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Mercedes Milá ya no tiene celos de mi trabajo y lo demuestra viniendo a visitarme*

¡Qué Semana Santa tan divertida! ¡Qué lleno estaba el retiro vacacional de Pasilleros! Esta vez nos enseñaron cosas apasionantes, como aceptar los comentarios destructivos sin llorar, aplaudir con ritmo y saber parar a tiempo y a hacer fotos un poquito menos desenfocadas y más bonitas, aunque yo expliqué que mi cámara, que data del siglo XVI y tiene un zoom digital horrendo, no está dispuesta ni a enfocar ni a embellecer sus imágenes.
Y hoy cuando llegué a la redacción de telecinco.es me encontré con que, o bien me había retrasado más de lo costumbre y había llegado de noche, o había un elipse de sol o habían apagado todas las luces debido a algún extraño y diabólico juego. En todo caso, algo raro pasaba. El paisaje era este (y queda demostrado que cuando dieron el cursillo de fotografía yo estaba fumando fuera):
1. Tener esa luz delante de la pantalla toda la tarde es, según los especialistas, buenísimo para la vista. Algunas religiones consideradas sectas por las autoridades afirman que si me quedo mirando fijamente hacia la luz puedo ver a la virgen, y no se refieren a la chica tímida y obesa que se sienta al fondo en la redacción y no habla con nadie.
2. La higiene es una de las preferencias de los trabajadores de telecinco.es. Siempre huele bien.
3. A este teléfono de la mesa en la que me hallo siempre llamaba gente para pedir vez. Al parecer, debido a una errata, en algún folleto de información se había puesto este número en la publicidad de no sé qué centro de salud. La coordinadora que se sentaba aquí estaba tan harta de responder al teléfono que primero empezó confirmando citas y horas para que la dejasen en paz, que era más fácil que explicar el error de impresión, y después fingió un embarazo para que le dieran la baja y librarse de este infierno. Todo el mundo la ha creído y hasta ha enviado a la redacción fotos con un bebé, pero yo sé que es una impostora.
En realidad todo se debía a que hoy Telecinco recibía la visita de una de las personas más famosas, queridas y odiadas de España: Mercedes Milá. En Facebook hay hasta unos 20 grupos anti Mercedes Milá, uno de ellos llamado Yo también odio a Mercedes Milá y con más de 5000 miembros. En realidad eso demuestra el éxito, igual que ver tu disco pirata en la manta demuestra que gustas al público, y por eso no entiendo que Ángeles González Sinde se queje de la piratería, porque en el eMule la gran mayoría de películas españolas ni siquiera existen. La gente no quiere ver La torre de Suso, Al final del caminoGente de mala calidad ni gratuitamente. ¿Qué le preocupa exactamente?
¡Ojalá hiciesen algún grupo llamado "No puedo con el pasillero" o "Por favor Pasillero muérete"! :(
Pero bueno, que decía que Mercedes Milá, aparte de filias y fobias aparte, vino aquí a grabar entradillas para su programa Diario de, que por lo que pude oír hablando el oído habla de fiestas que los homosexuales organizan para mantener relaciones sexuales sin condón. ¡Viva! No nos lo perderemos, claro. Mercedes, sin faltar a su tradición, se enfadó un poco y todo, y cambió alguna frase del guión porque al parecer no era muy de su gusto. Ella sí sabe cómo entretenernos, incluso cuando no se está grabando.
Aquí adjunto una linda fotografía, ¡al fondo podemos ver sentada a Mercedes Milá! Ergo: no estoy mintiendo.  
"Dios mío, Pasillero, como fotógrafo de investigación no tienes rival". Pues no lo tengo, no :)
Si fuera menos tímido me lanzaría a sus pies por la entrevista que dio ayer en El Páís Semanal en la que demostró que, aunque alguna gente desee atizarle con un periódico, sigue teniendo esa virtud tan poco vista en la tele y en los medios en general de decir lo que le sale de los mismísimos y demostrar un morro que se lo pisa. Dijo a la periodista del país:
Los periodistas escritos os creéis que sois mucho mejores que nosotros, como de una clase social superior, y nosotros, los que trabajamos en los medios audiovisuales, somos unos pobrecitos.
"¿Qué dice?", le responde la periodista. "Cobramos infinitamente menos". Y Milá continúa: 
Bueno, eso habría que verlo, y quizá por eso estáis siempre enfadados con nosotros y nos echáis todas las culpas, pero no es nuestra responsabilidad.
Y también dijo:
Los periódicos han empezado a meter dinero en empresas de televisión, y en ese instante se ha visto que cambiaba la postura de los periódicos hacia la tele. Es muy divertido observarlo. Ver cómo tu periódico, que ha despreciado los realities toda la vida, cuando ha tenido realities en Cuatro ha empezado a valorarlos. Eso se llama ignorancia.
¿Qué es eso que se escucha de fondo? ¡Ah, sí, son los comentarios de los pesados que dicen que estoy hablando bien de ella porque trabaja en Telecinco y yo soy un titiritero que dice lo que le mandan los jefes! Bueeeno, pues para que no me acusen de eso, he aquí unas personas a las que admirio por lo mismo, por decir lo que les sale de los huevos. Algunas están vivas, otras muertas, otras están en un extraño limbo entre ambos mundos y algunas incluso trabajan en, DIOS MÍO, ¡OTRAS CADENAS DE TELEVISIÓN QUE NO SON TELECINCO!
Como veréis, la mayoría son, como decirlo, mayores. Yo creo que la sabiduría está en los mayores y hay que escucharlos más. Eso sí, también creo que los mayores tienen que dejar pasar a los jóvenes en el metro y las escaleras. Porque cuando uno lleva prisa en el metro o entra en el portal muriéndose de ganas de ir al baño y topa con un vecino de 180 años pues mire, lamento mucho que usted camine despacio, pero si me deja pasar acabamos antes tanto usted como yo. Y bueno, no será necesario aclarar que no estoy de acuerdo con todo lo que dice la gente de aquí arriba, pero eso no quiere decir que no deje de admirarme ante el hecho de tengan los testículos tan cuadrados de coger un micrófono y decirlo, sin importarles un pito que lo que digan sea xenófobo, homófobo, sexista o sencillamente de juzgado de guardia. Es tan aburrido poner la tele y que todo el mundo diga lo mismo que merece enormemente la pena que se caiga en la falta de respeto sólo para que el discurso varíe. Es como cuando alguien resbala en la calle y se cae de culo. Es terrible para su salud, ¡pero tan gracioso para los que no nos hemos caído!