Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Me colé* en Operación Triunfo. PARTE I

*en realidad no me colé, estaba invitado como personalidad de la cultura que soy 
Bien. Sólo quiero decir que si vuelvo a oír una sola vez más alguno de estos cinco vocablos:
Be
Be
Uve
A
o bien:
Blue
MATARÉ A ALGUIEN.
Para relajarnos, un documento gráfico de lo que uno se encuentra en el exterior de Park Media, la fría nave industrial donde se desarrolla mi actual segundo programa favorito de la parrilla (después de El juego de tu vida):
Pues sí, siempre bellos amiguitos, ayer Telecinco me envió a Operación Triunfo junto a mis dos compañeros de redacción, Willy Diego, mucho más famosos que yo porque salen en una serie que emite la TDT, Becarios. Supongo que no hace falta que os explique qué es Operación Triunfo a estas alturas de la España democrática, pero allá voy.
Tal os hayáis fijado en que, en medio de ese largo anuncio de Blue BBVA que se emite todos los martes por la noche, aparecen de forma aleatoria algunas escenas donde unos jóvenes intercambian breves y básicas líneas de diálogo y, de vez en cuando, cantan una canción sobre una cosa redonda que se mueve. Eso es Operación Triunfo.
No, ahora en serio. ¿Se me permite un sentimiento y el uso de cursivas?

Operación triunfo es un programa maravilloso y punto. Levanta una pasión entrañable entre la juventud,  más por el hecho de que en tres meses nadie se acordará ya de estos ídolos (exceptuando, obviamente, a Esther, desde ya una estrella a la altura de los Rolling Stones). Es como el enamoramiento: está comprobado que si ese sentimiento súbito que hace volar y decir yupiii nos dura tan poco es porque, de otra manera, no podríamos resistir la revolución que tiene lugar en nuestro organismo y nos moriríamos. Por eso mismo nadie se ha comprado el nuevo disco de Lorena este tipo de sentimientos tan intensos se van tan pronto a tomar viento. Pero queda el hecho de que, durante tres meses, este programa consigue que la juventud española salga de sus grises vidas y viva enamorada. Y también consigue convertir a esa juventud en pequeños críticos musicales, siempre dispuestos a decir lo equilibrado que ha estado Chipper y lo fallido de ese intento de vibratto de Noelia. Efectivamente: no les importa un carajo cómo cantan, ni si saben hacer la O con un canuto, ni si, como declaró Reke, no han cogido "un libro en su vida ni para cambiarlo de sitio" (no hace falta que lo jures). El público de OT (y torrente millonario de mensajes al 5557) representa de modo global lo que es el amor incondicional: amar a alguien sin esperar nada a cambio. Dure tres meses o dure tres días. Y el amor es siempre bonito y a eso se reduce todo. Y punto.

El interior del plató de Operación Triunfo, todo un hervidero poco antes de que empiece la emisión, es prueba viviente de esto. Parece una discoteca de extrarradio. La media de edad es de 16 años y hace un calor de mil demonios. Un simpático regidor homosexual que se refiere en todo momento a los niños como "familia" y "cariño" da muchas instrucciones, entre ellas:

A. Que nadie puede tener contacto con los concursantes
B. Que no les griten ni les llamen por su nombre
C. Que cuando sale Jesús Vázquez, ni antes ni después, hay que levantarse (los que están en las gradas, claro). Como cuando entraba en clase el maestro.
D. Que es mientras nos levantamos, ni antes ni después, cuando hay que empezar a aplaudirle.
E. Que hay que mantenerse en todo momento animado. El cotarro no debe decaer en las cuatro horas que dura la gala.

Y esta última advertencia iba a ser crucial.
Resulta que, nos nos engañemos, lo que está ocurriendo verdaderamente aquí es que han metido a 1.600 maquinitas de hormonas de dieciséis años en un recinto. Maquinitas de hormonas que se mean, que se cansan, que tienen sed y que a partir de la una de la madrugada empiezan a pensar en su camita poniendo los ojos en blanco. Y no sé cómo será otras veces, pero ayer, básicamente, lo que saltaba a la vista es que a ninguno de los responsables les importaba un carajo.
-¡Me meo! -decían algunas jóvenes maquinitas de hormonas dando saltitos y sujetándose la entrepierna con la mano ante la indiferencia de la simpática y atenta responsable de seguridad. Ella se limitaba a decir que ya muchos jóvenes han ido al baño, que ya irán en la siguiente publicidad. Si alguno fuese rebelde debería haber meado sobre el escenario, y si es durante la actuación de IvánReke o Chipper, mejor que mejor. Es comprensible que 1.600 personas no pueden ir al baño en pandilla durante cada bloque publicitario, pero tampoco es justo dejar que vayan sólo 20. Ojo, que el nuevo siglo ha creado un montón de niños diabéticos y no nos hemos enterado.
La bolsita con la cena consiste en:

Una bolsa de Ruffles de 45 g.
Medio litro de agua Nestlé Aquarel.
Un sandwich de máquina de jamón y queso*.

*Para los que vayan a ir al programa en lo sucesivo: ni se os ocurra comeros el sandwich. Hay un 60% de posibilidades de que os siente tan mal como a mí. Y un 100% de posibilidades de que a los responsable de dejarte ir al baño a vomitarlo les importe un pito.
La entrada del jurado, minutos antes del comienzo de la grabación, levanta expectación entre los niños, que empiezan a aplaudir. Pero falta alguien, seguro que no hace falta que diga quién. La aparición de Risto se produce un poco más tarde que la del resto de los miembros y el paseíllo hasta su asiento es mucho más largo. El aplauso, ensordecedor, deja claro quién es la estrella del programa. El aplauso es menor para Noemí Galera, para Javier Llano y para Kike Santander (invitado especial de ayer en el jurado ya que venía a presentar algo que el mundo pedía a gritos: un nuevo disco de batuka). Incluso es menor para Jesús Vázquez. Hay un aplauso fiel que está por encima de las órdenes de regidores y gaitas, y esos son los de un adolescente con un teléfono móvil. Es irónico que los mayores fans de Risto sean también los mayores fans de gente como Rubén. Y es probable que a él le haga muchísima gracia.
En la próxima entrega de Me colé en Operación Triunfo:

¿Qué hace Risto durante la publicidad?
¿Qué hacía dándole un morreo a una mujer entre el público?
¿Por qué no podemos acercarnos a menos de 400 metros de los concursantes?
¿A qué huele en OT?
¿Quiénes fueron las dos únicas concursantes inteligentes que no hicieron ni caso a Chipper durante su actuación?
¿Cuántas personas se desmayaron este año?
¡Y muchos otros datos chiripitifláuticos!

¿Alguna pregunta sobre todo esto? En la redacción ya estamos colocando globitos y piñatas por el divertido jueves de preguntas y respuestas monotemáticas de OT que se avecina mañana. En todo caso, si no tenéis ninguna ya me he inventado yo bastantes hay un misterioso saquito lleno de sobres con preguntas que encontré sobre mi mesa al llegar esta mañana a la redacción de Telecinco.es. Entre ellas, una de el pequeño Mumú que nos dejó a todos muy ilusionados. ¿Dónde te has metido? ¡Vuelve! : (