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Hoy he vuelto a escribir el Quijote. El Gran Quijote, vaya.

Jugándome mi integridad física y mi posible despido, esta noche me atrevo a mostraros lo que nadie se ha atrevido a mostrar al mundo anteriormente: lo que verdaderamente se oculta detrás de Gran Hermano.
Sólo lo podréis ver haciendo un cli clí aquí.
Por delante, Gran Hermano es más o menos así cuando hay publicidad y el plató se revoluciona:
(No es que no tenga ni idea de enfocar o encuadrar, es que como ya sabéis no se pueden hacer fotografías en las instalaciones de Telecinco y tengo que hacerlo destrangis para evitar que los de seguridad me arrastren por los suelos hasta la salida y no me dejen volver. ¡Ah, lo que me gusta a mí justificarme!).
Me hacía a mí una ilusión tremenda venirme aquí simplemente porque Gran Hermano es el mejor programa del mundo (durante Operación Triunfo dije que ese era el mejor del mundo, y luego de El juego de tu vida, pero yo cambio de acuerdo a nuestra parrilla). Y con esto quiero decir que es el mejor porque, cuando aún era yo del tamaño de una uvita pasa, ya vibraba con las aventuras de esos jóvenes metidos en una casa hortera y llena de cámaras. Uno de mis juegos favoritos, cuando me reúno con mis amigos pensadores a tomar unas copas de buen vino del 92 es enumerar a todos los participantes de Gran Hermano de todas las ediciones en su orden de expulsión. A veces también enumeramos sus profesiones y a la gente con la que protagonizaron tocamientos dentro de la casa. Son casi 100 nombres hasta ahora, lo cual da una idea de la asombrosa capacidad de nuestros cerebros cuando se trata de almacenar datos ya imprescindibles para la cultura y la sociedad españolas. Todavía guardo con amor en un cajón el autógrafo firmado por Ania que me trajo un alma caritativa de una feria de moda donde la muchacha ejercía de modelo. Una vez hice las delicias de los transeúntes de la calle Fuencarral empotrándome contra un contenedor por seguir con la mirada a Laura, participante en la quinta edición, que iba por allí luciendo un bronceado que estaba a dos bonos de solarium de ser un cocido.
Me di cuenta de que me hacía mayor cuando los concursantes de Gran Hermano empezaron a tener mi edad o incluso bastante menos.
Y cuando tenía el soporte adecuado en mi casa para ver Gran Hermano las 24 horas, puesto que decidimos dejar de cenar algunas noches para ahorrar y poder pagar el importe mensual de la plataforma, dejaba a veces puesta de fondo la imagen de los participantes durmiendo con las luces infrarrojas y me sentía extrañamente acompañado con su respiración profunda y ocasionales ronquidos.
Vamos, que ir a la primera gala de Gran Hermano 10 (¡es otra historia!) me dejó muy feliz y contento. Y empiezo con lo mío, sin poder prometer que no voy a volver a divagar y ponerme a decir cosas super profundas que no vienen a cuento.
Me di cuenta de que Gran Hermano es un programa muy importante cuando llegué a la puerta, muy contento y pensando en arramplar con todos los botellines de agua Montepinos que viese y robar los sandwiches de atún reservados para el público. Entonces un hombre vestido de seguridad me dijo: "¿tu nombre?" a la vez que sacaba una lista. Miré hacia mi derecha y a mi izquierda, comprobé que allí estaban el comedor el edificio bonito de los jefes y se veía un logo de la cadena a lo lejos. Me paso los domingos ofuscado como una tortuga de 200 años y era posible que me hubiera ido sin querer a la puerta de Pachá. Pero no, ¡¡me estaban pidiendo mi nombre en el mismo plató en el que se graba Mujeres y Hombres y Viceversa!!
-Pues yo soy Pasillero López Barrio.
-Pues aquí no me sales.
Esto ya me pasó la primera vez que vine a Telecinco, así que no me desmoralicé. Unos minutos después, gracias a mis ya enormes influencias en la cadena, estaba dentro. Por allí andaba Mayte, la estilista de Mercedes que tiene un blog muy bonito, estaban algunos participantes del primer Gran Hermano y estaba una del sexto. Sí: Jani, organizando la entrada y salida de los invitados. Si Mercedes no la menciona en algún momento de esta edición cuando se refiera a antiguos participantes no me parecerá justo. ¡Para una que consigue trabajo en televisión!
