Elettra protesta en Brasil por la suciedad del baño

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Elettra

Elettra ha entrado con buen pie en la casa brasileña, protestando porque el baño estaba lleno de “meo”. No puedo con la vida con tanta escatología granhermanil, pero es lo que hay. Después de pasarse horas con la misma ropa que entró e intentando integrarse con comentarios tan poco amables, los concursantes de BBB han pensado que se trata de una actriz que ha entrado para ponerles a prueba. No me extraña nada. Me escandaliza bien poco que la italiana haya recibido información del exterior en su periplo hasta llegar a ese rincón apartado en los estudios de O Globo, al sudeste de Río de Janeiro.

El blumetrismo imperante no solo había tomado el aeropuerto de Madrid Adolfo Suárez Barajas sino que llegó también al de Río. ¿Sabes lo que te digo? No me parece importante. Es como temer por lo que le pudieran decir en la López Ibor. También debemos considerar que esto es el VIP y estamos ya en la recta final. Se está diciendo poco, pero mis cálculos indican que no puede faltar mucho. Es verdad que podía haberse trasladado en condiciones de mayor aislamiento. Yo la hubiera llevado por los aeropuertos con auriculares y escuchando a gran volumen en bucle a Luis Fonsi. Despacito, eso sí.

Virgen del Sorpasso

En todo caso, lo importante es que todo el mensaje que querían transmitir a Elettra es que haga caso a Daniela porque siguen pico y pala intentando que haya tema que quema entre dos personas que han demostrado incompatibilidad clara. Recordemos: a Elettra le espanta que Daniela coma bellotas porque ella cuida mucho la higiene en las relaciones íntimas. Y lo de las bellotas es una cerdada, o sea, que lo comen los cerdos. Cerdos de élite, eso sí.

Mientras las enfervorecidas masas intentan resucitar a Blumetra con mensajes gritados en aeropuertos, Daniela en Guadalix discute con Aída y su gran histrionismo ante el alborozo de quienes ocupan la habitación de al lado. ¿Debemos dar por muerta Blumeida? Aída es la peor enemiga de ella misma, capaz de armar un pollo con su única aliada víspera de una gala decisiva donde se juega permanecer en el concurso. Unos aquí fuera poniendo velitas a San Sorpasso mientras ella estalla y hace estallar a Daniela. De todos modos, la mente de esta concursante anda más fuera que dentro. En uno de sus últimos blogs, publicado ayer mismo, preguntaba lo siguiente: “¿Estoy fantaseando con los 2 juntos en vano?”. Pedía alguna señal más, aparte de las que recibe con la luna, los números y así. Es lo que tiene estar tan conectada, que las señales te llegan por todas partes. Me agobia tanta conexión.

Elettra

El mensaje era para ese “nene” con quien sueña. He escuchado a Daniela hablar de tres amores importantes: Uri, “x” y “nene”. Solo conocemos a uno, el único al que se refiere por su nombre. Las locas blumetristas seguirán persiguiendo el arca perdida de un amor que nunca existió. Todo ello a pesar de que Daniela termina expresando en ese blog que le supo a poco que la noche de las visitas solo le mandaran de su parte “muchos besos”. Sus palabras finales son más que significativas: “Me amas y no pasa un día sin que piense en ti”. ¿Lo veis? La frase no es para Elettra, lo cual provocaría espasmos de placer entre las de los aeropuertos. Dejad ya de hacer el ridículo, anda.

Que Daniela terminase esta madrugada enfadándose con Aída es un drama. Lo digo porque solo hubo ayer algo interesante y fue alguna conversación entre estas dos concursantes. En el jardín, antes de comer, Daniela pedía que estuvieran un ratito sin hablar. Entonces Aída empezó a contar su vida en A Coruña, un amor maduro siendo ella una jovencita, la forma en que se conocieron, cómo lo vivieron y que al final él fue a verla a Cambridge, pero allí estaba fuera de lugar. Su tiempo había pasado. Lo contó Aída como ella sabe, con detalle y despertando en el oyente ganas de saber más. Tiene algo que atrapa, aunque solo lo sepamos ver algunos. Para otros será siempre una tía loca, que también lo entiendo. Probablemente lo es, pero no solamente.

