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Hoy me colé en Sálvame

Las mujeres de la redacción estaban indignadas hoy porque ha estado aquí Begoña Alonso y ha levantado una expectación tremenda entre los hombres de la redacción (me parece que ahora mismo no tenemos ninguna lesbiana y lo considero una pena y una discriminación terrible), que ante el vestido que llevaba la modelo y ex novia de David Bustamante han hecho una porra cuestionándose si llevaría bragas o no.
La muchacha, muy simpática y dispuesta a contribuir a la economía del país, descubrió que una de las redactoras se había traído unos vestidos de su madre que quería vender y se llevó cinco, nada menos. ¿Veremos a Begoña Alonso por la alfombra de Cannes luciendo alguno de estos modelos? Pues seguramente, seguramente, seguramente. Yo tengo hoy mucho sueño porque ayer me quedé hasta el final de la gala 0 de Operación Triunfo y, la verdad, ni siquiera estoy seguro de que realmente haya terminado aún. Propongo que la próxima edición de Operación Triunfo duré cuatro meses sin interrupción alguna. Una gala de 120 días. ¿No les gusta tanto estirar las cosas? Pues así, 120 días, que revienten.
Hoy en todo caso no vengo a hablar otra vez Operación Triunfo, sino de un programa en el que hablan de él: Sálvame. Me dije el otro día cuando lo vi desde casa: "ah, pues en este programa deben de suceder fantásticas cosas entre bambalinas, con esa cohorte de colaboradores que tiene". Así que allí me fui hoy. Yo no soy un experto analista televisivo y odio hacerme el listillo, como muchos otros blogs sobre televisión que se creen que han descubierto el oro y conocen las claves secretas para atraer la audiencia, diciendo que tal programa no está bien puesto o que aquel de allí necesita otro horario. En todo caso lo que sí sabía, o al menos me imaginaba, era que lo que necesitan las tardes de Telecinco para remontar era un saloncito como los de toda la vida, porque es lo que más se parece a las sobremesas en familia españolas: un montón de gente que conocemos insultándose entre sí. Y visto lo visto en las audiencias, Sálvame ha cumplido su cometido. Pese a que ha empezado tímidamente comentando los realities de la cadena, espero que en breve haga volver a nuestra vida aquellas sobremesas de sobresalto ocupadas por transexuales, prostitutas, ex amantes de jinetes, negras embarazadas de cantantes célebres en los setenta y hombres acusando a Franco de atropellar a alguien en los años 30.
Se intentó llenar el hueco de Aquí hay tomate con televisión de culto (Las gafas de Angelino), con concursos de chichinabo (Guerra de sesos) y programas de contenido cultural (¿XQ no te callas?) y nada de eso funcionó. Así que este saloncito me parece muy bien. ¡Viva!
En el plató de Sálvame se respira conflicto porque Kiko y Karmele están a la gresca, sentados en la misma mesa pero a unos cuatro metros el uno del otro y los dos con cara de pocos amigos y pinta de ir a molerse a palos en cualquier momento (lo cual tendría su gracia). Están sentados en las mismas sillas que estaban antes en el plató de Está Pasando, porque mirad, hay crisis y no está la cadena como para dejarse otra vez los cuartos en Kartell. Pero iba a que Karmele, sin embargo, me parece una señora muy elegante porque lleva ese pelo tan gracioso, está flaca, tiene un cuello muy largo y esbelto y siempre va vestida de Marni de arriba a abajo, que viene siendo ropita italiana que cuesta lo mismo que el presupuesto anual del rey Mohamed VI. Otra cosa es que luego eche pestes de sus compañeros, claro, eso ya no es tan bonito. Pero si está flaca y va bien vestida tan mala no puede ser.
Sálvame es un programa muy divertido pero... ¡ponen el resumen entero de Supervivientes! Y yo con Supervivientes tengo un terrible problema: me parece un coñazo. Y eso que sus resúmenes me parecen interesantísimos desde el punto de vista televisivo, porque incluyen largos planos de gente tirada frente al mar, sin diálogos durante minutos, tan sólo sonorizado con el arrullo de las olas... y eso a las cuatro de la tarde, horario de la siesta y en el que se supone que tododebepasarmuyrápidoparaquenadieseduermaoloqueespeorcambiedecanal, es algo bastante llamativo. Y también me parece interesante porque todas las famosas (?¿) que van sufren una transformación de lo más interesante que casi las convierte en Thelma & Louise: se quedan delgadas, sucias, morenísimas y con las raíces del pelo negras. Vaya, que vuelven el doble de guapas de lo que se fueron.
Aún así, me parece un coñazo de programa, no lo puedo evitar. En un momento dado, cuando iba poco tiempo de programa, el regidor anunció que nos íbamos a publicidad:
-¡Catorce minutos! -indicó.
-Jooooooooooooooder -coreó el público, que ni se podía levantar.
Jimmy Jiménez Arnau salió fuera y, mostrando profesionalidad y buen hacer, ni siquiera durante la pausa dejó de hablar del programa  y de Juanito el Golosina. A Jorge Javier Vázquez se lo llevaron para hacerle una fotografía con un flotador de patito (?¿, otra vez) y a su regreso me dijo:
-Oye, tú, me encantó aquello que escribiste cuando venías de tomar gin tonics y no atinabas con las letras del teclado.
-Ah, pero eso es siempre -aclaré.
Y después, antes de que volviese a su sitio, cuando quedaba poco para empezar, ocurrió algo que cambiaría mi concepción de muchas cosas: Jorge Javier pidió cincuenta céntimos para un café.
Esto no me sorprende porque no los tenga o porque los pida. Me sorprende porque precisamente me quejaba yo el otro día de gastarme miles de euros en la máquina de café de la redacción y exigía que la cadena nos pusiese café gratis. Pero claro, hoy veo que ni sus presentadores estrella tienen y lo comprendí todo. El otro día un amigo me contaba que en su empresa habían tenido que decidir entre una cafetera Lavazza y una Nespresso y yo me mostraba chinchado y envidioso por su bendita suerte (eso sí, después lo despidieron al pobre y ni Nespresso ni Lavazza ni niño muerto). Pero claro, si ni los famosos tienen aquí café gratis, me callaré a partir de ahora.
Eso sí, si yo fuese Jorge Javier Vázquez acudiría ante los tipos encorbatados de administración y les diría:
-He salvado la franja de sobremesa, ¿verdad? PUES QUIERO UNA NESPRESSO O UNA LAVAZZA EN EL PLATÓ.
Y después añadiría:
-Y le ponéis otra a Pasillero, que esta idea la he sacado de su blog.
¡Feliz puente!