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Cuatro intensas horas

Paula intenta asumir su nueva realidad sin Omartelecinco.es
He titulado así porque no queda bien poner “cuatro putas horas”, lo cual es mucho más preciso. Aunque también podríamos hablar de cuatro benditas horas o cuatro horas de la noche más épica en la historia de este programa. En realidad fueron muchas más de cuatro. El relato completo puede irse hasta más del doble, pero aproximadamente cuatro fueron las horas que Paula esperaba pacientemente a que Omar se dignara a decirle algo. Durante todo ese tiempo pudo observar como se encerraba en el vestidor con Lucía, salían ambos a fumar y volvían de nuevo. Luego eran Fran y Juan Manuel con quienes hacía concilio, sin saber lo que estaba pasando. Finalmente, volvía a reunirse con Lucía en los balancines del jardín, y ahí Paula no pudo por menos que estallar. “Llevo cuatro putas horas esperando a que me digas algo. Cuatro putas horas sin saber nada ni enterarme de lo que está pasando”. Sospecho que ni ella, ni Lucía, ni el propio Omar sabían en ese momento cómo iba a terminar esa noche.

Lo sucedido esa noche es fundamentalmente producto de la indecisión de Omar. Es la consecuencia de su falta de personalidad y el intento de combinar lo que dictase su corazón con aquello que estuviera mejor visto por sus compañeros o lo que le pudiera beneficiar más en el juego. De nada sirve plantearse qué podía haber pasado en caso de que algún protagonista de esta historia (o todos) hubieran actuado de forma diferente a como lo hicieron. Pero lo cierto es que podemos apuntar dos errores de bulto a Paula al mismo tiempo que un acierto definitivo de Lucía. No hablo desde un punto de vista práctico sino que se trata exclusivamente de una manera de analizar lo sucedido. Porque si hablamos de errores tenemos que mirar exclusivamente a Omar y su impresentable comportamiento
El primer error de Paula fue recomendar a Omar que hablase con Lucía. No era el más acertado de los consejos, en cualquier caso. Mucho menos en una noche de fiesta con más alcohol que en otras, como ya hizo notar Luis, uno de los más observadores. Una fiesta en la que Hugo se había desatado, dejando de ser el mueble que viene siendo, y algo similar los demás, especialmente los chicos. Primero es la propia Paula quien se acerca a hablar con Lucía. Omar las interrumpe de malos modos pensando que había sido Lucía quien había iniciado el acercamiento, pero Paula le saca de su error. Lucía sale tocada del encuentro entre los dos y es entonces cuando Omar dice que hablará más tarde con ella, ante lo cual Paula responde animando a que lo haga.
Fran espía
La conversación entre Paula y Lucía habría discurrido con tranquilidad de no ser por la presencia incómoda de un Fran metomentodo, que se escondía medianamente detrás de un tabique de la cocina para seguir grabando en vídeo la conversación entre las dos. ¿En qué cabeza cabe? ¿Qué pretendía Fran haciendo tal cosa? ¿Hasta dónde puede llegar su falta de educación? Lucía tuvo el mismo arrojo ante Paula que reaccionando ante ese espía que había seguido los pasos de las dos para no perder detalle, e incluso inmortalizarlo. Le agarró la cámara y borró el vídeo, desatendiendo las absurdas advertencias de Fran sobre que si lo borraba la iban a expulsar del programa. Han pasado más de dos días y ya sabemos que eso no ha pasado.

Ante Paula tuvo que aguantar Lucía cierto recochineo cuando decía aquello de “me gusta estar con él, me gusta darle besos” y demás. “Si no le haces feliz me voy a Barcelona y te mato”, advertía Lucía, al mismo tiempo que pedía llevar esto de buen rollo entre las dos. Luego, las marionetas de Fran transformaban la frase de Lucía dramatizando en exceso y sacándola de contexto. En lugar de “me voy a Barcelona y te mato” aseguraban que había dicho “me voy a Barcelona y te rajo”. Escandalizarse de esto es tan ridículo como hacerlo de todas las madres que alguna vez dicen a sus hijos “te voy a matar”. Nadie en su sano juicio interpretaría esa frase como una amenaza. Bueno sí, Fran posiblemente sí. Sobre todo si le ha cogido ojeriza a la madre en cuestión.

