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Jugada prohibida

Un observador imparcial que se encontrase con la situación actual en la casa de Guadalix sacaría un sinfín de conclusiones pero no tengo duda sobre una de ellas. Con seguridad creería que Nico y Ainhoa están jugando premeditadamente para ser expulsados. Sé que no es así, pero cuesta pensar que hacen las cosas que hacen sin seguir un guión.
Pareciera como si les hubiera sido encomendado el papel de los malos malísimos de la película, lo cual realizan con agrado. Aunque en realidad parecen la caricatura del mal concursante, aquel que va aplicando uno a uno los distintos puntos del decálogo aquí llamado 'GH for Dummies'. En los últimos días nos hemos enterado, por ejemplo, de cómo han violado de forma repetida y alevosa la segunda de las reglas, que decía lo siguiente:

2/- No robes nunca comida. Es una regla fundamental, ¡por lo más sagrado! Aún no alcanzo a comprender cómo es posible que no se den cuenta de esto. Recuerdo los kilos de galletas, litros de leche y aceite, entre otras muchas cosas, que sacaron de los canapés y el fondo de unas estanterías en la edición de Pepe, inmediatamente después de la salida de Jesús, el de Tomelloso. No es la única vez pero sí la más llamativa, y siempre que se ha descubierto fue en detrimento de quien cometía esta infinita torpeza.

La convivencia hace recomendable que todos sean guardianes de los bienes comunes, velando por ciertos artículos de consumo cuya presencia en la dieta diaria es imprescindible. Materias básicas, como el azúcar, el aceite o la leche, requieren un cuidado especial para garantizar su suministro. Esto quiere decir que quien los derroche tendrá asegurada la censura de la audiencia, pero más aún aquel que pretenda desviar el bien común a la parcela particular. En este caso ya no se trata de derrochar un bien común, sino directamente de privar del mismo al colectivo, por mucho que siempre puedan recurrir a la excusa de que lo guardaban con buenas intenciones, para evitar el desabastecimiento de ese producto en particular (...)

Dejar fuera del alcance de todos un bien común es quizá la regla más sagrada y el error más recurrente en este juego. Llama mucho la atención que no sean capaces de darse cuenta tras tantas ediciones.

