Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Un breve e importante mensaje del Pasillero

Como Telecinco es un fiel reflejo de la sociedad, y no me refiero a Telecinco como cadena, que mira, no lo sé, sino a las instalaciones de Telecinco en sí mismas, que son un pequeño microclima donde afortunadamente seguimos siendo una sociedad de clases y la chorrada de la igualdad se ha quedado fuera... bueno, que me lío: como representamos lo mejor de la sociedad, tenemos a uno de sus mayores logros: los viejos que observan las obras.
No teníamos obras hoy, pero sí una grúa que colocaba al ladito del plató de El juego de tu vida una enorme pila de... cosas. No sé qué eran aquellas cosas. En todo caso lo vi en cuanto llegué y no pude obtener una foto de aquel momento, ¡qué pena! Pero la tecnología de hoy en día me ha permitido agregar al viejito a una instantánea del lugar:
Yo creo que eran focos, pero no estoy seguro. Pesar tenían que pesar de aquí a mañana para que necesitasen meter aquí una grúa, que no veíamos desde que Gisela abandonó Gran Hermano. Y bueno, esto no es muy importante -pero tengo que irme pronto hoy porque he quedado con un amigo que se vive fuera y las fotos ocupan mucho, así que pumba- pero también he sacado una apasionante foto de la montaña de cajas de botellitas de agua Fuensanta que había apiladas junto al plató de Está Pasando -GRAN ¡SNIF! TRIPLE-. Como la fotografía no tenía mucho interés por sí mismo, he intentado darle un toque de interés colocando también viejitos de los que miran las obras:
Y ya que hablaba antes de sociedad de clases, he de comentar con mucha felicidad que hoy el comedor, habitualmente reservado a trabajadores intrascendentes y ex concursantes de Operación Triunfo, vamos, que viene siendo lo mismo exceptuando lo de trabajadores, estaba lleno de estrellas. El escritor y presentador Maxim Huerta comía con unos amiguitos diciendo no sé qué -¿qué decías? Es que yo no puedo acercarme a poner la oreja porque entonces os calláis, malditos- y unos metros más allá, separados por la vitrina de los bocadillos, estaba nuestra Latoya Jackson particular: Lara Dibildos.
Yo no sé qué demonios hacía Lara Dibildos allí, porque Lara Dibildos es RICA. Ser rico es lo mejor que te puede ocurrir en la vida y ser rico porque tu padre lo era, mejor todavía. Y si yo fuese rico me cogería un taxi y me iría a la granja de pollos más próxima para ofrecer una importante parte de mi fortuna a cambio de que me asen uno, recién sacrificadito y fresco, y lo acompañen con patatas panadera. Desde luego, no comería en el comedor de Telecinco.
Eso sí, hoy había lasaña de patatas y entrecot, así que la muy truhana ha elegido un día adecuado para bajarse a las bodegas. No iba a venir ella el día que hay platija o empanadillas de bonito congeladas, no.
¡Qué entrada más corta! Pues claro, aquí es cuando un Pasillero responde rellenaría y quedaría de lo más pintón, pero como sigo teniendo los dos mismos odiadores de siempre, que son un auténtico coñazo, y nadie nuevo viene a ponerme de vuelta y media, no tengo mucho que decir. ¡Podíais cambiaros los seudónimos e inventaros insultos nuevos! Charco mal meado, ramera de urinario, perro portuario. ¿Qué os parece?
Me voy a beber entre semana, ADIÓS.