Lo cierto es que ya a esas alturas casi todos se habían puesto del lado de Paula y contra Lucía. Había sido así desde que esta llegase a la casa la noche anterior. Solo considerando esto puedo entender que tergiversaran de forma tan ridícula las palabras de Lucía, con las que pretendía proteger a Omar dando a entender que respetaba su nueva unión, forjada dentro de la casa de Gran Hermano. Antes y después de este episodio varios habitantes se habían fijado en cómo miraba Omar a Lucía mientras bailaba, sin apreciar ni censurar los esfuerzos de Paula por llamar la atención hasta casi descoyuntar su pelvis. La impresión que tuvimos algunos fue que Lucía bailaba para Omar y Paula para Lucía. Ante la amenaza de la exnovia de Omar, Paula necesitaba rebozar por su cara lo feliz que estaba con él y que viera lo sexi que puede llegar a ser bailando. Lástima que más bien pareciera una parodia.

Sospechando que a Paula la echaron de Hawái el día que la vieron bailar, el resto de la casa seguía a lo suyo en la fiesta. Vitín iba oliendo a apio metido en su cuestionable modelo de chándal, más propio para salir a dar vueltas por el patio de una cárcel que para una fiesta de Gran Hermano. Mientras tanto, Yoli y Lucía se mostraban su cariño, o sea, se tocaban las tetas. Omar había confesado que se pone agresivo con el alcohol, aunque fue Lucía quien dio los puñetazos a la pared del ‘confe’. Fue dejarla sola Omar y Lucía se tranquilizó.

Lucía aguantó un rato en el ‘confe’, lo cual provocó que Fran, ese investigador cuyo prestigio es todavía más cuestionable que las predicciones de la bruja Loli, diese la voz de alarma respecto a un posible abandono, tan inventado como falso. Gracias a estar ahí dentro, no se enteraba Lucía de que Paula y Omar se habían evadido de la fiesta un momento, tomando el camino del dormitorio. Teniendo en cuenta lo poco que tardaron, o volvieron al salón porque no eran capaces de escuchar el zoom de las cámaras o lo de los diez segundos no había sido algo tan extraordinario y les había dado tiempo a repetir. Las imágenes del debate de anoche no fueron muy reveladoras al respecto.

Estábamos a punto de repartir pasquines de ‘Se busca’ con la cara de la ex de Omar, y entonces apareció Lucía. Media casa estaba ya incómoda. Loli no sabía qué decir ante Lucía, y Luis le pedía a Vitín que no se pusiera tan serio. “Pareces el telediario”, le dijo. Faltaban unas cuantas horas para que la tensión se extendiera por toda la casa. Mejor dicho, lo que faltaba era que Omar y Lucía se encerrasen en el vestidor durante un rato largo, que a Paula se le tuvo que hacer interminable. En el fondo, Omar le estaba haciendo caso a Paula, pero no era necesaria una conversación tan larga. Mucho menos podíamos esperar tanto acercamiento entre Omar y Lucía. Terminaron casi enganchados con las piernas de uno rodeando la cintura del otro. Solo las parejas charlan de ese modo.
“A ella nunca la he llamado beba, y nunca se lo llamaré”, decía Omar. Un rato antes, en el jardín, sí le había dicho a Lucía “beba”, que además de un imperativo en Carabanchel debe ser algo extremadamente cariñoso. En la conversación no faltaron contradicciones por parte de Omar, mientras Lucía seguía pico y pala intentando pillarle en un renuncio. Se sucedían los “dime que ya no me quieres” y los “¿sigo siendo la madre de tus hijos?” en la misma medida que las respuestas eran algo peor que vagas. Más bien diría que Omar era incapaz de mostrar con sus palabras algo distinto a un deseo irrefrenable de volver con Lucía.
El vestidor
Tampoco faltaron frases que parecían sacadas de una película de Isabel Coixet. “El sueño de tu vida soy yo” es mi preferida, aunque “el orgullo no te abraza por las noches” tampoco está nada mal. Mucho más vulgar aquello de que “el pasado no existe”. Omar se mostraba a veces como el chulito de barrio que es, mientras otras parecía un perrito desvalido poco dispuesto a caminar en el sentido contrario al de su amo. O sea, incapaz de llevarle la contraria a Lucía.

