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La culpa es de las pipas... digo de Carlos… digo de la vaca

Pipastelecinco.es
Las nominaciones de hoy se me antojan como las más importantes desde el comienzo de esta edición VIP. Llevamos casi un mes de encierro y estamos a pocas horas de conocer el nombre del tercer expulsado. Si es Julián las fuerzas se equilibran un poco, después de las expulsiones de Fran y Julius. Los dos grupos que pronto se formaron en la casa quedaron bastante desdibujados tras la segunda expulsión, antes de la cual se mostró a Lucía y Julius las imágenes de su enfrentamiento. Lucía no es la misma desde entonces. Esa experiencia se convirtió en un bálsamo que ha desactivado en buena medida a esta concursante, mucho menos batalladora en la misma medida que más conciliadora.

En su grupo, mantienen la alianza Lucía y Belén, habiendo dado la espalda un poco a Carlos. Este es el único que no se ha movido un ápice. Carlos no teme estar nominado ni parece dispuesto a dejar de ser él mismo ante cualquier lance del juego. A pesar de haberse desmarcado mucho, Lucía defendía ayer que Carlos debía quedarse en la casa e intentaba convencer a Laura, una de sus principales enemigas, de que nunca ha dicho a nadie lo que debían votar. Ni siquiera habló de ello ni hizo saber sus intenciones al respecto.

Con Carlos se ha dado ese caso de que se vaya creando una leyenda no basada en la realidad que da por buenas algunas cosas inventadas. Si escuchamos al ‘equipo visillo’, Carlos es un concursante maquinador que controla las nominaciones de todos aquellos que no tienen sus simpatías. Pero resulta que esto solo existe en la imaginación de algunos, sin corresponderse de ningún modo con la realidad. Por otro lado, no estaría mal que hubiera algún lumbreras capaz de darle interés a unas nominaciones importantes como las de hoy.

No tengo mucha confianza en que nominen con inteligencia. No nos engañemos, son todos un fiasco como estrategas, por lo cual puede terminar pasando de todo. Nadie se quedará sin nominar hoy, y seguramente se demorarán menos que la pasada semana temiendo darse una panzada. Con una panza ajena, además. Los que terminen hoy derrotados en las nominaciones, seguramente tendrán la tentación de repartir las culpas según mejor les venga. Cualquier cosa con tal de eximir su propia responsabilidad. Al final la culpa será de la vaca, como en esa vieja historia que llegó a ser título de un libro de reflexiones sobre liderazgo. Cuenta que en Colombia se estaba promoviendo la exportación de artículos a Estados Unidos y un investigador de este país decidió entrevistar a representantes de dos mil almacenes colombianos. La conclusión fue que los precios eran altos y la calidad baja.
Carlos
El investigador se dirigió entonces a los fabricantes para preguntarles por tales conclusiones. La respuesta fue que la culpa no era de ellos: el producto tenía una tarifa arancelaria de protección del 15 % para impedir la entrada de cueros argentinos. A continuación, se preguntó a los propietarios y contestaron igualmente que la culpa no era de ellos: el problema radica en los mataderos, porque sacan cueros de mala calidad. Como les da más beneficios la venta de la carne, al cuero no le prestan atención. Armado de paciencia, el investigador se fue a preguntar al matadero, donde le dijeron que tampoco era suya la culpa: el problema es que los ganaderos gastan muy poco en venenos contra las garrapatas y además marcan por todas partes a las reses para evitar que se las roben, lo cual destroza los cueros.

Finalmente, el investigador decidió visitar a los ganaderos. Ellos dijeron lo mismo, ¿lo adivinan? eso es, la culpa no era suya: esas estúpidas vacas se restriegan contra los alambres de púas para aliviarse de las picaduras. La conclusión del consultor extranjero fue muy clara: los productores colombianos de carteras de cuero no pueden competir en el mercado de Estados Unidos "¡porque sus vacas son estúpidas!". Aquí también decimos eso de que "las culpas al maestro armero", cargo creado en el siglo XVIII por Felipe V cuando las picas dieron paso al fusil como arma única de infantería para que los soldados tuvieran a alguien a quien reclamar cuando el arma presentase algún fallo. En todo caso, culpas y responsabilidades siempre serán achacadas a otros. Y si no, la culpa será de la vaca.

