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El comedor, ese gran sitio

Buenas tardes, amiguitos.
Mi gripe ha remitido un poco pero sigo guardando reposo en casa por consejo del equipo de doctores que se ocupan de mi bienestar tanto físico como mental. Es por ello que hoy, siendo imposible de nuevo que me dé una vueltita por Telecinco para contaros las de cosas incontables y fantásticas que ocurren por allí mires donde mires, haré uso de algo de lo que no suelo tirar mucho: la memoria. Y todo para un tema importantísimo que, si bien ha tenido alguna representación en este blog ocasionalmente, nunca ha contado con su propio y merecidito texto propio: ¡El... orfanato COMEDOR!
Estos son una serie de datos, curiosidades y consejos por si algún día, porque quién sabe cómo son las cosas, alguno de los simpáticos lectores (y de los antipáticos también, que Telecinco no juzga a nadie) aparecen como por arte de magia en este comedor. Nótese que ante la imposibilidad de tomar fotografías en el propio comedor de los elementos a comentar he improvisado unas ilustraciones que representan de forma fiel y justa la realidad de todo esto.
CONCEPTO 1: Las patatas.
RETRATO ROBOT:
DESCRIPCIÓN: Las patatas fritas son uno de los grandes puntos débiles de Telecinco. Cuando hace unos años alguien decía que eran los telediarios, algunas voces se alzaban diciendo "eso es que no saben nada de las chips". Y claro, yo no lo pillé hasta que llegué aquí. Pues así como lo cuento: las patatas fritas en telecinco están duras, poco sabrosas y agrietadas como si llevasen fritas desde la época de las cruzadas. Y ocurre a menudo que la mitad de la ración dispuesta consiste en esos rastrojos que se quedan atascados en la rejilla de la freidora y sólo salen a base de estampar repetidas veces la rejilla contra la bandeja. Un drama, vamos. Ya he propuesto que sea uno de los temas principales en la reunión para la nueva programación de otoño.
SOLUCIÓN: Señores cocineros, sería hermoso que cortasen las patatas un poco más gordas y que las friesen a fuego lento.
¿SABÍAS QUE...?
-Las patatas cocidas, por el contrario, sí están ricas, ricas. Son pequeñas, redondas, están en su punto exacto de cocción y apenas se rompen, aunque se prestan muy bien a aquellos desalmados que deciden hacerse con ellas un puré.
-De vez en cuando puedes localizar entre tu tanda de patatas duras y desaborías algunas que están un poco más buenas. Prueba lo siguiente para tener una ración mínimamente válida: las presentadoras de telediario y azafatas que estén comiendo a tu alrededor se han pedido patatas también, pero ni muertas se las comerán. Cuando no miren, quítaselas. Incluso aunque te pillen y pongan mala cara, te lo estarán agradeciendo en secreto.
CONCEPTO 2: La camarera malhumorada.
RETRATO ROBOT:
DESCRIPCIÓN: Existe un ser en el comedor salido de las mismísimas entrañas del averno que controla con la tenacidad visual de un halcón si el contenido de tu bandeja se ajusta a las cantidades marcadas en su lista (que muy seguramente tiene en la cabecera de su cama en lugar de un clásico y necesario cuadro de Nuestro Señor en la cruz). Cuentan algunas crónicas que en ocasiones incluso persiguió hasta la puerta del comedor a algunos honrados trabajadores al sospechar que, probablemente, se habían metido el yogur en el bolso para comerlo en la oficina en lugar de en la mesa. Y si, por ejemplo, una gotita de agua se cae de manera accidental sobre tu bandeja junto a tu botella de agua todavía cerrada, ella concluirá que definitivamente ha de cobrarte una bebida extra.
SOLUCIÓN: George Clooney, Clive Owen, Juan y Medio o Agustín Bravo.
¿SABÍAS QUE...?
-Si le dices que has visto a un díscolo cliente fruncir el ceño ante la bandeja de ensaladas, ella acudirá a asesinarlo con sus tentáculos de poder ninja y tú podrás correr con tu yogur extra hasta un lugar seguro.
CONCEPTO 3: El menú wellness
RETRATO ROBOT:
DESCRIPCIÓN: Cada día, a la entrada del comedor, uno puede ver a un lado la comida normal -las patatas fritas llegadas del infierno, la paella, los sabrosos filetes de pollo, los coquetos postres- y al otro lado un plato tapado con un plástico de congelados que representa todo lo triste, gris, decepcionante y desesperanzador que habita en el mundo: el plato wellness. Junto al plato wellness, que suele consistir en una hoja lechuga con un trozo de pescado a la plancha y un minipepinillo, se indican las calorías del plato en conjunto. Suelen ser cinco o seis. La idea es buena y en una cadena tan importante como esta es cierto que debemos estar todos muy guapos y delgados, pero amiguitos, para comer esto que más que comida es anécdota: ¿no merece la pena hartarnos a comer paella y luego vomitar en el baño con discreción?
SOLUCIÓN: Olvidar que el menú wellness ha existido jamás.
¿SABÍAS QUE...?
-De nada vale intentar dar pena al cocinero encargado de servirte el menú wellness. Sirva de ejemplo esta conversación que viví yo mismo la primera y última vez que me pedí el menú.

PASILLERO: Oiga, en vez de dos patatitas gajo, ¿podrían ser cuatro?
COCINERO: OH POR FAVOR ¿PERO CÓMO SE ATREVE?
PASILLERO: ¿Y si me quita una hoja de lechuga y me añade la patata gajo?
COCINERO: OH POR FAVOR ¿PERO CÓMO SE ATREVE?

-Muchos apuntan a que el menú wellness es un invento de los señores de la cafetería para forrarse con la venta de bocatas de chorizo a las cinco de la tarde.