El panorama fuera parecía el del velador de un muerto. Todos esperaban sentados en las camas, expectantes ante lo que habría de suceder. Hasta que a Alejandra y a algún otro se les ocurrió la idea de mirar por las rendijas de la persiana que tapa la puerta del vestidor, de vidrio como el resto de puertas de la casa. Al otro lado vieron a Omar y Lucía enganchados en el suelo. Él le retiraba una pelusa de la cara y enjugaba alguna lágrima de sus ojos. Parecían dos tortolitos. La estampa sería hermosa de no ser porque poco más de veinticuatro horas antes nos los habían presentado como exnovios.

Lucía nos había engañado diciendo que entraba a vivir la experiencia, con la intención de mantener una buena relación con todos, sin malos rollos y en absoluto con el objetivo de recuperar a Omar. Ni lo creí ni dejé de creerlo, pero el planteamiento me pareció un fraude absoluto. Por suerte, en apenas un día todo había cambiado y ya descubríamos que o bien mentía respecto a sus intenciones o no había podido mantenerlas. Omar tampoco se lo ponía fácil. “Eres lo más bonito que hay aquí”, le decía en el vestidor. La frase era completada con un complemento (de los que gusta Vitín) que unos interpretaron como “quitando a Azahara” y otros “y de todo el Zara” (tienda de ropa en la que trabaja Lucía). La primera opción deja peor a Omar, aunque la auténtica fue probablemente la segunda, que tampoco le deja bien del todo, por cursi y oportunista.

A estas alturas de la noche Omar se había cambiado de ropa casi tantas veces como Lucía se había hecho un peinado diferente utilizando tan solo sus manos. Lo que no cabía esperar es que los dos cambiasen la relación que les unía porque Omar fuera a terminar cambiando de pareja. Es la primera vez que un concursante tiene dos parejas en la casa estando ambas dentro. Arturo (GH 11) estuvo con Indhira, tonteó con Carol Lavin e hizo mover el edredón junto a Tatiana una inolvidable madrugada de Año Nuevo, con dedicatoria incluida. Pero cuando pasó lo que pasó, recién estrenado el año, ya no estaban en la casa ni Indhira (expulsada disciplinariamente por derramar un vaso de agua) ni Carol (expulsada por la audiencia). En esta ocasión, Omar estaba dispuesto a cambiar de pareja dos días después del minipolvo de los diez segundos y con Paula de cuerpo presente… y expectante. Muy fuerte todo.

Si después de todo lo visto Omar no dejaba a Paula para volver con Lucía sería por lástima hacia aquella con la que ha compartido los últimos doce días de su vida. Creo que Omar tiene un auténtico enganche con Lucía. Ella es a quien hemos escuchado que no concibe la vida sin Omar, sin embargo, la realidad apunta a que es él quien necesita a Lucía y no sabe vivir sin su compañía. Viéndoles a los dos parecía como si a Omar se le hubiera terminado el tiempo de travesuras y estuviera dispuesto a volver al redil sin rechistar.

Dicen que las parejas que se separan dejan siempre un polvo pendiente. En algún momento temí que nuestros dos protagonistas saldasen la deuda en ese vestidor del que no parecían dispuestos a salir. Visitar Honolulu (el cuarto del fumeteo) fue la más contundente de las razones para abandonar el vestidor un rato, momento aprovechado por varios en la casa para coger alguna prenda de ropa. Ya de vuelta, Omar le decía a Fran que necesitaba hablar con él. A la reunión se unía también Juan Manuel, más protagonista esa noche que en las dos semanas anteriores.