Daniela había olvidado su petición de permanecer en silencio. Es lo peor que le puedes decir a Aída, que probablemente hubiera callado si le llega a pedir que contase algo. Pasó de escuchar con desgana y sin asentir lo más mínimo a aparentar cierto entusiasmo por la historia. No podía ser de otra manera. Tanto es así que la motivó lo suficiente para engancharse a la conversación contando su propia historia con el chico de un mototaxi en París. Confieso que nunca he visto ese servicio y que contó su historia de forma más deslavazada que Aída. Incluso es posible que fuera menos creíble. Pero claro, la oyente Aly no se creyó a ninguna de las dos.

Aly dudó de Aída porque daba demasiados detalles. No me lo pareció, aparte de lo intrascendente que pueda parecer si el encuentro con su pasajero amor fue un martes o un lunes, pero solo pretendía enfatizar que pasaron pocos días hasta la primera noche de cena, a la que asistió una amiga. La historia me pareció muy real, tal vez demasiado porque dio hasta los nombres de su amiga y compañera de trabajo en la radio, e incluso de ese hombre del que estuvo muy enamorada. Localicé a los dos en una rápida búsqueda por la red. También Daniela hizo dudar a Aly. Supongo que porque sí. De igual forma que Irmemma ( Irma y Emma no tenían nombre y eso es un error) dejaron entrever sus dudas, aunque en su caso creo que no fue por la veracidad de las historias.

Irma

Irma y Emma son muy de dejar caer las cosas, aunque luego dicen que la dañina es Aída. Lo peor es que muchos lo creerán, y así nos va. A la hora del almuerzo contaba en la mesa Daniela que algunas miradas por la calle la hacen sentir cosas. No todo el mundo que la mira, y solo en ocasiones. “Si siento algo cuando me miran digo algo”, contaba inocentemente. No sabe Daniela con quién está hablando. No lo sabe bien, en serio. Y yo no sé qué parte del “a veces” se perdieron las señoras, pero ya tuvieron que sacar punta a esas palabras luego. Fue, cómo no, a la hora de tumbarse, su actividad preferida y que practican casi todo el día.

Decía Irma: “Y de ahí pasamos a… no sé, al primero que nos mire por la calle ya nos vamos… es que es (ríe con ironía)… de verdad, es el mundo…” ¿Qué quiere sugerir? ¿Por qué no habla claro? Aída llama mosquita muerta a Aylén, pero me temo que no es la única. Emma también lo es, aunque la hemos descubierto sobradamente en estos dos meses. Entró siendo la más respetada, casi venerada por todos. Un alma cándida, perteneciente a una saga de artistas entregada al mundo del humor. Pero en la casa destila tósigo en cantidades importantes. La respuesta de Emma al poco claro comentario de Irma fue igualmente codificada, aunque a decir verdad se las entiende demasiado bien.

“Eso es lo que estaba yo alucinando. La verdad, ¿eh? Porque eso tiene un nombre, que no voy a decir. Pero tiene un nombre”, decía Emma. Pues que diga el nombre, que no se corte. Aunque en ese caso igual le cae una bonita demanda. Mucho más justificada que la de Elettra, con las que amenazaba para intentar amedrentarlos. La charla me pareció alucinante, con las dos mirando al techo y destilando veneno. “Si sientes por qué no dar esa oportunidad a eso que sientes. ¡Pero, pero!”, añadía Irma, rematando la desafortunada conversación a la que me estoy refiriendo.

