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La palanca del poder

La gala de esta noche tiene el aliciente de ver tirándose de las extensiones a Gisela y Loli, todo ello ante la mirada impasible de un Carlos que no interviene porque tiene compromisos profesionales ineludibles y una Nany que bastante tiene con hacerle el vudú a Lizzfany Emiliano Vázquez (le falta el 'de Todos los Santos').
Está claro que en el plató de Mercedes Milá se mascará la tensión mucho más que en la casa de Guadalix, donde pasaron ayer un día de los de paz de cementerio, tranquilidad solo rota por Almudena e Iván, los dos más vivos de esta historia, que desnudaron 'globalitas', les pusieron una especie de máscara como de luchador de Wrestling y las estuvieron colgando de esa guisa de una lámpara, con un cartel que decía "La mano negra de la casa os persigue". Tengo dicho que sin estos dos nos hubiéramos aburrido mucho más.
Esta noche sabremos quiénes son las tres mujeres que volverán a entrar en la casa vieja, veremos salir a un Carlitos posiblemente desolado cuando descubra que no puede ver a su mujercita porque ha vuelto a Guadalix, y presumiblemente nominarán. No haré hoy previsión de nominaciones ante la eventualidad de que fuera tan baldía como de costumbre, ya que se nos pueden cruzar las puertas y darnos en las narices, dejando sin valor cualquier quiniela. De todas formas hoy tocan nominaciones normales, y realmente sí he hecho mis quinielas. Concretamente tres quinielas distintas, que a este gato 'jugón' le gusta apostar para ganar.
La principal conclusión que saco tras este triple ejercicio de previsión nominatoria es que en los tres casos sale nominada Mirentxu. En una de las quinielas sale con Iván y Liz; en otra con Iván, Orlando y Almudena; y en la tercera con Liz y Palomares, si bien he de advertir que en esta he confundido mis deseos con la realidad. En todo caso, el que la abuela represora, enemiga de la diversión en Guadalix, esté indudablemente nominada es toda una garantía, y particularmente me tranquiliza ante lo que suceda en esta noche de gala y de fiesta donde las haya.
Les propondría a los habitantes de la casa que cantaran aquello de 'Vamos a contar mentiras', dado que hay tantas cosas que no terminan de cuadrar que esto parece el cuento del pastorcito mentiroso. Por ejemplo, no me creo a esa Mirentxu que ha insistido tanto en que se quería marchar para estar con sus nietos durante la Navidad, cuando su propio hijo le dijo sin ambages desde ese frigorífico simulado de la gala de las sorpresas algo como esto: "Pero si tú no estás nunca en Navidades en casa". La dama hará alguno de sus viajes durante estas fechas, aunque ahora decidiera utilizar ese argumento de presión. Menos mal que su hijo es 'ivanista', según propia confesión. También Mirentxu diría aquello que soltó la mañana de ayer, sobre que jamás en la vida se ha emborrachado, cuando en aquella ya lejana fiesta de la muy china Li daba vueltas por el patio de la casa vieja hasta dar con sus huesos en el suelo, y después de eso daba vueltas como una peonza en el baño, con los ojos casi en blanco. Por eso yo a esta abuela no me la creo.
Liz debería contar su método para llorar de forma tan obvia, que a veces pareciera como si las lágrimas brotaran por aspersión. Y además la historia esa de que está separada de su hijita por su participación en Gran Hermano, cuando ya sabemos que lleva meses sin verla porque de un concurso de modelos que le llevó a China se fue a Holanda de marcha una semana, convencida por una amiga, y allí conoció a un chico del País Vasco tras el que llegó a nuestro país. Esto lo contó ayer Gisela en AR, y por todo ello a esta modelo internacional no me la creo. Tampoco me creo a un Julito que empezó entrando a todas las chicas, diciendo que si terminaba la noche sin haber conseguido el teléfono de alguna mujer no le había merecido la pena salir o haciendo un striptease a la primera de cambio. Pero ahora está pegado a las faldas de su abuela postiza, atendiendo a sus ordenes, haciendo caso a la indicación amenazante de: "Cuidadito con lo que haces", que le hizo Mirentxu la noche del domingo. A este buen chico tan formal tampoco me lo creo.
