La exclusión competitiva

La casa esperaEn el ecosistema de Gran Hermano las distintas especies de concursantes compiten entre sí para intentar excluir al otro. Da lo mismo que algunos lo nieguen, porque lo cierto es que es así en todos los casos. Incluso el que pretende vivir la experiencia, y no prioriza el triunfo, necesita permanecer durante el mayor tiempo posible para ver cumplido su objetivo. La lucha comienza, además, antes de convertirse en concursantes de hecho y de derecho. La mayor exclusión, solo sea por cantidad de aspirantes, se produce en el proceso de selección, lo que llamamos castings, utilizando un anglicismo.

Dije en mi comentario anterior que hablaría de lo necesario para superar los castings, así como para llegar a ser finalista de este programa. Realmente era una pequeña trampa, un simple cebo. Podemos teorizar hasta la extenuación (del lector, en primer lugar) y no haríamos otra cosa que llenar de conjeturas los vacíos de nuestra razón. ¿Qué debe tener un aspirante para convertirse en un próximo habitante de la casa de Guadalix? (que aparece fotografiada desde el cielo en la imagen). Es imposible responder a esta pregunta sin caer en el lugar común y la obviedad (palabra de ocho letras, definición autorreferentemente obvia). Obvio es, por ejemplo, que una de las cosas buscadas es encontrar alguien con señales de identidad no identificables con las de concursantes anteriores. También que reflejen ciertos sectores de la sociedad que no hayan tenido antes el eco mediático que proporciona Gran Hermano. Asimismo, está claro que esperan de los elegidos fortaleza e impulsividad, especialmente en el aspecto emocional, al tiempo que una notable capacidad para remontar con rapidez tras el arrebato primero. En cuanto a la fortaleza, es un pilar básico. Por muy débil que aparente ser un concursante, no me cabe duda que fue elegido porque es fuerte de carácter. Por otro lado, he leído en varias ocasiones a García Huete (el jefe de psicólogos) que analizan la inteligencia emocional y eligen cocientes intelectuales más altos de lo común, si bien la media de aspirantes no son gente con grandes inquietudes culturales, sino más bien sensitivos, con un especial gusto por vivir experiencias. Esa es la razón por la que hay bastantes concursantes del mundo de la noche, gente con facilidad para buscarse la vida.

Todo lo anterior no deja de ser una serie de observaciones sencillas y ya comentadas, como digo, en algunas ocasiones por personas relacionadas con el proceso de selección de concursantes. Fuera de esto se puede saber poco más. Supongo que hay alguno que aparece un día en un casting y sorprende hasta el punto de preguntarse donde ha estado metido en todos estos años. También hay otros que prometen mucho y después resultan un fiasco, aunque en este caso es frecuente que la palabra de los psicólogos haya sido menos oída que la de redactores del programa, como pasó con Sabrina ( GH II). Aunque está claro que al final los redactores debieron alegrarse, porque una gallina y unos lloros tras el sillón del 'confe' pudieron más que nada. Ignoro lo que dijeron los profesionales (es el eufemismo preferido de quien dice ir al psicólogo o aconseja hacerlo) sobre Mimi ( GH VIII), pero sé que nunca podrían haber previsto cómo se iba a comportar en la casa, para como lo había hecho en los castings, donde se mostró todo lo activa y alegre que después no fue. Aunque en este caso, y de forma que aún no me explico, guardo un recuerdo especialmente cariñoso de la concursante. Me pasa con Mimi y con Mahme, inseparable pareja. Serán cosas de gato raro, o algo.

Pero de nada vale intentar buscarle una explicación a las razones por las que unos pasan el corte y otros no. No suelo dar consejos si no me los han pedido antes, pero como se da el caso de que en más de una ocasión me ha preguntado mi opinión alguien que se iba a presentar a los castings, he tenido la oportunidad de dar este consejo (siempre igual): "Sé tú mismo-a". Si no lo eres ellos se darán cuenta, a no ser que seas un potencial fichaje del KGB. Además, puede que aún así no te seleccionen, pero en todo caso habrás sido honesto contigo mismo y con los demás.

Una vez dentro de la casa el objetivo exclusivo se limita mucho. Tan solo hay que acabar con otros diez para situarse en la final, y ese es el último fin pretendido, o debería serlo, porque esto es como el póquer, que jugar está bien pero ganar debe ser ya el acabose. Pues bien, ahí sí creo que la experiencia nos puede ayudar un poco más. En definitiva, ninguno de nosotros ha estado nunca en el proceso de selección ni hemos podido conocer a los miles de excluidos, pero todos hemos conocido durante unos cien días a los finalistas de cada edición y a sus compañeros. Todo ese tiempo de observación da para mucho, y nos permite hacernos una idea de cómo es cada cual, incluso para ir haciendo conjeturas sobre quién llegara a la final. Una vez resuelto el último trámite, ya sabemos lo que ha dicho el público votante, y eso nos permite aproximarnos más a lo que la gente puede valorar para dar el triunfo final a alguien.

No me cabe duda de que en algunos casos el ganador lo ha sido por exclusión. Javito ( GH III) llegó a la final con Patricia y Kiko, lo cual nos evitó cualquier duda sobre lo que iba a suceder y, de hecho, es Kiko (a quien le deseo desde aquí una recuperación rápida y felicísima) el segundo finalista menos votado, tras la simpar Raquel Abad ( GH VII). Hay incluso un caso que está fuera de todo análisis, y es el de Pepe Herrero ( GH VII), de quien he dicho tantas cosas buenas que hasta eso es excepcional. Hago pues esta excepción, y mirando a los otros ocho ganadores, y sus finalistas correspondientes, me inspiro para sacar media docena de conclusiones sobre lo que hace falta para triunfar en GH, dedicándoselas a los que actualmente están "a la espera de estar a la espera", que decían los Gomaespuma.

