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De ayer a hoy

Diez ediciones y a punto de empezar la que hará el número once. Nueve años y posiblemente ciento doce días. Es lo que va de ayer a hoy, desde el comienzo de la primera edición hasta que empiece la próxima. No volveré a caer en el error de esperar a que nos digan, o nos dejen revelar, el día señalado. Esa fecha guardada siempre en medio de una curiosa omertá para verla luego publicada por quien este gato escamado sabe. Haré, no obstante, un sencillo ejercicio de deducción.
Las dos últimas ediciones han comenzado en domingo, día que gana por goleada (7 ediciones comenzaron este día frente a las 3 que lo hicieron en jueves). Si miramos el calendario del próximo mes, hay un domingo que cae en 13, y todos sabemos que Mercedes Milá nunca empezaría el programa ("el programa", esto es así) en un día de mal fario como ese. No es un caso aislado de superstición, no crean. En la capital de España no hay un autobús con ese número y muchos hoteles pasan de la planta doce a la catorce, o bien es el piso utilizado para servicios, sin alojar clientes. Y es que 13 fueron los comensales de la Última Cena, a partir de lo cual huelga seguir poniendo ejemplos. O sea, que nos quedan otros tres, solamente tres domingos.
Sé que me la juego, pero en eso consistía el ejercicio. Por eso apuesto por el día 20. Demasiado tarde el 27 (si bien GH VII comenzó un 20 de octubre, mucho más tarde), y muy precipitado el 6 (aunque hay en la historia existente un día 9, un 7 e incluso un 5 de septiembre). No se impaciente el lector, porque no tardará en saberse. Si gano la apuesta renuncio a recibir premio alguno, a cambio de la indulgencia general en el caso contrario.
El tema del día es todo un clásico, al que se ha añadido en esta ocasión la inquietud sobre la emisión o no del canal 24 horas de Gran Hermano. Llegado este punto tenía la intención de decir solamente dos cosas, aunque afortunadamente no me tendré que quedar en ellas. A saber: que conociendo al equipo director del programa no me cabe duda de que harían lo posible por facilitar la existencia de ese canal, incluso regalándolo a los operadores si fuera preciso; y que en esta casa sí habrá 24 horas, como las hubo el año pasado.
A mis jefas les dije entonces, y reitero en este escrito (que igual hasta se leen) que me parece excesivo el coste de ver ese canal a diario en la web. La calidad de emisión y lo reducido (único) de la oferta lo hacen más caro que contratar un paquete de televisión de pago, a cambio del cual no solamente se recibe ese canal sino unas cuantas decenas más de distinta temática. Solo justificaría un precio como ese si se ofreciera la posibilidad de cambiar de cámara, como hacen en la mayor parte de los Big Brother del mundo. Incluso en muchos con oferta doble, gratuita y de pago, siendo esta última la que permite al usuario convertirse en su propio realizador televisivo.
Sobre lo que no pongo tacha es del otro 24 horas, el que los narradores de esta web llevan a todos nuestros lectores, reflejando por escrito lo que pasa en la casa durante el día y casi toda la noche. Esta fue la gran novedad de la temporada pasada, y se volverá a repetir en esta, además de ser la iniciativa de esta web que más he apoyado desde siempre. Ahora bien, lo que más preocupaba a nuestros lectores es el canal televisivo y, aunque sobre eso nada más podría decir, hemos tenido la suerte de poder leer ayer mismo en el bolo las buenas noticias de Mercedes Milá:

"También tengo que comentaros que Pilar Blasco, responsable de Gran Hermano desde su inicio y una servidora, estamos dispuestas a firmar en esa plataforma que pide las 24hrs de la casa en directo. Tengo buenas noticias pero hasta dentro de dos o tres días no las podré confirmar… Estamos las dos, por no decir que todo el equipo, esperando que sea una realidad esa parte del programa que nos parece absolutamente imprescindible. De paso os doy las gracias por vuestro apoyo y vuestra estrategia."

