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Hoy, Nuestra Señora de la Limpieza

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Pues no, amiguitos, esa cosa extraña que han plantado en medio del plató del desaparecido El Ventilador no es el plató de La caja roja. En primer lugar no es una caja, es más bien un cubículo rectangular. En segundo lugar no es roja, es negra. Hoy la puerta estaba abierta otra vez y pude averiguar algo más: en su interior hay un cartel que dice:
PELUQUERÍA
Pero nadie se estaba cortando el pelo. Ni siquiera había un espejo. También noté que la mesa larga que hay en su interior estaba llena de refrescos y bocadillos a medio comer. Me gustaría pensar que ese pequeño cubículo es un universo paralelo en el que unas cuantas personas, hartas del materialismo y la crueldad del mundo actual, se han metido a vivir ahí para redescubrir las cosas sencillas y redescubrirse a sí mismos. Eso sí, si ese es el destino del cubículo, lo de alejarse del mundo se lo han pasado por el forro, porque nunca están.
Esta mañana mi chófer Totó se puso enfermo y no pudo vernir a buscarme a mi casa, así que me tocó venir en autobús. Menuda aventura, el transporte público. Qué gente tan rara va en él, qué ruido hace y cómo tiembla. Y ni te dejan escoger la música. Total, a lo que iba. Que en el autobús me encontré a la señora de la limpieza de telecinco.es (ver foto dibujo).
Esta es una de mis señoras favoritas en el mundo.
En la redacción siempre está cantando sonriente e impresionándose ante las noticias de Está Pasando.
-Menudo traidor -dice ante el caso de algún maltrato.
-Ay, madrecita, qué clima -dice ante el caso de dos ancianos arrollados por una ola gigante en el paseo marítimo de A Coruña.
-Estos malditos del poder -dice ante el caso de la corrupción en Coslada.
-Qué lindo can, ¿ah? -dice ante la exclusiva del parto de un perro salchicha en una granja salmantina.
Y también me gusta porque es partidaria de tirarlo todo y yo admiro esa cualidad en las personas, pues nunca tiro nada y soy consciente de que moriré en una mansión llena de periódicos viejos y comida podrida. Dice cosas tal que:
-Tráeme esa botella que la tiro.
-Esos papeles, sean lo que sean, mejor se tiran.
-¿Qué tendrá esta caja? Mejor la tiro.
-Ese ordenador se apaga y mejor se tira.
-¿De quién es este niño? Lo tiro.
Pues hoy en el autobús, como la señora de mundo que es, se hizo con el control de la situación cuando una joven despistada preguntó, aún con el autobús parado, que cómo podía llegar a las Islas Bermudas (no a las Bermudas de verdad, sino a una calle del extrarradio que se debe de llamar así, vamos, digo yo, aunque a saber dónde te lleva el transporte público). El conductor le dijo a la muchacha que tal destino no lo encontraría en ese autobús y la chica se bajó apenada, tras lo cual el autobús arrancó.
Entonces la señora de la limpieza se levantó y dio un giro de 180º a la situación.
-¡¡No!! -chilló al conductor mientras se levantaba-. ¡Este autobús si le puede dejar en las Islas Bermudas! ¡Abra la puerta!
El conductor obedeció asustado.
-¡¡¡¡MUCHACHA, VUELVE AQUÍ!!!! -le chilló a la interesada, al tiempo que los cristales de los escaparates circundantes estallaban a causa de los ultrasonidos.
La chica, obediente, volvió y dedicó a todo el autobús una sonrisa con brackets. Yo creo que estaba atemorizada, pero es mi opinión. El autobús arrancó mientras buscaba su eurito en la mochila.
-Y AHORA -indicó Nuestra Señora de la Limpieza mientras se sentaba de nuevo- TE BAJAS FRENTE A LA COMISARÍA Y SUBES, SUBES, SUBES UN CUESTA BIEN EMPINADA Y YA ESTÁS.
El conductor frenó en ese momento en medio de la Castellana.
-¡Que yo ahí no paro, señora!
-QUE SÍ.
-Que no.
-QUE SÍ.
-Que no.
-Pero bueno, ¿sabe usted más que yo ahora o qué? -abrió la puerta del autobús-. Mejor baja, chica.
-Pero si bajo ahora -respondió la muchacha de los brackets consciente de que estaba a punto de dar un dato de aplastante obviedad-, me atropellan.
-PUES TE BAJAS POR LA PUERTA DE ATRÁS -decidió Nuestra Señora de la Limpieza, que se saltó la parte en la que acepta que se había equivocado para pasar a dar soluciones alternativas.
La chiquita se bajó y justo antes de se cerrase la puerta, la señora soltó el último berrido que tenía guardado en la recámara:
-¡¡¡COGE EL 166, MUCHACHA!!!
Si algún día hay una crisis nuclear y las calles se llenan de zombies, me gustaría tenerla a mi lado para que proponga soluciones por mí.