Cualquier cosa antes de reconocer los propios errores y trabajar en corregirlos. Llámese a la vaca Carlos, por ejemplo, que si salva la expulsión de hoy posiblemente sea considerado culpable de todos los males que azotan al ‘equipo visillo’, antes conocido como ‘grupo sopa’ y que desde anoche puede que terminemos hablando del ‘clan de la pipa’. Porque, amigos míos, este programa de nuestros amores parece andar desaprendiendo y se cometen ahora errores observados durante la primera edición, allá por el año 2000. Dieciséis años han pasado y parece que inútilmente para algunas cosas.

Anoche andaban todavía colocando la compra, y al terminar se sentaron a charlar en el salón con una bolsa de pipas. Se me hace insoportable el concierto de un grupo de personas comiendo pipas con cáscara mientras hablan, aunque mal que bien pude ir aguantando hasta que llegó la combinación de las pipas y el discurso desordenado de Liz. Entonces sí que no pude soportar la tortura y puse el mute, dejando de escuchar el directo por un rato. Digo que el programa parece estar desaprendiendo lo observado en estos años por algo que leí en el libro de Gilda Santana ‘Diez años en Gran Hermano. Diario de una guionista’, imprescindible para todo el que ama este programa.
Gilda Santana
Dice Gilda: “En GH 1 cometimos el error de ofrecerles, en la lista de la compra, pipas con cáscara. Una buena idea para calmar su ansiedad ante la escasez de tabaco, pero durante semanas tuvimos que padecer conversaciones inaudibles a causa del ruido al partir las pipas y escupir las cáscaras, y perdimos mucho contenido a causa de esto. Lección aprendida: nunca más hubo pipas con cáscara en una lista de la compra”. Según se ve, la lección ha sido olvidada ya. El año pasado les dieron pipas en una fiesta e hicieron que las pelasen con la mano, para evitar el desagradable sonido, y luego prohibieron que las añadieran en la lista de la compra. Anoche volvió el ‘clan de la pipa’, con más fuerza que nunca si cabe.

Lo de las pipas no es lo único que parece olvidado. Es tradición que no permitan a los concursantes comunicarse por escrito. Sin embargo, hemos visto el martes a Liz escribiendo una nota y haciéndosela llegar a Alejandro. Es más, en el resumen de ayer vimos a Liz contándolo en el ‘confe’. Es decir, el programa participó de la maniobra, lo cual resulta impensable con arreglo a lo que siempre hemos conocido. Otro ejemplo es la división de la comida. Desde hace un tiempo figura en las normas de la casa la premisa de que no se puede dividir la comida. Salvo en el caso del pan, no se permite que asignen partes de la compra a cada concursante. Es contrario a la convivencia y, por tanto, a la propia esencia del programa. Recordemos que esencia no es solo un líquido oloroso, sino también lo que constituye la naturaleza de las cosas, aquello que se identifica como importante y característico. Pues bien, en Gran Hermano es característico que no se comuniquen por escrito ni repartan las existencias de la despensa para que cada cual se vaya administrando la comida.

¿Qué está pasando? ¿Por qué están dejando que los concursantes se tomen todo por el pito del sereno? Lo de las pipas es lo de menos, por molesto que sea. Más inquieta no reconocer cosas que hasta ahora fueron esenciales. Esto acompaña tristemente algunas otras pérdidas ya asumidas, como que las nominaciones no sean una herramienta a disposición de los concursantes para su estrategia en el juego, por lo cual deben realizarse en privado y sin conocimiento del resto de sus contrincantes. Otra seña de identidad perdida, lo cual convierte en inexplicables determinados rituales. El jueves pasado, Jordi González llamaba “ritual” al momento en que comunica a los concursantes uno a uno si están o no nominados. Ese es uno de los momentos que identifican el programa, desprovisto de sentido si las nominaciones se han realizado a la cara.

