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La copa del mundial/Drama en la cafetería/Peleas en la cola de Sálvame

¡La semana (¿es una semana? Ya no sé cuánto hace que no escribo) en puntos!
1. La semana pasada ocurrió algo muy bonito. A eso de las doce del mediodía del martes o el miércoles, no recuerdo, todo el mundo se revolucionó en la redacción diciendo "¡está aquí, está aquí!" y yo me emocioné ante lo que podía ser la visita de toda una personalidad diplomática o una estrella de cine, pero no, era un objeto inanimado. La Copa del Mundial venía de visita a Telecinco y, según me contaron, traía un guardaespaldas de la FIFA.
Hay personas amenazadas por la mafia que viven escondidas en un sótano y tienen tortícolis de tanto mirar hacia los lados, pero esta copa sin embargo viene con guardaespaldas. Pero ojo, nada más lejos de mi intención ponerme repugnantito y reivindicativo. Esta copa tiene mucho valor y más de cinco y de seis querrían robarla, así que es lógico que lleve un ejército de seguridad.
Nos dirigimos todos a la redacción de informativos a ver si le echábamos un ojo. Allí había más gente de la que se arremolina ante un atropello y unas cuatro cámaras apuntando hacia el objeto inanimado en cuestión. Un serpenteo infinito de cables recorría el suelo bajo nuestros pies. Cuando la copa se cansó de estar en el mismo sitio y pidió a su guardaespaldas que la transportase, las cámaras la siguieron y los cables del suelo empezaron a moverse. No es que no me explique cómo no hubo esguinces, no, es que no me explico cómo no hubo muertos. Una de mis queridas compañeras de redacción, sin ir más lejos, a punto estuvo de comerse una mesa. Si queréis pasarlo realmente bien, decidle a cien personas que se coloquen sobre un cable. Y luego tirad de él con fuerza.
La gente empezó a subir y bajar las escaleras persiguiendo a la copa, que es igual de imprevisible eligiendo piso cuando se sube al ascensor que eligiendo ganador cuando se celebra un Mundial. Lamenté que la megafonía de Telecinco no tuviese entre sus piezas disponibles la sintonía de Benny Hill, porque le hubiera ido que ni pintada a la situación.
-Por favor, que alguien diga que está abajo el Duque, a ver si las tías se largan -dijo un hombre. Demostró mucho sentido del humor, pero poco conocimiento de su empresa: no sólo las tías se largarían. Que esto es Telecinco, amiguitos, no Gol Televisión.
2. Jorge Javier Vázquez, que siempre ha querido robarme el puesto del Pasillero, está últimamente muy atento a los carteles del pasillo, esos que a mí en el pasado me dieron para tanto. El otro día cambió de lugar su retrato, moviendo a la pobre Pilar Rubio, que preside la entrada al cuarto de baño de señoritas.
-¿A qué estuvo maravilloso? -le preguntó al día siguiente Jorge Javier por los pasillos a Emma García.
-Pues sí, pero yo tenía  miedo de que me moviéseis a mí, ¡con lo feliz que estoy yo en mi sitio! -respondió ella.
El martes Jorge Javier volvió a salir a los pasillos, esta vez para descolgar el cuadro de Karlos Arguiñano y dejarlo en el suelo y dado la vuelta.
-Este fuera, que se ha ido a la cadena triste.
Pues bien, he aquí una prueba de lo poderoso que es Jorge Javier: el miércoles al mediodía, el cuadro seguía en el suelo y dado la vuelta. En esta cadena nadie se atreve a deshacer lo que Jorge Javier ha hecho.
3. La entrada a Sálvame es uno de los momentos más divertidos del día. Cuando uno va a comer tarde y ha de atravesar la cola de ancianas de pueblo del variopinto público del programa que espera a la entrada del plató, pueden pasar cosas muy peligrosas.
El miércoles una señora entrada en carnes chillaba a otra:
-¡Mi grupo va a entrar primero! ¡Y usted se ha intentado colar!
Mientras tanto,  una mujer con bolso y cigarro en mano intentaba dirigir a la marabunta diciendo:
-¡A mí! ¡Me tenéis que hacer caso a mí!
Ay, amiguita, si me dieran un euro por cada vez que he pronunciado yo esa frase a lo largo de mi vida podría comprar Mediaset.
4. Muy buen rollo en la cafetería cuando hace apenas diez minutos pedía un cafelito junto a unas compañeras:
-¿Qué hago con este café con leche de sobra? -dijo una camarera a otra.
-Mira, Cristina, no te soporto -respondió la segunda.
¿Por qué tanto hincapié en la relación de amor-odio entre Karmele y Mila si la verdadera diversión de esta cadena se encuentra en la cafetería, a unos escasos cinco metros del plató de Sálvame? Esta es una propuesta para sus directores: indagad en las relaciones de las trabajadoras.
En fin. Publico poco, pero veo que lo seguís pasando bomba en los comentarios.