Es inexplicable que Omar decidiera compartir su situación y pedir opinión a otro compañero de encierro que no fuera Vitín. Jamás hubiera imaginado que el elegido sería Fran, menos aún Juan Manuel. La papeleta de ambos era delicada, aunque la resolvieron recomendando una cosa y la contraria. Fran decía que debía seguir con Paula y a renglón seguido le desaconsejaba que fuera a seguir con ella por lástima. “Actuar por lástima es lo peor que se puede hacer con una persona”, decía Fran y corroboraba Juan Manuel.

No creo que Omar esperase consejos mágicos, sino más bien me inclino a pensar que buscaba la aprobación de sus compañeros, saliendo de la duda sobre si quedaría como un villano volviendo con Lucía. Ni siquiera se atrevió a hablar claro Fran, que se había puesto del lado de Paula desde el primer momento (“Mira lo afectada que está tu ex”, decía escuchando desde el jardín como Lucía cantaba en el salón de la casa la primera noche). Nadie acepta de buen grado correr con tal responsabilidad.

Parecía como si los habitantes de la casa hubieran tomado su número y estuvieran a la espera: Lucía esperando que terminase Omar con Fran, Paula esperando que Omar le dijera algo, y todos esperando que este culebrón terminara para poder irse a dormir. Sin haber contado con la aprobación explícita de sus improvisados consejeros, Omar se disponía a dilatar un poco más la espera de Paula volviendo a charlar con Lucía, esta vez en los balancines del jardín. Ella seguía a pico y pala, quemando sus últimos cartuchos, aunque aún se guardaba uno en la recámara. Comenzó diciendo: "Mañana hablaré con ella, le diré que estoy hecho un lío y que no quiero nada con ninguna de las dos". Pero, un poco más tarde, le terminaba confesando a su “beba” que había tomado la decisión de seguir con Paula. A estas alturas uno tenía esa sensación que solo se tiene en las grandes representaciones teatrales, de necesitar que llegue el final del acto (teatral, se entiende) para poder aplaudir. Éramos inocentes criaturas, incapaces de prever el plato fuerte que aún nos esperaba.
Las “cuatro putas horas” habían terminado desquiciando a Paula, como es natural. Entonces se decidió a salir a pedir explicaciones. Un rato antes, en el dormitorio del desierto, Fran tuvo un arranque que debieron frenar entre varios pues estaba dispuesto a entrar en el vestidor para recriminar a Omar lo que estaba haciendo. Los ánimos estaban crispados y Vitín creyó oportuno llevarse a Paula de allí, de igual modo que le conminaba después a Omar para que terminase cuanto antes y entrase a darle explicaciones a Paula. “Vete con ella ya, y dime que no me quieres, que todo ha sido mentira”, decía Lucía, sin dejar de meter presión.
Lucía llora
Cuando Omar entra finalmente en la casa, todos están en la cocina rodeando y acompañando a Paula. Es entonces cuando Azahara les pide a todos que vayan al dormitorio. Paula se queda sola frente a Omar. La soledad de ambos duraría bien poco, porque Lucía aún tenía que gastar su último cartucho, algo que hizo de forma magistral. Omar comienza diciendo que le ha costado mucho tomar esa decisión, tal vez la más complicada de su vida. Un comienzo que no pudo sentar muy bien a Paula, quien debió sentir que ganaba esa batalla a los puntos, necesitando de la foto finish. La decisión era seguir con ella, pero planteado de esa forma parece normal que Paula no estuviera segura de querer lo mismo.

“O sea, que esta tía es una mentirosa. Que eso del buen rollo era una puta mierda”, decía Paula levantando la voz. “Llevo cuatro horas esperando la puta mierda esta. Conmigo no cuentes ya”, seguía diciendo. “A mí no me grites que soy persona”, decía Omar. “Te grito si me sale del coño”, respondía. Omar recurre entonces a su chulería afirmando que no le preocupa quedarse sin ninguna de las dos porque "si salgo mañana tengo a 837”. Ni una más ni una menos. “¿A quién quieres?”, pregunta ella, recibiendo la respuesta esperada. Omar la quería a ella, o eso decía.

