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¿Qué plató está a dos semanas de quedar sepultado bajo una montaña de serrín y conglomerado?

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Buenas tardes, amiguitos:
Hoy al pasar por el exterior del plató de Ana Rosa no pude evitar jugarme el puesto de trabajo, como el sagaz e intrépido investigador que soy, para hacer una foto que demuestre una aplastante verdad: está hecho un asco. Entre que utilizan el plató para grabar todo tipo de programas especiales y las paredes del mismo para apoyar todo lo que ya no sirve (cualquier día nos encontraremos allí apoyado a Manu Guix), dentro de dos semanas veremos a Ana Rosa saltando con pértiga para llegar su saloncito. 
Esta serie de puntos de fácil y ágil lectura explican la foto de arriba:

1. Por aquí se entra al plató de Ana Rosa. Si dejas esta puerta abierta durante el debate político a Cristina López Schlichting le daría el sol en el cogote.
2. Este es el plató de Operación canguro/conguro, El sheriff de Coslada y El retrato de la bestia. Con cierto temor a equivocarme diría que también es el de Hormigas blancas.
3. Esto también.
4. Aquí una cuca y práctica alcantarilla. Las últimas y torrenciales lluvias en Madrid han hecho que Telecinco se preocupe mucho por el tema de las inundaciones. También es usado como cenicero cuando en la publicidad todo el mundo sale a fumar como camioneros.
5. En esta mesita las redactoras apoyan su tabaco y su café. Yo una vez dejé ahí un bocadillo.
6. Esta puerta, creo, lleva al plató de Informativos.
7. Este techo transparente protege tanto de la lluvia como del sol y funcionaría como amortiguador si alguien se tira por la ventana desde la redacción de Supervivientes. En Telecinco gusta mucho que una misma cosa tenga varias funciones (véase esta carpa o Jordi González).
8. Este camino de flechas amarillas es el que debéis hacer si un día os encontráis sorpresivamente siendo público de Ana Rosa y queréis hacer pis.

Y siguiendo con cosas estacionadas donde no deberían, mirad qué cosa tan rara ocurre en Telecinco.
Pese a tener unas instalaciones enormes -con largos y divertidos pasillos, un edificio donde están los jefazos que es imperceptiblemente más elegante que el resto y siempre tiene aparcados Jaguars y Audis grandotes frente a sus puertas e incluso salas de reuniones plantadas en medio de platós inutilizados-, pese a todo eso, plantan los camerinos en trailers en el exterior de los platós. Hay seis que yo sepa: dos al lado de El juego de tu vida, dos al lado de El ventilador y dos al lado de Ana Rosa. Trailers muy apañaditos, eso sí, con su aire acondicionado y todo. Pero no dejan de ser cachos de metal de ocho metros cuadrados, al fin y al cabo.
Una vez si a José María Iñigo salir de uno de ellos antes de irse a Pasapalabra. Si yo soy él diría: ¿una vida entera en la televisión para acabar poniéndome la camisa en un cubículo donde no puedo estirar los brazos? Por encima de mi cadáver. Hoy, Carolina Cerezuela utilizaba otro para meterse en su personaje de Camera Café, mientras fuera Arturo Valls esperaba fumándose un cigarro y charlando con una titi. El camerino de Cerezuela, hay que decir, tiene una bonita moqueta de cuadros de colores. El de al lado, que utilizaba Nacha, cuyo nombre real no recuerdo, tiene un suelo de esos gomosos con chirimbolitos para arriba antirresbaladizos, que nunca sabré tampoco cómo se llama.
Y hay más delante del plató de Mujeres y hombres y viceversa, donde meten a los dos gañanes elegidos y a las dos tronistas, para que no hablen entre sí más de lo necesario. ¿Qué puede haber en su interior para mantenerlos entretenidos? Apuesto por:

1. Una tabla de abdominales
2. Un puzzle de veinte piezas
3. Un espejo

El pisto manchego que daban en la comida estaba muy rico. Yo soy tan tonto para las cosas del comer que siempre confundí pisto con alpiste y lo tenía catalogado como comida exclusiva para periquitos. El lomo tenía una salsa que sabía extrañamente a naranja y al salir y volver a ver el cartelito del menú concluí que el motivo de tan extraño fenómeno se debía a que era lomo a la naranja. Después topé de bruces con un almacén que no había visto nunca y me dejó feliz ante el sinfín de posibilidades que presenta para cuando me pueda colar (ojo, si es que me puedo colar, que hace un mes tenía chiribitas en los ojos al descubrir el armario de Telecinco y nunca más). El lugar este, como decía, podía ser o bien una carpintería, o bien un almacén de atrezzo viejo o bien ambas cosas a la vez. En todo caso había una estantería llena de melones de Pasapalabra, las láminas así rollo Stradivarius Andy Warhol que decoraban Las gafas de Angelino y un astronauta de porespán que si alguien sabe a qué programa de Telecinco pertenece que me dé una pista, porque no caí.
También había un hermoso logo de Telecinco como hecho de bronce que un día que nadie mire me llevaré a casa y colocaré en lugar del retrato familiar que tengo en la mesilla.
Por cierto, hoy vi, creo que lista para entrar en Pasapalabra, a una de las cinco mayores estrellas televisivas de la historia del medio: Mayra Gómez Kemp. Eso es una estrella y lo demás son chorradas. Ya nadie me volverá decir que he vivido en vano.