En principio, es importante que seas trabajador en la casa, o al menos no dar demasiada imagen de perezoso. Parto de la base de que toda regla tiene su excepción (o excepciones), que en este caso sería la de Judit ( GH IX), aunque no solamente la suya. La última triunfadora me ha ganado una vez fuera de la casa, y aunque sigo sin creerla como concursante, he de reconocer que es mucho más interesante que casi todos los demás ganadores de Gran Hermano. Conviene, no obstante, saber optimizar los esfuerzos. No vale cualquier actividad, siendo la de cocinero-a la más lucida. Lo que hay que intentar evitar a toda costa es un demasiado constante masajeo de las partes íntimas. Queda feo y es generalmente valorado de forma negativa por la audiencia.

Por supuesto, nada de violencia. Especialmente si eres chico. Quiero decir que he visto a la ex legionaria Bea ( GH VI) zarandear en la cama a un tío que le sacaba un palmo (de estatura, no que le sacara nada de la cama) y tirando del edredón arrojarle al suelo, sin que mediara escándalo alguno. Sin embargo, todos sabemos lo injusto que fue lo de Carlos "yoyas" ( GH II).

Aparte de evitar la violencia es importante aparecer como pacificador. El que intenta poner paz entre sus semejantes adopta un cierto aire redentor que llama mucho la atención. Eso sí, están las peleas "no way out" y en esas no hay que perder comba. Nunca evites una pelea en la que no haya escapatoria, tampoco se entiende que los demás estén defendiendo acaloradamente intereses de grupo mientras tú te evades pasando de todo. En casos como este hay que saber jugar bien las cartas, aprovechando la coyuntura para decir todo aquello que te apetece y pueda beneficiarte. Puede que no tengas ninguna otra oportunidad como esa.

Ten cuidado con los comportamientos machistas, homófobos o racistas. Solamente si eres víctima de un tercero por cualquiera de estos tres motivos te podrás permitir el lujo de incurrir en otra de las faltas. Por ejemplo, Andalla ( GH IX) aguantó estoicamente comentarios racistas mientras hacía otros homófobos. Una cosa parece compensar la otra. En cualquier caso, aparte de poder ser considerado justamente como un indeseable, corres el riesgo de que un colectivo más o menos poderoso se te eche encima.

Desaparece durante las primeras semanas de convivencia. Hazte el 'ficus'. Si puedes, mimetízate con el entorno hasta que hayan pasado las tres o cuatro primeras nominaciones. Si lo consigues tendrás una protección casi inviolable para poder llegar hasta la final o, al menos, quedarte a las puertas. El método pasa por hacerse un poco el 'sueco', como si no te enterases de nada, un poco a lo Claudio (de Graves). Mientras aparenta que ni entras ni sales tendrás una oportunidad única de enterarte de las filias y las fobias, información que te resultará vital en el momento que decidas entrar en acción. Pero si hay un problema importante que afecte al grupo defiende una idea y agárrate a ella como a un clavo ardiendo. No debes parecer un 'escaquer' (licenciado en el arte del escaqueo) evitando cualquier compromiso, sino alguien mesurado y justo.

Si has de enamorarte, cuida bien que sea de la persona equivocada. Si puede ser, que no te corresponda o lo haga solo durante un breve espacio de tiempo, ya sea al principio o en la fase final de la relación. Sin duda esta es la más rentable forma de victimismo, aunque no la única. La mayor experta en estas lides fue una Ania ( GH I) que desmiente la afirmación tantas veces repetida de que tras la primera edición los concursantes entran muy espabilados y con sus objetivos bien marcados. Pues bien, en esa primera edición algunos también lo estaban y lo hicieron. Esta concursante supo perfectamente lo que tenía que hacer y casi le sirve para ganar. Por tanto, no hace falta que te enamores, basta con saber quedar como una víctima que aún así se sabe sobreponer a las circunstancias, dando una imagen de corajudo-a. Pero esto es mucho más sencillo si te enamoras de quien no debías, y aún más si el otro no te trata como a una reina precisamente.

Hay variantes de esta última clave, como la de concitar el odio y la inquina generalizada de una mayoría de tus compañeros, especialmente si esto va acompañado de un trato o un juicio injusto por parte de aquellos. Ser marginado e incomprendido es básico para que una aplastante mayoría del público votante se ponga de tu lado. El problema es que esto resulta infalible siempre y cuando no sea provocado ni promocionado por el interesado. Si además hay algún compañero, solo sea uno, que se pone de tu parte, te comprende como nadie y te defiende de los demás, ambos tendréis en adelante muchas posibilidades. Es, de algún modo, la historia de Dayron ( GH VII).

En cualquier caso, ya dije que esto no era más que un inocente cebo, una excusa para rememorar el pasado y entretenernos mientras esperamos lo que pronto ha de venir. Y es que no hay recetas infalibles ni fórmulas magistrales que garanticen el éxito en la exclusión del resto de competidores. Si las hubiera, alguien se estaría haciendo de oro con la patente. Me gustaría pensar que mi consejo para quien se va a presentar a los castings es también válido para los que ya están dentro, pero no estoy del todo seguro. Ser honesto es más garantía de poder seguir mirándose al espejo cada mañana sin sentir vergüenza que de cualquier otra cosa. También ser alguien "en el buen sentido de la palabra, bueno", parafraseando a Machado. O no dañar más de lo preciso (lo que supone la exclusión obligada) a tus compañeros de encierro. Echando la vista atrás, creo que probablemente todos los ganadores menos uno cumplieron con estas condiciones en buena medida. No sé si es preciso decir quién no me lo pareció, baste con apuntar que me gustan más las flores que el poder. Y ya.

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