En ese momento se me cruzaron dos ideas por la cabeza. Me dio la sensación de que Paula estaba a punto de recular y aceptar seguir con Omar aún después de las famosas “cuatro putas horas” en que este la había estado torturando sin tener la delicadeza de acercarse a decirle una sola palabra. También pensé que Omar estaba tensando la cuerda, deseando que fuera ella la que cortase. Posiblemente por eso toma la actitud que toma. Por eso le dice que necesita respuesta esa misma noche, sin ni siquiera darle otras cuatro horas para decidirse. Omar presiona a Paula para que le diga ya mismo si quiere seguir con él. No creo que Omar planificase esto así, ni siquiera le veo con capacidad para hacerlo. Pero sobre la marcha, saliendo de las brumas de sus dudas, se le debió cruzar la idea de ponérselo difícil para ver si por un casual Paula le evitaba quedar como el canalla que deja a la chica con la que se lleva acostando dos semanas, habiéndole dado todo tipo de esperanzas incluso en las últimas veinticuatro horas, ya con Lucía en esa casa. Al día siguiente, Alejandra decía tener esta misma sensación de que Omar quería que Paula le dejara.

Ese fue el segundo error de Paula, siempre en un plano teórico y para ayudar a entender lo sucedido. Si Paula no pone objeción alguna a la decisión de Omar de seguir con ella, cualquier otra solución se habría puesto mucho más cuesta arriba. Por suerte para ella, le plantó cara a Omar. “No me mereces la pena”, le dijo, y tal vez fuera eso lo más acertado que había dicho en toda la noche. Si este había sido el teórico segundo error de Paula, enseguida vino el gran acierto de Lucía. La maniobra consistió en volver a la casa, enfrentarse a Paula con un “tú qué miras”, cuando era ella la que miraba amenazante. Se sentó junto a los dos y le contó a Paula algunas de las cosas que Omar le había dicho en el vestidor: “Dile lo que me has dicho ahí. Que sigo siendo la madre de tus hijos”. Se trataba de un misil dirigido al corazón de Paula. La estocada definitiva.

Omar recriminaba a Paula que le hablase mal a Lucía. “Estas cosas son las que me hacen dudar, porque estás teniendo reacciones que no me gustan un pelo”, decía. Mi impresión de que había forzado la máquina para que fuera Paula quien le rechazase y quedarse con Lucía se confirmaba. Esta le había prestado la ayuda necesaria para que cambiase de opinión una vez más. Lucía: “¿De verdad te gusta esta tía?”. Omar: “Hombre, ya estoy viendo cosas que no me están gustando”. Lo dicho, el golpe definitivo.

Todos los habitantes de la casa salieron en apoyo de Paula. Luis recriminó a Omar que la estuviera tratando con malas maneras. Vitín llegó a enfrentarse a Omar, momento en el que este no pudo evitar hablar de “mi piba” refiriéndose a Lucía. Juan Manuel también intentaba hacerle razonar. Al final, todos volvían al dormitorio del hielo, más cercano al salón. Allí permanecieron expectantes, de pie, escuchando todo con atención, igual que habían hecho durante toda la intensa madrugada. Cuando Paula volvía al dormitorio, sentenciaba Luis: “Ese tío no vale un duro, te lo digo yo”.

Cuando se quedaron juntos, Omar y Lucía ya eran pareja de nuevo. No tardarían ni media hora en hacer planes de vivir juntos, cosa que no han hecho nunca, y un poco más tarde llegó el primer beso. Lucía me pareció una luchadora, también me dio un poco de miedo al comportarse un poco cual protagonista de ‘Atracción fatal’. Sin embargo, Paula me daba pena. Una pena acrecentada viéndola sufrir a la mañana siguiente, apenas dos o tres horas más tarde, al comprobar que Omar había dormido en el salón y terminaba metiéndose en la cama junto a Lucía.