Aún llama más la atención que no sean capaces de apreciarlo siendo concursantes reincidentes. Nico y Ainhoa no solamente esconden comida sino que también han robado cigarrillos, como contábamos ayer. Pues bien, con frialdad extrema respondía ayer tarde Ainhoa a Gema cuando esta se quejaba de que le faltaba tabaco. "Yo, tía, no te he quitado tabaco. Como tengo poco estoy tirando del que me da Pepe, y también le he pedido a Jorge. Pero para nada toco yo las cosas de nadie, tía". O sea, tía, o sea, que no. Pero ¿a quién quiere engañar? Si le hemos visto todos fumar tabaco de Gema. En ese momento se acercó Nico y le advirtió sobre que la catalana podría identificar su marca de tabaco (parece que Pall Mall) en el que estaba fumando su pareja en el juego. Ainhoa le tranquiliza porque en ese momento tiene un cigarrillo de otra marca en la mano.
Se quedan muy conformes e imagino que satisfechos con el engaño. ¿No se dan cuenta que a la audiencia no la están engañando? Si hay algo más impopular que robar comida eso debe ser quitarle cigarrillos a un compañero para fumártelos tú. Entre otras cosas porque en este caso no hay excusa que valga. Pero es que también les han pillado robando o, cuando menos, escondiendo comida. Aquello está a punto de estallar, y cuando lo haga veremos sacar las botellas de aceite y demás de sus escondrijos, como ya sucediera en la séptima edición, según contaba este gato nostálgico en el texto recuperado de hace unos meses. Al menos ahora no pueden guardar cosas bajo el colchón porque en lugar de un canapé duermen sobre el mismo suelo, lo cual doy fe de lo incómodo que puede llegar a resultar.
Además de esa segunda regla, la pareja de la que hablo está incurriendo en los errores indicados en casi todos los puntos de aquel decálogo publicado a vuela pluma la pasada temporada en este mismo espacio. Es por esto que observo con extrañeza como tras la salida de los 'melanios' son Ainhoa y Nico quienes parecen haber tomado el rol de los malos. Aquí explico la particularidad del resto de reglas:
3/- No acuses a los demás de algo que tú mismo haces. No paramos de verles criticar a un compañero por ser estratega y jugar, al tiempo que cuchichean sin parar planteando sus propias estrategias. Aparte de que esto es un juego y lo que debería estar sancionado es ir para no jugar, la diferencia está en quien juega noblemente o no, lo que Chiqui llama jugar limpio o jugar sucio. Será lícito pero no demuestra gran limpieza Nico cuando interrumpe la sesión de bronceado de su compañera para decirle que está consiguiendo lo pretendido, o sea, cabrearles a todos a cuenta de la comida y una discusión tan estúpida y mezquina como la forma de preparar unas patatas fritas (gran debate: la patata frita, con piel o sin piel, cortada en tiras o en gajos).
4/- Protege tu propia imagen, que ya vendrán otros a intentar mancharla. No hay nada que comentar. No se puede maltratar la propia imagen tanto como están haciendo estos dos.
5/- Intenta colaborar en las labores del hogar, o que al menos lo parezca. Yo a Ainhoa no la he visto fregar mucho, si bien Nico salva a la pareja al ser el cocinero oficial. También es cierto que buena parte de sus compañeros ya se han dado cuenta de la trampa que esto comporta. No sé si debo computar como colaborador en las tareas a quien se atrinchera en la cocina (otro clásico) sin dejar que nadie invada ese espacio que ha hecho suyo para luego acusar a los demás de no cocinar y vanagloriarse de que comen gracias a él.
6/- No te sobres. Desde la broma del maletín que se llevaron todo el tiempo Indhira y Arturo, quienes inocentemente vendieron la piel del oso antes de cazarlo, nadie había repetido tanto y con semejante convencimiento aquello de: "Vamos a ser los ganadores". Ahora incluso no les importa lo que vote el mundo mundial porque ya se sienten triunfadores ellos mismos. No sé con qué patología se corresponde esto pero a buen seguro habrá alguna.
8/- Evita el odio desmedido. De nuevo parece como si pensara en la pareja a la hora de confeccionar el decálogo. Demuestran de continuo un odio desmedido por todos los demás. Ni siquiera lo ocultan, Ainhoa lo ha dicho por activa y por pasiva, a su compañero, a terceros o en el 'confe'. No le gusta nadie, no está a gusto con nadie. Solo se quiere a sí misma.
9/- No mires a cámara. Las imágenes de Ainhoa mirando a cámara en el jardín y hablando como una bruja son de un mal rollo que no me agrada ni recordarlas.
10/- No escuches tras las paredes. Esto he de decir que no es patrimonio de nadie en esa casa porque casi todos lo practican. Ayer veía a Ana intentando escuchar disimuladamente en la puerta del 'confe' para probar fortuna a continuación en el cuarto de baño, a ver si desde ahí escuchaba algo mejor. Desde aquella Amor de la novena edición que utilizaba el viejo procedimiento del vaso en la pared, creo que no se había visto tanto poner la oreja para enterarse de lo que dicen otros. En la casa vale, pero pedimos una sala de confesiones insonorizada para Gran Hermano XII. Sin falta.
Las reglas primera y séptima serían las únicas no aplicables. En una habla de lo no oportuno que resulta pactar con el grupo mayoritario, lo cual no es el caso; y en la otra se recomienda dosificar las flatulencias, algo obligado en la undécima edición pero que no es un consejo necesario en este reencuentro, como parece lógico. Son todos adultos y saben que les ven por la tele. Parece lo más normal que eviten en la medida de lo posible ciertos sonidos del cuerpo. Por fortuna, lo están haciendo todos esta vez. Pero atendiendo a todos los demás puntos diría que esta pareja esta obcecada en realizar una jugada prohibida. Prohibidísima.