Más tarde Aly recordaba lo contado por Daniela y dudaba de que hubiera estado en una fiesta con el primo de Bob Marley. Le parecía imposible por edad. Como si estuviéramos hablando de Gardel. Marley tendría hoy 72 años. Simplemente murió joven. Pero no es del siglo XVIII. Por otra parte, ¿quién dice que no puede tener un primo mucho más joven? El caso es ponerlo todo en duda si eso puede servir para desprestigiar a algunas personas.

Maniquíes

Emma ha contado ya quinientas veces que Daniela le dijo uno de los primeros días: “Ese perfume que llevas lo usaba yo de pequeña”. Resulta que es un perfume que existe desde hace poco, según dice Emma, lo cual le vale para suponer que se lo dijo para caerle bien, o algo de eso. No contempla la posibilidad de que le engañe su pituitaria. Eso no. Pensar bien está prohibido si se trata de Daniela. Como dice Emma, eso tiene un nombre, aunque no seré yo quien lo diga.

Han dejado de comentar las bromas de pis y caca que tan mal se han contado en muchos medios (casi todos). Me hace mucha gracia ver diarios clásicos contando lo que no pasó, demostrando una absoluta falta de rigor. Recuerdo entonces lo que decía Carlos Pumares cuando veía falsas informaciones en la sección de cultura de un diario: si eso pasa en cultura lo que pasará en la sección de política. No tengo ninguna razón para pensar que son más rigurosos hablando de Podemos que de excrementos en el suelo inventados. Lo que sí tengo claro es que la agonía de los medios se explica por su mediocridad, falta de escrúpulos y poco rigor. Afirma ABC que Gran Hermano es “un formato agotado”. Lo dice un medio enfermo, al borde de la muerte y que lidera la caída en ventas (difusión diaria de 136.026 ejemplares en 2014 y 65.500 en 2016, según OJD).

Lo ha explicado muy bien Daniela en otro escrito de su blog. “Mi pis transparente como el agua, y la mierda de Aída eran gourmet”, afirma. “Si son solo bromas de colegio. ¿No querían bromas? Toma una de verdad”. Eso es así. Aunque lo más jugoso lo escribe justo después Daniela: “Y os digo una cosa, Emma es una chismosa que flipas, pero que flipas, la pillo siempre escuchando y chivateando de extranjis. Y Aly súper exaltada, tía supéralo. Me dolió mucho cómo me trató Elettra en ese momento. Me enfadé muchísimo”. Ya dije antes que a Emma ya la hemos calado. Aquí fuera y también allí dentro.

La previsible ‘pareja reality’ pidió una hora sin cámaras justo después de enterarse de que Aylén está nominada, lo cual no supieron hasta el domingo. (Ironía ON) ¡No me lo hubiera podido imaginar! (Ironía OFF). Como decía ayer @farandulario_ es la expresión viva del “hamore bero”, versión italianizada del “hamor berdadero”, todo un clásico en la historia de Gran Hermano. Hubo cava, cena copiosa y cama con dosel y pétalos de rosa cubriendo el suelo. Una maravilla de producción requerida por tan cutre novelón. La ficción da pasos de gigante dentro del mundo de la telerrealidad. Esto merece fundar un nuevo género. Que lo señalicen bien, porque a mí no me interesa.

Marco y Aylén

Moleskine del gato

Esta noche íbamos a tener el gran duelo: Aylén versus Aída. Pero claro, el resultado parece adivinarse después de ver el oropel con el que despidió la noche Aylén y los gritos de Aída dentro del ‘confe’, con Daniela esperando fuera, a la intemperie. Personalmente digo que prefiero la locura de estas dos porque es real, lo cual no puedo decir de la impostura de aquellos otros. En todo caso, tenemos una fiesta, pase lo que pase. Jordi González hará de anfitrión y lo disfrutaremos como siempre. Y que rabien quienes se rajan las vestiduras por una caca. Es sabido: el que lo huele, debajo lo tiene.

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