. Los fans de este tipo de divas son fantásticos porque las defienden con uñas y dientes y son capaces de llenar páginas y páginas en comentarios de blogs (bien sabe Dios que no será el mío, ¡¡ojalá!!) o fotologs si alguien se atreve a sugerir que su ídolo ha hecho algo mal. Como dije ya en su día, hablando creo que de los fans de los triunfitos, me parece uno de los amores más bellos y puros el que se profesa de forma incondicional a alguien que no conoces y del que tal vez te olvides de aquí a seis meses.
En este grupo no entra Massiel, que salió de las primeras y se fue escopeteada y agarrada a un caballero. Tampoco entra Betty Missiego, cuya pose de ojos muy abiertos y cabeza levantada me encanta y jamás abandona. ¿Qué edad tiene Betty Missiego? Podría mirarlo en el google pero me da miedo, a decir verdad.
Y después apareció Innocence. ¡Y parecía que lo de Betty Missiego no se podía superar! Innocence, pequeñita como una cáscara de cacahuete, salió sorprendentemente vestida con unos vaqueros y una cazadora. Ver a Innocence sin su disfraz de princesa Rapunzel impacta. Me encanta Innocence porque no hay nadie como ella en España. No sé si vende discos o no, pero se monta unos shows carísimos porque debe de ser rica y se ha fabricado una imagen de lo más marcada. Y eso en este país en el que tenemos que vomitar en los quioscos al verle las tetas a Bebe en la portada de la Revista 40 en los quioscos es algo maravilloso y poco común. Si Melendi habla de porros, Innocence habla de duendes y hadas. Odio que los "famosos", o al menos los cantantes que venden en mayor o menor medida y tienen posibles para llevar un tren de vida bastante digno se vanaglorien de fumar porros, porque ya que vas a hacer apología de las drogas al menos ten dignidad y haz apologia de una droga cara, digo yo.
En una de las mejores entrevistas que se han concedido nunca, Barbara Walters preguntó a Whitney Houston si consumía crack. Era el 2003 y la pinta escuchimizada de la cantante y sus pintas de zarrapastrosa de extrarradio dejaban claro que una vida lo que se dice sana no llevaba la muchacha. Pues Whitney le respondió con una lucidez aplastante:
-Déjame decirte una cosa: el crack es barato. No he trabajado toda mi vida para acabar fumando crack.
¡Bravo! Pues a ver si nos aplicamos aquí en España y en vez de enseñar las tetas en Los 40 o dedicar canciones a los porros y a Fernando Alonso, emulamos a Innocence y sacamos hadas y duendes y bailarines y bailarinas guapos y semidesnudos en nuestros discos y hablamos de ellos en nuestras entrevistas.
¿Qué nos ha contado hoy el pobre Pasillero? Pues más bien se resume a nada, ya lo sé. Pero qué halo tan bonito le ha quedado al neón en la foto de la parrilla argentina, ¿no?