Los concursantes ya saben si están o no nominados. La tensión del momento, su inigualable carga dramática, se pierde por completo de esta forma. Digo más, resulta una caricatura absurda ver al concursante alegrarse por no estar nominado y festejar el momento justo cuando se lo comunica Jordi. El jueves pasado Javier ya sabía que se había salvado, pero parecía celebrar un gol decisivo de su equipo preferido de fútbol en la final de la Champions. Siento hacer de aguafiestas, pero no tiene sentido. Los concursantes escenifican aquello que tienen aprendido, conservando una tradición inherente al programa, a pesar de que ahora carezca de sentido.

Es como si quitamos el felpudo a la entrada de nuestra casa e instintivamente seguimos durante días arrastrando los pies mientras abrimos la puerta, como si nos estuviéramos limpiando los zapatos en un felpudo imaginario. Puro instinto. Ojo que no estoy hablando de quintaesencia alguna, solo son unas señas de identidad perdidas sin que este gato torpe haya sido capaz hasta ahora de entender el porqué.
Nominados
Volviendo a las importantes nominaciones de hoy, sean como sean me seguirán pareciendo apasionantes. Las nominaciones reflejan algo más que la esencia, siendo el auténtico espíritu de Gran Hermano. Hoy el juego se plantea en igualdad de condiciones, y todos tienen ya experiencia suficiente para saber cuáles deben ser sus próximos movimientos, lo cual está bastante relacionado también con la expulsión. Por eso me gustaría tanto que fueran unas nominaciones sin trampa ni cartón, porque la semana pasada a punto estuvieron de pactar los votos en directo mientras nominaban.

Es básico mantener el secreto de las nominaciones para que las estrategias no sean descubiertas por el enemigo, si se me permite el símil militar. Algunos concursantes a estas alturas deben estar tentados de quemar sus naves, lo cual puede que mantengan siempre y cuando no conozcan los planes de los otros. Y cuando hablo de quemar las naves me refiero precisamente a cierto episodio bélico en época de Alejandro Magno, por lo cual el símil militar tiene más sentido que nunca.

Al llegar sus tropas a la costa fenicia en el 335 a. C. comprueban que el enemigo supera en tres veces el tamaño de su ejército. El temor y el desánimo se apoderan de esos hombres, por lo cual Alejandro decide dar la orden de que fueran quemadas todas sus naves una vez desembarcada la tropa. Mientras los barcos ardían arengó a sus hombres con palabras como estas: "Observen cómo se queman los barcos. Esta es la única razón por la que debemos vencer, puesto que si no ganamos será imposible volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente. Debemos salir victoriosos porque solo hay un camino de vuelta, y es por mar. Caballeros, cuando regresemos a casa, lo haremos de la única forma posible: en los barcos de nuestros enemigos".

El ejército de Alejandro Magno ganó y regresó a su tierra a bordo de las naves conquistadas. No obstante, la decisión de quemar las naves tiene el riesgo de una humillación añadida en caso de perder la batalla. En este momento, la maniobra que se me antoja más inteligente es que coincidieran ambos grupos en una estrategia conjunta contra las “intocables”. Así han dado en llamar algunos a Rosa Benito y Raquel Bollo, a saber por qué. Sería un logro que quitasen a estas concursantes ese supuesto escudo que traen de serie, tan intangible como constatable.

Moleskine del gato
Laura
Tengo apuntadas tres expresiones que pueden competir con la que es hasta ahora la frase estrella de la edición. Ese número uno en la lista de principales Gran Hermano es aquello dicho por Alejandro durante la bronca en la fiesta del lunes. “Le doy tres puntos hasta que me muera”, decía el míster, que parece tener intención de perpetuar su presencia en el concurso más allá de lo razonable. Las otras expresiones son ese “limpiar asperezas” de Carlos, o que para Belén cierto tipo de gente tenga “las piernas muy cortas”. Recortar las piernas de la gente en lugar de las de sus mentiras tiene su gracia. Aunque mi preferida es esto que dijo ayer Laura: “Se va a armar la de San Cristín”. Ya se inventan hasta las batallas.

Esta noche tenemos gala, con Jordi González de genial maestro de ceremonias. Sea como sea, me da la impresión de que nos vamos a pegar una panzada a reír. Así sea. Y tengan cuidado ahí fuera.