Debemos esperar y esperaremos esos dos o tres días. Pero sobre todo confiamos en que vengan a confirmar lo dicho por Milá. La inquietud está provocada, fundamentalmente, porque la última edición del concurso de talentos (y falso reality) Operación Triunfo no tuvo canal 24 horas salvo en un par de limitadísimas redes de cable. Esto fue así porque a los operadores no les interesó incluirlo en sus paquetes de canales, por lo menos al precio que se lo ofrecían. Pero esa es otra historia. Si podríamos decir que Gran Hermano no habría sido lo mismo sin Internet, y de eso habrá que escribir algo un día de estos, igualmente sin esa ventanita abierta a todas horas. O casi.
La otra incógnita (aparte de los concursantes, está claro) es lo del vestuario de Milá. Sobre eso tan solo puedo decir que será la pera. Nada más.
Alguna cosa más se podría contar, tanto de la nueva era de Gran Hermano, la que comenzará con GH 11, como de lo que preparamos en esta web, trabajando duro para vosotros. Pero esto también debe esperar. Toca, por tanto, echar la vista atrás y fabular como aficionados y defensores de este programa sobre lo que supone cambiar de era, tras cruzar el Rubicón de las diez primeras ediciones y, de algún modo, pasar página.
No ha pasado tanto tiempo como parece viendo la imagen que acompaña esta nota. El pasado de Gran Hermano no tiene una década siquiera. Diez ediciones que se resolvieron en menos de diez años, un suspiro aunque no tanto en el cambiante mundo de la televisión. Es todo un logro mantener este formato en un momento que se confía más en series consumibles de forma atemporal y donde se cuestiona cada vez con más argumentos la forma tradicional de difundir la televisión frente a una nueva y caótica distribución a través de la red, que dota al espectador de un poder y una libertad para ser programadores de su propio ocio impensables hace diez años. Aunque precisamente al plantearse como algo irrepetible que ocurre siempre en vivo es razonable pensar en la revalorización del género. Gran Hermano no puede verse una semana, ni siquiera un día, después. Prueba de ello es la preocupación expresada sobre la existencia del 24 horas.
Lo que no podríamos pensar hace diez años es que este formato cambiaría la historia de la televisión. Bueno, no lo esperábamos los más escépticos, aunque sí Mercedes Milá al comenzar el primer programa de la historia de nuestro Gran Hermano. Tras un cordial "bienvenidos", nuestra querida presentadora decía esto:

"Una cosa antes de empezar: sepan que este programa marcará un antes y un después en la historia de la televisión en España."

Vaya si empezaba fuerte la cosa. Ya antes de empezar querían quedar como sobrados. Sin embargo, fueron visionarios, y hoy en día nadie en el sector se atrevería a negar esa afirmación del 'discurso inaugural', por así decirlo. Mucho se ha dicho sobre aquello del "experimento sociológico", pero poco de esto. Recuerdo que pregunté a Milá sobre ello en mi primera entrevista con ella, a lo que me respondía así:

Quizá exageré un poco al decir esa frase pero creo que mucha gente podrá admitir que GH ha cambiado algunos usos de la televisión. Llevó a las pantallas a personas que habían abandonado la tele, unió a grupos variopintos que veían juntos el programa, reunió a las familias frente al televisor, abrió caminos nuevos de formatos inesperados, dio cara y ojos a desconocidos que acababan por ser como de la propia familia, explotó las potencias que ofrecía Internet. Creo que sería muy largo desmenuzar esa respuesta pero no creo equivocarme mucho cuando digo que GH ofreció “otra” televisión. Hablo del programa en sí, no de sus consecuencias. Paolo Vasile, el consejero delegado de T5 habló del programa como “la gran revolución”. Ese formato hizo variar los criterios de producción y emisión de la cadena, entre otras cosas. En definitiva, marcó la historia de este medio.

