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Sonia Monroy y gente en tanga. Y no, no hay causalidad.

Ahhh, los viernes por la tarde debería estar prohibido hacer cualquier cosa que no sea o estar en una terraza, o estar echando la siesta o estar observando cachorros de gatito en el escaparate de una tienda de animales. Sin embargo tras el espectáculo genuinamente televisivo y clásico que ayer se vivió en Sálvame hoy me veía obligado a presentarme en el plató rezando para que el drama se multiplicase por cuatro.
Sin embargo hube de maldecir mi estampa una vez más: resulta que hoy nadie abandonó el plató ni intentó llorar ni nada.
Ayer en Telecinco ocurrió una cosa muy divertida cuando Sonia Monroy  -que por cierto, me encanta su apellido, como un Monroe pasado por una máquina de chonismo- desapareció terriblemente indignada y con el corazón roto del plató de Sálvame. Por los pasillos unas cuantas redactoras y azafatas se miraban nerviosas preguntándose dónde se habría podido meter. "En su camerino no está", decía una. "Pues hacia la cafetería no va a ir, que no hay salida". Me recordó mucho a esa película en la que unos cuantos supervivientes se refugian en un centro comercial tras una invasión de zombies, porque además a esas horas por la tarde los pasillos están bastante muertitos. Así sin comerlo ni beberlo, una es Sex Bomb había puesto nerviosa a la cadena y todo.
Claro, le habían pagado 300 euros. Por 300 euros tendría suficiente para cogerse un taxi hasta Cibeles -aunque para poquito más, ojo- así que mientras la buscaban podía haberse largado ya. Me encanta este destripamiento de la tele que supone Sálvame, o sea, digo destripamiento refiriéndome a sanote y divertido ejercicio metatelevisivo. Ayer llaman a María José Camapanario en directo a ver si suena la flauta y coge, después Sonia se escapa del plató y la cabeza caliente sigue su camino enseñando a los técnicos, las paredes negras del estudio y si nos despistamos casi hasta el plató de Pasapalabra y a mí robando botellines de agua en una esquina. Después, cuando un periodista consigue localizarla y perseguirla durante su camino hacia la salida de Telecinco se les olvida de dar a algún botoncito de la cámara que hace que la imagen se vea quemaaaada, quemaaaada. Y hoy, para el remate, desde el propio programa admiten que la reputada cantante y bailarina ha cobrado esa miseria de 300 euros.
Los críticos televisivos, que son unos pesados, dicen que Sálvame es televisión como de ayer. Pero en realidad Sálvame es la televisión del mañana.
Por cierto, hoy en cuanto entré en la redacción me di de bruces con un hombre musculoso en tanga que se restregaba sobre las tetas de Tamara, de Mujeres y hombres y viceversa. No es que Telecinco encargue ciertos incentivos para que los trabajadores no se larguen el viernes a las dos de la tarde y adiós muy buenas, es que estaban grabando un episodio de Becari@s. Después, cuando fui a la máquina de café, el muchachito stripper estaba a su lado, en calzoncillos, cambiándose de ropa. Me deslicé con sumo cuidado para no tocar nada -sólo me faltaba una demanda por acoso sexual- y alcanzar el vasito de plástico mientras un compañero le decía "pero hombre, cámbiate en el baño". Pero claro, ¿qué demonios le importará cambiarse en cualquier sitio si el muchacho se pasa la vida en tanga?
Y ahora me voy porque en la redacción tienen puesto Yo soy Bea y cada vez que veo esa serie me entran ganas de coger un fusil y matar a todo el reparto, empezando por el homosexual. Anda que menudas razones de peso dan a la existencia del Foro de la Familia algunas series de televisión. ¿Volveré el lunes? ¡Ahhhhhh! A ver si no me quedo dormido.