A los demás les creo a veces sí y otras no tanto. Lo de Palomares es realmente tan singular que hasta puede ser verdad. A Almudena le sobra que insista tanto en que ella es clara y va con la verdad por delante porque ya la hemos visto como decía una cosa a las espaldas de Gisela y otra delante de ella, y lo mismo en otras ocasiones. Iván creo que exagera a veces sus buenas intenciones, lo cual ni le beneficia ni creo que lo necesite. Y a Orlando me lo creo siempre, para su desgracia. También me creo siempre a todos cuando ante una discusión en la que el impulso natural parece el de intentar mediar y templar los ánimos, todos permanecen silentes, como si nada de lo que pasara a su alrededor fuera de su incumbencia. Dirán que no va con ellos porque es la discusión de otros, pero está provocada por algo importante para todos, y además si mediando se puede ayudar a dos compañeros no está justificado tanto silencio. Pero algunos tienen un instinto de supervivencia tan desarrollado que personalmente me deja pasmado.
Como siempre pasa, hay algunos de los contendientes de esta lucha por el botín que adoptan un papel de comparsa y otros que deciden ejercer el poder. Hay muchas formas distintas de ejercer este, y también infinidad de motivaciones para decidirse a luchar por el poder. Menciona siempre Eduard Punset el llamado 'Experimento de Seligman', una muestra clara de hasta qué punto puede ser útil ostentar el poder. Este experimento, realizado por el psicólogo Martin Seligman, consistía en lo siguiente:

«(...) someter a cinco ratones, cada uno en su cubículo, a una intensa descarga eléctrica totalmente aleatoria, es decir, impredecible para los ratones. Sin embargo, uno de ellos tenía en su espacio una palanca que, movida con acierto, desconectaba la corriente eléctrica de todos los ratones. En otras palabras, la única diferencia entre los cinco ratones era que uno de ellos tenía una palanca y, a veces, le daba la sensación de que, de alguna manera, controlaba la situación. Pero al final del experimento, todos los ratones habían recibido el mismo número de descargas y de la misma intensidad. (…) A las seis semanas, el sistema inmunitario de cuatro ratones se había desmoronado, su sistema emocional estaba exhausto y la depresión acabó con sus vidas. El ratón que disponía de la palanca y que, ocasionalmente, podía tener sensación de que ejercía un amago de control sobre lo que se le venía encima a él y a sus compañeros de cautiverio murió igual que los demás, pero muchos meses después».

Está claro que algunos en esta casa habrían renunciado a ejercer ese supuesto privilegio de mover la palanca del poder, mientras que otros lo harían con sumo gusto. La actitud de los primeros sería equiparable a la de la indefensión aprendida, o adquirida, que es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, la persona permanece pasiva frente a una situación dolorosa o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias. Quienes optaran por esta vía, no ejercerían el poder sino que se protegerían de los ataques ajenos mediante la asunción de esa realidad.
¿Quiénes serían víctimas y quiénes presuntos verdugos en Guadalix? Si soy sincero creo que claramente algunos como Mirentxu o Liz se asirían a la palanca del poder de forma firme y convencida, sin soltarla nunca. Mientras que Orlando o Iván se ejercitarían en aprender a creerse indefensos. Y otros, como es natural, simplemente asistirían al derrumbe irremisible de su sistema inmunitario. Estos últimos son aquellos que simplemente están, pero no actúan si no es en cosas de importancia relativa, como es el mantenimiento o la intendencia.