Personalmente no veo exageración ninguna, como dije antes. ¿Gran revolución? Me gusta el término, si bien para serlo está durando... mucho (iba a decir demasiado, y es que las palabras oscurecen los sentimientos, como decía el gran Carlos Luis Álvarez 'Cándido'). Esta "revolución" dota al programa de una juventud exultante (sabido es que las revoluciones las hacen y mantienen los jóvenes... y Fidel Castro), al tiempo que hemos ido viendo a la criatura madurar. Lo cual me plantea la duda sobre si ha cambiado mucho el programa, tanto como para hablar de una nueva era.
Se ha hablado siempre de la inocencia en los concursantes de la primera edición, mucho menos picardeados que los de ediciones siguientes. Ciertamente, en aquel momento no podían ser del todo conscientes de la magnitud que estaba alcanzando el fenómeno, pero de ahí a la candidez pintada hay un trecho. Ni calvo ni con tres pelucas, vamos. A los concursantes se les habló del programa antes de entrar y pudieron informarse de como habían ido las ediciones holandesa y alemana (esta última aún en emisión al comienzo de la española). Incluso algún concursante había llegado a ver algo, como fue el caso de Koldo (lector impenitente de Kafka). Este había viajado a los Países Bajos (creo recordar que a Bélgica), donde se encontraban algunos familiares (posiblemente sus padres), y así pudo conocer de primera mano lo que era esto.
Me puedo equivocar en algo porque estoy hablando de memoria, ese extraño mecanismo capaz de no recordar cosas pasadas un par de meses antes y, sin embargo, guardar la imagen de esta historia contada por su protagonista en torno a una mesa donde hacían una prueba en la que debían mandar tarjetas postales a ayuntamientos españoles, algunos de los cuales contestaron amablemente con comida. Lo que hubieran dado los concursantes de otras ediciones por una prueba así. Lo que quiero decir es que el simple hecho de saber que el programa iba en el prime-time de un canal como Telecinco les podía dar una idea sobre su posible repercusión.
Recuerdo que en la gala final hicieron coger a los finalistas una caja conteniendo revistas editadas en los tres meses anteriores. En todas ellas estaban ellos en portada, de forma destacada incluso. Pensé entonces que las caras de sorpresa de Ismael o de Ania eran en parte simuladas, y lo sigo pensando ahora. No digo que se lo esperasen exactamente de ese modo, pero sí en parte. Algunos, como precisamente estos dos, acudían a esa convocatoria con los mismos objetivos que otros más tarde: buscaban fama y una plataforma que les ayudase en sus objetivos profesionales. A uno le iba la tele y la moda o la interpretación a la otra. O sea, la historia tantas veces repetida después.
Tras el último GH pregunté a Iván Madrazo, su gran ganador, qué esperaba. Me contó que venía a vivir a Madrid y soñaba con trabajar en televisión. No reprimí mi impulso de intentar ponerle los pies en el suelo, si bien para mi tranquilidad comprobé que ya los tenía. Era un sueño y no quería renunciar a ello, por mucho que después se le presentase como algo imposible. Lo dicho, la historia de siempre. ¿Están más espabilados ahora? Bueno, quizá en algo se ha cerrado el círculo, y es que ahora tampoco entran muy convencidos de que esto será una plataforma de lanzamiento para cumplir sus objetivos. En eso hemos vuelto, necesariamente, a los orígenes.
Lo más fácil es que nos encontremos de nuevo con la mayoría de cosas que nos gustan, y también con otras que no (planos de gente durmiendo cuando hay actividad en otra parte de la casa, pruebas para publicitar juegos de videoconsolas, etc.) Esto hará a algunos preguntarse sobre el por qué de la nueva era. Particularmente lo veo más como algo simbólico, una forma de cerrar el primer ciclo, si no enterrando los propios fantasmas al menos encerrándoles en su propia historia. Pequeña y cíclica historia.
En definitiva, ciertos impulsos y tics en la convivencia son inmortales, tanto como universales. Viendo el Big Brother de USA me reía al comprobar como el "¡Que España se entere!" era allí sustituido por un equivalente "¡Que América se entere!". Curioso, muy curioso. Tampoco ha cambiado lo de las chicas desnudas en la revista de siempre, invariable desde un principio. Esta semana tenemos a Loli, la puritana, aquella que no se metió en el jacuzzi por no ponerse en bañador. Ella sí ha cambiado, quizá se piense pagar una boda de postín con lo recaudado, aunque este gato benéfico le recomienda que días antes apague el móvil, no vaya el novio (el mismo que ya la dejó una vez por SMS) a volver por sus fueros.
Y termino con un apartado dedicado a la rumorología. A pesar de mi escepticismo al respecto y la teoría de que cuando te pasas tres temporadas diciendo que entrarán unas gemelas al final necesariamente ha de cumplirse la predicción, nos ha comentado esta semana alvariito que ya tenemos grupo de elegidos, resumiendo los perfiles de concursantes de esta escueta forma:

CHICOS: Un sordomudo, un parado, un guaperas llamado Alex, un empresario, un punky, un futbolista, y un chico del casting-discoteca.

CHICAS: Una carnicera, una top model, una extranjera polémica, una heavy, una obesa, una relaciones públicas, y una barbie-girl.

Además de 2 reservas que nos dejarán alucinados.

Insisto en que no lo digo yo. Así que ya veremos.