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Cosas que están para adornar

Hace un par de semanas Julio Iglesias Jr. actuó en El Programa de AR. Con un amigo melenudo y un par de guitarritas cantó una versión de Time after time, de Cyndi Lauper, que ha titulado Por la mitad, posiblemente porque, al menos en la versión que se marcó en directo, la canción dura la mitad que la original. Este comeback al mundo musical ha ido acompañado con una masiva campaña promocional de quesos curados en la que el cantante habla por teléfono con su madre mientras una titi le guiña un ojo. No hace falta que diga que es uno de mis anuncios favoritos.
El Programa de AR está poniendo su pequeña miguita para la causa musical. Ya apenas se ve música en directo en ningún plató –menos en el de Operación Triunfo y tal, pero eso no cuenta– y tiene que ser allí donde un hijo de Isabel Preysler no sólo cante, sino que lo haga a capella. Y aún así, en vez de provocar que cuando alguien se lanza a cantar todo el mundo mire fascinado como quien acude a un parto, parece haber provocado que si suena la música la gente considere que es hora del bocata y el artista en cuestión se la refanfinfle. Dijo una de las regidoras:
-Si es que ya no se lleva lo de cantar, ¡nadie hace caso!
-¿Pero quién va a cantar? –preguntó uno de sonido mientras ultimaba sus cablecitos.
Al lado del plató de Ana Rosa, justo al atravesar un pasillo, hay un altillo en el que descansan apiladas cientos de sillas. Así a bote pronto creí reconocer alguna de Salsa Rosa y todo, pero no me hagáis caso. Todo en la tele es decorado, y con esto quiero decir que una vez aquí dentro me doy cuenta de que eso es lo que más emociona al que viene de fuera, más que las celebridades que caminan por encima de él. Los trozos de platós se siguen multiplicando por los pasillos, cada semana aparece otro.
En Telecinco hay más conglomerado que público.
En los platós están las historias. Los presentadores y actores pueden cambiar de peinado, cara y discurso (y nariz, pechos, intercostillares, mentón y pómulos) de un día para otro. Uno puede encontrarse a Emilio Aragón y exclamar “¡Nacho Martín!”. Pero se encuentra la cocina de Médico de familia y grita “¡¡¡DIOS MÍO!!!”. Por algo será que las excursiones de Universal Studios te llevan a visitar la casa de Psicosis, no a Anthony Perkins (que lleva quince años muerto, pero eso no tiene nada que ver).
Y hablando de platós famosos y gente desaparecida: mientras me tomaba una pulguita de chorizo y queso en el bar volví a ver a Jani. Si la volví a ver, como todos lector avezado supondrá, es porque ya la había visto antes. Está en todos los platós. Jani, así escrito, como Honey, pero Jani, fue una concursante de Gran Hermano 6 (¿nos acordamos? Ex novia de Salva el metrosexual, amiga de Natasha la stripper y objeto de deseo de Nicky, que no hace falta recordar quién era). Jani no iba de color naranja maquillada, por lo tanto no estaba presentando nada ni era invitada. ¿Se ha hecho maquilladora? ¿Regidora, sonidista, cámara, script girl? Enterarme de este misterio será una tarea para lo sucesivo. Que los ex concursantes de Gran Hermano acaben cumpliendo el sueño de su vida, trabajar en la tele, pero detrás de las cámaras, es una idea retorcida que nunca se me había ocurrido y me pareció la bomba.