Hay otros experimentos que muestran más a las claras la tendencia a ejercer el poder de forma opresora, incluso llegando a convertirse en auténticos tiranos torturadores, como el 'Experimento de la cárcel de Stanford'. Para su desarrollo se reclutaron voluntarios que desempeñarían los roles de 'guardias' y 'prisioneros' en una prisión ficticia rodeada de cámaras (como en Gran Hermano), lo cual demostró el celo auténticamente sádico de la mayoría de aquellos que tenían el rol de guardias. Llegaron incluso a enfadarse seriamente cuando el experimento fue cancelado al comprobar que se les había escapado de las manos. Las consecuencias violentas y desagradables de este experimento hacen que personalmente prefiera otro, a mi juicio más interesante, que además describiría mucho mejor el papel sumiso de quienes ni accionarían la palanca de poder ni se ejercitarían en la indefensión aprendida, o sea los obedientes (Julito y Palomares).
Me refiero al 'Experimento de Milgram', realizado en los años sesenta por el joven psicólogo Stanley Milgram. Consistió en poner un anuncio en prensa solicitando voluntarios para el experimento que en teoría tenía como objeto evaluar la memoria pero realmente pretendía poner a prueba la obediencia o la resistencia a la autoridad de los participantes. Se empareja en habitaciones separadas a los voluntarios, dándoles el rol de 'profesor' y 'aprendiz'. El 'profesor' formula una pregunta y debe castigar al 'aprendiz’ por cada respuesta incorrecta con una descarga eléctrica, que ve incrementada su potencia cada vez. El investigador va dando las instrucciones, convirtiéndose por tanto en autoridad de referencia para los participantes. La tarea del 'profesor' se vuelve cada vez más dura, en la medida que aparecen los primeros gritos y, por consiguiente, la conciencia de estar infringiendo dolor. Cuando algún participante dice querer abandonar, el investigador insiste relajadamente diciendo: "El experimento requiere que continúes"; o simplemente: "Venga, continúa". Estas simples frases son suficientes para que un 65% de los participantes lleven el experimento hasta el final, decidiendo abandonar tan solo unos pocos, a pesar del progresivo aumento de los gritos de los 'aprendices'.
El secreto de este experimento es que el 'profesor' voluntario no sabe que el 'aprendiz' a quien teóricamente está maltratando es un actor, cuyos gritos y supuesto sufrimiento es pura comedia. Muchos expertos consideran que el experimento que cuento ofrece una explicación a la obediencia ciega de la mayoría de alemanes durante el nazismo. La escenografía era además un factor muy importante, ya que al situar a los participantes en habitaciones separadas había un factor de distancia tan importante como el de la autoridad. En la medida que el sufrimiento que estén infringiendo con sus actos se manifieste en alguien más alejado todo se torna más fácil. En definitiva sufrimos más por las consecuencias de una catástrofe natural cercana, por ejemplo, que si esta se da en el otro extremo del planeta. Aunque en nuestro experimento real todos comparten espacio, y además son ellos los que tienen la palanca más importante, pudiendo decidir si ejercen el poder y de qué manera, o si prefieren ejercitarse en la indefensión aprendida, o igual lo suyo es pura obediencia debida, que de todo hay.
Y termino recuperando la costumbre de apuntar dos detalles que me han llamado la atención de lo sucedido en las últimas horas. Ayer, Liz decidió cocinar ella un plato tradicional caribeño, ocasión que nos brindó la extraña situación repetida en más de una ocasión de que Mirentxu se prepare su propia comida, por lo general unas pechugas de pollo. Me resulta llamativo porque parece como si la donostiarra no quisiera comer nada que no haya cocinado ella, pero especialmente porque está en contradicción clara con su predicamento del otro día sobre que había que tener un orden en la cocina y Liz no podía comer hamburguesas cuando los demás comerían una vez más croquetas. El otro detalle nos muestra un fino dominio de la ironía tanto en Iván como en Mirentxu. Cuando esta se iba a acostar anoche aquel le deseaba buena noche diciéndole: "Que descanses, Mirentxu"; a lo que ella respondía: "Si me dejáis". Adorable, ¿que no?
[Dejo nuevo vídeo en 3D, como siempre obra de AFFLECKDAVID, que en este caso aborda el asunto de la repesca, y que también puedes encontrar en MiTele, desde donde te lo puedes llevar a tu web o blog e incluso mandarlo por correo electrónico.]