No hace falta que diga que ver a Ania, Mónica (¡yo la amaba sobre todas las cosas!), Iñigo, Jorge, Silvia e Israel fue muy hermoso porque son auténticas estrellas televisivas. Y esto no es porque lo diga yo y me tire el rollo macabeo, sino por algo más objetivo y obvio: en su día, 10 millones de personas seguían su vida y lo sabían todo sobre ellos. Ni Zapatero o Ana Obregón tienen tanto poder de convocatoria.
Mercedes Milá entro en el plató por la puerta grande (literalmente, porque es enorme) entre una humareda blanca así como de videoclip de Olivia Newton John. El público se deshizo en aplausos que crearon un ruido ensordecedor y en halagos a grito pelado. Así sin gafas uno se plantearía si había entrado Mercedes Milá o la Virgen de Almatosa. Cuando pasan estas cosas, aunque no me estuvieran aplaudiendo a mí (o puede que sí, pero lo veo poco probable), cuando el entusiasmo y adoración generalizada se mezclan con pantallas gigantes y luces de colores, me sale una sonrisita tonta, tal vez por algún sindromecito de Stendhal o algo. Y eso que yo nunca sonrío. A mi lado, siguiendo el programa por uno de los monitores que había por ahí, estuvieron en todo momento algunos responsables de Zeppelin que ya estaban al tanto de quienes eran todos los concursantes y de lo que iba a pasar. Y decían "ah, mira, este es Javi", y sí, resulta que se llamaba Javi, o "ahora llega la china Li", y sí, era la china Li.
¿Qué extraña situación provocó este hecho? Que yo me estaba enterando de todo unos cinco segundos antes que el resto de España. ¡JA! ¡JA! ¡JA! Que diría Mercedes.
Lo que opino sobre los concursantes lo dejaré para otro día porque entonces esta entrada se alargará hasta lo infinuito. Que no, ya, no es en realidad el objetivo y cometido de este blog y ya hay dos o tres en telecinco.es dedicados a ello. Pero es mi blog y digo aquí lo que me da la gana, eso es algo que también hay que comprender : (
Durante la publicidad, cada uno  estaba a lo suyo:
-Los participantes del primer Gran Hermano fumaban como carreteros mientras comentaban sobre los concursantes de esta edición. Estaban especialmente fascinados con Mirenchu, como todo español de bien. La prisa con la que se fumaban los cigarros me hizo recordar el invento que volvía millonaria a Janeane Garofalo en el clásico de la comedia Romy y Michele: unos cigarrilos con un papel extrafino que permitían fumárselos enteros en lo poquito que duraban los cambios de clase del instituto.  
-Los de seguridad comentaban sobre la paliza 6-2 que un equipo de fútbol le había metido a otro.
-Los de Zeppelin hablaban de otros realities que están preparando y sobre cómo va la audiencia de algunos que tienen ahora mismo, como uno que debe de ser muy bonito de familias que cantan en Castilla la Mancha (no sé si era Castilla la Mancha o la otra) o un tal "El muro infernal" que se emite en La Sexta, que debe de ser un canal nuevo del que nunca he oido hablar.
-Mercedes Milá, dentro del plató, se sacaba sus bonitos zapatos de Prada (no es que yo identifique zapatos a primera vista, es que me lo dijeron) y se paseaba descalza por el escenario. Igualito que Sinead O'connor, que cantaba descalza.
Durante uno de sus paseos Mercedes me saludó con un bonito "¡Hombre, pasillerito mío!". Decidí que es mucho más bonito que "pasi". "Pasi" suena a marca de macarrones o a nick de un chat de esos de hacer amiguitos. A partir de ahora yo seré pasillerito mío, ¿sí?
Me cuentan que en los camerinos los invitados del primer Gran Hermano le gastaron una broma al pobre Iñigo haciéndole creer que lo que cobraba él por su visita al programa era muchísimo menos que lo que había cobrado el resto, hasta llegar al punto de cabrearlo. Es hermoso saber que hay cosas que nunca cambian.
Hay otras que tampoco cambiarán nunca: en su vídeo de presentación, la concursante canaria Gisela confesaba que su sueño es ser presentadora de televisión.
Sí, hija, sí.
Y más cosas que, aparentemente, no cambian nunca: ya casi cuando estaba acabando el programa, Mercedes comentó al público justo tras dar paso a un vídeo:
-¡Qué pedazo de casting!
Y tenía más razón que un santo. Pero comentó una voz anónima entre el corro que observaba el vídeo a través de los monitores:
-¡Esta dice lo mismo de todas las ediciones!
Bueno, coleguis, son las tres y pico de la mañana. Me voy de after.