Por suerte, Paula contó con Mayka y sus consejos, tan escuetos como acertados. “No te merece la pena”, “Paula, mentalidad fría”, “Tú vales más que esto”, fueron algunas de las palabras de Mayka. Entiendo el dolor de Paula, y creo que solo un tarado puede pensar que estaba actuando. Pocas veces he visto tanta verdad. La imagen de esta concursante agarrándose el estómago, sin poder aguantar el dolor, un dolor que incluso aparenta ser físico sin serlo. Visto en el debate de anoche, no recuerdo un vídeo mejor que ese en la historia de este programa. Un golpetazo de realidad repleto de emociones. Tremendo.

No entendí el rechazo a Lucía la noche de su entrada en la casa y durante todo el día posterior, pero sí entiendo el apoyo a Paula después de lo visto. Omar le ha puesto en su mochila medio maletín, y en su mano está gestionar esto bien y afianzarlo. No lo conseguirá si decide explotar en exceso su papel de víctima. No importa que solo pasase doce días junto a Omar, duele igual. Ahora bien, una vez asumido lo sucedido, debería pasar página y renunciar a ser la viuda de Guadalix. Solo así tendrá opciones para mí. De momento, me ha ganado con su rechazo a Omar, su madura y honesta reacción, y la sinceridad de su dolor, capaz de traspasar la pantalla y casi conseguir que me doliera el estómago igual que a ella.

A la mañana siguiente (unas pocas horas) Omar se dirigía a todos en el desayuno en tono amenazante exigiendo no ver comentarios en grupitos. Definitivamente a este muchacho se le ha ido la cabeza. Lástima que hubiera poca respuesta, y la poca que hubo fue más para Lucía que por el absurdo discurso de él. Fran debería ser un poco más valiente y enfrentarse a Omar, también diciéndole abiertamente lo que opina de esta historia. Porque la parte más divertida de este increíble fin de semana la ha puesto el apoderado con sus conspiranoias.

Resulta que Fran opina que todo esto es un montaje de Omar y Lucía, posiblemente en connivencia con el programa y siendo Vitín el cerebro de todo. El objetivo último sería vender camisetas fabricadas por un amigo del clan de Carabanchel. Fran ha ido, poco a poco, extendiendo el rumor por la casa, llegando a convencer a unos más que a otros. En el límite de su paroxismo, Fran cree que Papirrín fue cómplice abandonando el programa para que pudiera entrar Lucía. De locura, oiga. La verdad es que Omar pretende que salga el jueves a la palestra Vitín "porque no va a salir". Mientras, Lucía demuestra mayor valentía pues siendo consciente de que no se va a poner de acuerdo con Paula está dispuesta a exponerse ella.

Hay muchos flecos más que he pasado por alto, pero ya he extendido bastante este escrito de hoy. Tiempo habrá en próximos días para seguir comentando. De momento, la madrugada del viernes al sábado vivimos la noche más larga, y la más apasionante. Gracias, Gran Hermano.
Moleskine del gato
Porcentajes ciegos
Los porcentajes ciegos ponen la expulsión entre Mayka y Xamy, que están a un punto de distancia (47,2% y 46,2%). Se salva Alejandra, con el 6,6%.
Y solo dos apuntes más que necesito hacer. El primero, que la realización del directo durante la gran noche del viernes al sábado fue modélica. Tantas veces hemos protestado por lo contrario que considero justo decirlo. Lo mismo para el resto de días. Algo ha cambiado en el directo de Gran Hermano. Bravo por ello. También felicitar al equipo del programa que en tiempo récord realizó unos vídeos de extraordinaria calidad para el debate de anoche. Naturalmente, nada es comparable a vivirlo en directo, pero pueden estar satisfechos con su fenomenal trabajo. También gracias.

Pero, sobre todo, quiero dar gracias a todos aquellos que vivieron en directo esta madrugada, compartiendo sus narraciones y opiniones. Pocas veces lo he pasado tan bien. Gran Hermano con redes sociales mejora increíblemente. Cuando recuerde esa noche os estaré recordando a todos. Sois muy grandes.