El talento interpretativo demostrado por Ainhoa al negarle a Gema con todo el morro del mundo que se haya fumado su tabaco (no vale alegar que estrictamente no le mintió al no haber sido ella la que robara los cigarrillos, porque dijo claramente que no había fumado de su tabaco) no lo demostró el domingo pasado durante la fiesta blanca japonesa. Soy consciente de que hablar de algo ocurrido días antes parece casi un anacronismo, pero hasta la gala del martes no habíamos visto esas imágenes, algo más extensamente mostradas ayer en el resumen de la tarde (el que correspondería a los martes pero se emite los miércoles tarde para no coincidir con la gala).
Independientemente de lo hablado, el esfuerzo de Pepe por ayudar y quedar bien a la vez, o la vaciedad de los improvisados argumentos de Ainhoa, lo que llama la atención es el tono de esta. Gimotea falsamente, se sorbe los mocos que no tiene (porque no ha llorado ni lo hará), en definitiva, intenta simular estar compungida sin estarlo. Diría que en algún momento hasta se le escapa un rictus de sonrisa. Bien es cierto que a veces uno llora y ríe a un tiempo, pero es que la interpretación es tan patética que no le queda bien ni eso.
De esa misma noche hay otro argumento pendiente que no descubrí hasta la gala del martes y necesito detenerme mínimamente en ello. En el directo vimos como Ana le daba su caja de bombones a Nico sin discurso alguno. Este había recibido ya la de Ainhoa y rechazó esta segunda caja en un gesto poco amable, dejándola encima de la mesa del salón. La última en hacer la entrega de la caja de bombones fue Almudena y el destinatario fue Jorge. Con cierta torpeza empezó diciendo que había sido motivo de discusión esa caja, sin dar más explicaciones. El pobre Jorge se lamentó de que una semana más se pudiera discutir su regalo (recordemos el episodio increíble de la entrega del premio Oscar). Inmediatamente, Ainhoa se encargó de contar a todo el mundo que Chiqui es una falsa porque había dicho que no quería entregarle su caja a Jorge porque le cae mal y no le soporta, que ella se la quería entregar a Pepe y debía haberlo dicho con sinceridad.
He de decir que me creí que había sido así, aunque entendía que es muy fuerte e inapropiado decirle en esa circunstancia a un compañero que le entregas ese presente a pesar de que no te cae bien porque en caso contrario nadie se lo habría entregado al estar aún sin pareja en el concurso. No debemos confundir ser sincero e ir de frente con ser grosero y hacer daño gratuitamente. No es necesario decirlo todo, ni siquiera conveniente. Pero lo más fuerte es que no ocurrió como lo contó Ainhoa. Es más, durante el tiempo que pasaron esperando el martes en la sala de expulsiones antes de serles comunicado el particular indulto del programa, tanto ella como Nico volvieron a contarle a Jorge la historia completamente modificada y sin atenerse a la realidad ni un ápice. Chiqui no dijo en ningún momento que le cayera mal Jorge, ni siquiera que no quisiera darle su caja a él. Es más, se ofreció a ser ella quien lo hiciera para facilitar que Ana le entregase la suya a Nico. Todo ello a pesar de que su deseo era dársela a Pepe. Espero y deseo que Chiqui lo haya aclarado con Jorge, además de que este le haya creído a ella y no a sus otros compañeros.
La partida está siendo particularmente atractiva y especialmente desconcertante. La dinámica del juego ha hecho que hasta ahora los concursantes no hayan podido saber por dónde les venían los tiros hasta el preciso momento de saberse dueños momentáneos del disfraz de pato (no salvado por la audiencia y susceptible de ser expulsado) o de cazador (con poder para decidir la expulsión), utilizando el fantástico símil de Pepe que todos han ido copiando. A pesar de no saber si entrarán nuevos concursantes cada semana o cuándo acabará todo (ahora tampoco saben que el martes se irán dos parejas), los concursantes siguen jugando. "El hombre es un animal que juega", dijo el ensayista británico Charles Lamb. La vida es un juego en el que no se sabe quien mueve los dados. Schopenhauer decía que: "El destino baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos".
Nuestra astucia está puesta al servicio de un juego con final impredecible, en el que la única gran sanción debe ser abandonar el juego. Los que no juegan puede que no estén condenados al fracaso, pero sí al aburrimiento. Es un poco lo del lema olímpico del barón de Coubertin, aquello de que lo importante es participar, reconvertido en que lo divertido es participar. En Gran Hermano, como en la vida, jugar más o menos no es garantía de triunfo, ni siquiera lo es hacerlo bien, aunque como espectador puedo perdonar que lo hagan mal pero me cuesta pasar por alto que no lo hagan. Los jugadores pueden tener la sensación de que se les está prohibiendo el juego, pero no hay ninguna jugada prohibida, ni siquiera la que comporta alguna o todas las torpezas antes enumeradas. En este juego, las decisiones están en función de un estado de cosas que algunos psicólogos llamarían 'pensamiento casi mágico'.
He puesto en muchas ocasiones el ejemplo de una partida de dados en la que el jugador lanza con más fuerza si desea que salga un número alto y con mayor delicadeza si quiere un uno o un dos. Como dice Palmarini en 'Los túneles de la mente' (que menciono siempre): "El jugador sabe perfectamente que la probabilidad de que salgan los números deseados no depende de la fuerza con que los tire, pero no puede dejar de 'intentarlo' igualmente. Sus mandos musculares obedecen secretamente a la casi magia de su psique subterránea". La dificultad añadida en los concursantes de este programa es que nunca saben cuál será la combinación ganadora, lo cual añade un componente semejante al azar puro, sin serlo en absoluto. Porque como dice Einstein: "El azar no existe. Dios no juega a los dados".
[Dejo cartelera, con Chiqui en el papel de 'Princesa por sorpresa'. Recuerda que puedes votar por última vez a tu pareja favorita para hacerla finalista. También puedes seguir haciendo preguntas al gato en esta página].
Princesa por sorpresa