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Nuestro punto de vista

La que esperamos será la edición número once. El once, quinto número primo, entre el 7 y el 13. El once es un número que no aparece nunca en simbología cristiana. Digamos que es una cifra maldita y pecaminosa. Tras la traición de Judas Iscariote los apóstoles quedaron reducidos a once, aunque he de decir que lo mismo podría decirse del diez si contamos la traición del negacionista Pedro. Ya dijo San Agustín que: "El once es blasón del pecado".
En nuestra cultura moderna, once son los jugadores de un equipo de fútbol y ONCE es el acrónimo de una sociedad que da trabajo a los ciegos españoles. Si nos remitimos a fechas que incluyan ese número nos encontraremos algunos de los días más negros en la historia del planeta los últimos cuarenta años. Desde el Golpe de Estado contra el Chile de Allende en septiembre del 1973 hasta el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, ese mismo mes pero de 2001. Y cómo no, pasando por la trágica jornada de marzo de 2004 en Madrid.
Pero en el calendario siempre hay más de una efeméride para lamentar o para celebrar, independientemente del día de la fecha. Por tanto, me quedo con el simbolismo de disciplina y trabajo en un equipo del fútbol, o el de las buenas obras de la organización que agrupa a los invidentes. Y, por supuesto, el pecaminoso que le otorga la iglesia católica. No en vano en Gran Hermano reclamamos siempre cercanía y hasta el posible ayuntamiento entre concursantes; solo sea para poder hablar de ello, y aunque no seamos testigos directos de la cópula.
No estoy seguro que nuestros deseos para una próxima edición sean siempre idénticos. Mantengo la teoría que tras una edición edulcorada, llena de amor (y ayuntamientos de esos), reclamamos una algo más polémica y animada. Es tan solo un ejemplo, y de la misma manera podemos hablar de que tras la edición de la estrategia debía venir la de los incorrectos. O que tras esa convulsión con trazas de pulso a la autoridad debía aparecer el buen rollo y la corrección. Los más fieles seguidores de este programa habrán sabido identificar en cada una de estas parejas las ediciones en qué estaba pensando. Por tanto, ¿qué toca ahora? ¿cómo podríamos definir la última edición?
Como bastante tengo con representarme a mí mismo diré lo que me sugiere la décima edición cuando han pasado ya más de seis meses desde su fin, nada menos que medio año largo. Para mí fue la edición de la sorpresa, el inesperado reencuentro con el Gran Hermano de las percepciones, el que se vive con los sentidos y la emoción a flor de piel. Fue una de las ediciones más reales y emocionantes de las vividas por este veterano gato. Podría desarrollar la explicación ocupando decenas de párrafos, pero no es el objeto de esta anotación. Eso sí, tengo interés en hacer alguna aclaración, siendo consciente de haber sido malinterpretado en ocasiones anteriores.
Cuando digo que fue una sorpresa reencontrarme con un Gran Hermano real, emocionante, lleno de sentimientos y percepciones, no quiero decir que hubiera renegado de este formato en ningún momento. Sucede que tras nueve ediciones, siete de las cuales vividas con abundante (y creciente) intensidad, quizá cometí el error de perder algo de fe en la posibilidad de que apareciera un tipo generoso, como Iván Madrazo. Alguien que mostrándose como era, algo tan simple y tan complejo a un tiempo, hizo que agradeciera el momento que decidí seguir haciendo esto y, por tanto, siguiera viviendo el programa con gran intensidad. Gozosa intensidad, en este caso.
No hace falta decir que el canto del urogallo nos atrapó a muchos, como pocas veces antes nos había sucedido. Tampoco he de aclarar que no todas las ediciones son igualmente entretenidas, fantásticas y perfectas como para algunos resultó la última. Lo cual no quita para que cada una tenga su historia y nos haya dejado un recuerdo particular e inimitable. Pero volviendo a la pregunta planteada por mí mismo un par de párrafos más arriba, ¿qué esperamos de la próxima edición?
Particularmente no espero que me vuelva a sorprender alguien como lo hiciera Iván, quizá porque sin esperarlo quizá pueda haber más posibilidades de que lo encontremos. Espero, eso sí, volver a sorprenderme. Y, sobre todo, espero no volver a encontrarme con la mezquindad de algunos personajes más destructivos que otra cosa, empeñados en ensombrecer a otros con mucha más luz que ellos, empleando una de las expresiones favoritas del último ganador. Me gustaría encontrar más gente de verdad, que pueda convencerme de que lo de la décima edición no fue un accidente, y aún hay quien nos puede hacer sentir desde el interior de esa mágica casa de Guadalix.
Tal vez es en esta ocasión la primera vez que pido más de lo mismo, aún siendo consciente de lo difícil que está la cosa. Superar lo que para muchos de nosotros fue la última edición es tarea complicada, aunque por soñar que no quede. El año pasado convoqué a nuestros amigos para que nos dijeran lo que esperaban del próximo Gran Hermano. Las conclusiones fueron tan interesantes que me permitiré volver a repetir la experiencia. Entonces titulé 'Que nos hagan sentir' porque eso había sido lo más reclamado por nuestros amigos en los comentarios. Pues bien, ¿que le pides hoy a Gran Hermano 11? Daré en esta ocasión algo más de plazo y hasta dentro de casi un mes no recopilaré vuestros comentarios, que espero acompañen a esta y siguientes anotaciones.
Al tiempo que reclamo vuestro punto de vista sobre qué esperamos de GH XI (no me resisto a emplear esta notación de los cardinales como números romanos), tenemos nuestra mirada puesta en los castings que siguen llevando su rumbo en estos días. En un reciente encuentro del equipo que realiza esa labor con los medios de comunicaciones e incluso con todos nosotros en esta misma web, pudimos escuchar historias interesantes y algún que otro adelanto de lo que esperan ellas (eran todas mujeres) encontrar en las pruebas de selección que siguen realizando.
De ese encuentro, que anunciamos aquí el mismo día que se producía, destaco un ramillete de cosas dichas por Lola, una de las 30 personas ocupadas en hacer posibles las pruebas de selección de concursantes, y que coincide bastante con que apuntábamos hace menos de un mes:

"Vemos a mucha gente. La primera entrevista es de unos dos minutos, en la cual seleccionamos un poco por intuición. Luego pasan a prueba de cámara, que consiste en una entrevista en la que les preguntamos cosas sobre la persona, su vida y trayectoria. Un poco para hacernos una idea. Para entrar en Gran Hermano hay que ser uno mismo, y no vender nada que luego no seas capaz de mantener porque es un casting muy exhaustivo y largo, donde hacemos muchas pruebas, donde miramos a la gente con lupa, y si nos venden una cosa que luego no es lo vamos a ver. Por eso es importante ser uno mismo".

"El casting de Gran Hermano es un crisol, un reflejo de lo que es realmente la sociedad española. Se presentan desde amas de casa hasta estudiantes. Gente que está pasando problemas económicos, el año pasado se notó mucho el problema de las hipotecas. Gente muy joven y personas mayores. De todo".

Lola recuerda haber entrevistado a algunos de los que luego fueron concursantes en las distintas ediciones, ya que lleva haciendo esta labor desde la primera. Israel, Chiqui, Kiko Hernández, Carlos 'yoyas' o Aída pasaron por sus manos, por ejemplo. Del concursante de Hospitalet recuerda que se definió durante la prueba de cámara como "inclonable". Y sobre Aída cuanta que durante su entrevista le preguntó si tenía una aspirina y cuando la aspirante a concursante le preguntó por qué contestó que le estaba levantando dolor de cabeza. Con un par.
Desde la primera edición, unas 700 mil personas han aspirado a entrar en la casa de Gran Hermano. Esta vez la cifra ha llegado a los 50.000, con esta distribución por comunidades autónomas: Andalucía (19,88%), Cataluña (17,78%), Madrid (13,61%), Valencia (12,74%) o Canarias (8,25%). Y esta es por provincias: Barcelona (14,05%), Madrid (13,61%), Valencia (6,74%), Las Palmas (5,25%), Sevilla (4,76%) o Alicante (4,71%). Naturalmente, el resto están menos representadas que las señaladas.
Y un último apunte por hoy. En ese ojo que ocupa la imagen de esta anotación se ve a Mercedes Milá reflejada. Aunque ella lo niegue, sin su presencia todo esto no habría sido posible, o cuando menos no habría sido igual en absoluto. Es tanto lo que pone en este programa que hasta la elección de su vestimenta levanta gran expectación. Hace unos años fueron los chalecos, la temporada pasada los trajes regionales genialmente tuneados por Mayte Méndez de Vigo, y este otoño... hmmm... creo saber en qué va a consistir la sorpresa. Pero no creo que pueda ni deba contarlo todavía. Es sorprendente, esto sí. Y mucho, además.