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El rechazo original

La doctrina del rechazo original tiene su origen en la mitología griega. Zeus estaba preparando el banquete de boda para Peleo y Tetis, pero no invitó a Eris pues ella tenía fama de "causar problemas" (lo cual termina provocando indirectamente la Guerra de Troya). Eris es la diosa de la discordia, y así es precisamente como se llama en la mitología romana: Discordia. Su opuesta en la mitología griega era Harmonía y en la romana Concordia.
Esta diosa griega da origen a toda una moderna religión: el discordianismo. Además, filósofos como Schopenhauer teorizaron sobre la dialéctica erística y, aunque parezca una excentricidad de quien esto escribe, tiene mucho que ver con lo visto en ocasiones en la casa de Gran Hermano, en particular con aquello que llevamos narrando y analizando en las últimas semanas.
Algunos de los concursantes de esta edición llevan el sambenito de un pecado que les ha sido impuesto de forma infundada. La gracia otorgada les hace merecedores del rechazo original, algo decidido por un grupo no necesariamente numeroso de la casa, ni siquiera es preciso que tengan mayor poder que el resto. El simple hecho de marcar a fuego a un compañero con semejante castigo les da un poder efímero y limitado, al ser la audiencia quien decide si es una fama merecida o no. Iván ha sido el más señalado como problemático, sin que en ningún momento sus inquisitoriales verdugos hayan sido capaces de argumentar las razones que podrían sostener esa acusación. Anoche, sin ir más lejos, en un capitidisminuido debate, Belén Rodríguez apremiaba a Nany para que explicara las acusaciones de egoísmo y prepotencia vertidas sobre este concursante, y lo único que se le ocurría decir a esta es que le quitó la guitarra a Gisela en la prueba del videojuego del karaoke. Hablar de inconsistencia es decir poco.
El problema es hasta qué punto esa dialéctica erística de la que hablo puede llegar a trasladar a la audiencia votante una imagen falaz de la realidad. Para ayudar a entender la teoría que hoy me ocupa, cito un párrafo del ya mencionado Schopenhauer:

La dialéctica erística es el arte de discutir, pero discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente -por fas y por nefas-. Puede tenerse ciertamente razón objetiva en un asunto y sin embargo, a ojos de los presentes y algunas veces también a los de uno mismo, parecer falto de ella. A saber, cuando el adversario refuta mi prueba y esto sirve como refutación misma de mi afirmación, la cual hubiese podido ser defendida de otro modo. En este caso, como es natural, para él la relación es inversa, pues le asiste la razón en lo que objetivamente no la tiene. En efecto, la verdad objetiva de una tesis y su validez en la aprobación de los contrincantes y los oyentes son dos cosas distintas.

"La verdad objetiva de una tesis y su validez en la aprobación de los contrincantes y los oyentes son dos cosas distintas", dice el texto citado. Es decir, puede no ser cierto que Iván sea un egoísta prepotente (ser irónico ya hemos convenido que no es malo sino más bien al contrario), pero eso no basta para que sea una verdad admitida por algunos habitantes y, por consiguiente, en parte de la audiencia. Doy por sentado que ni ellos mismos están convencidos de lo que dicen, sino que obran obligados por su propio argumento, en la necesidad de que "su afirmación prevalezca sobre las otras, aunque momentáneamente llegue incluso a parecerles falsa o dudosa" (de nuevo Schopenhauer).
De entre los inquisidores que aún conservan vida virtual (o sea, permanecen en el concurso), es Mirentxu la más abnegada en el esfuerzo dialéctico, aunque las (autodenominadas) 'supernenas' no se quedaron muy atrás. Aquí el problema es que se han buscado un contrincante, el Eris de esta historia, que no demuestra poner gran empeño en mantener un discurso dialéctico ganador. Iván se refugia en el análisis hecho con aquellos que le son afines, quizá en la confianza de que les tiene ganados de antemano. Se podría decir, por tanto, que es perezoso en el enfrentamiento dialéctico, prefiriendo la retórica del monólogo en compañía, que se supone le motiva más que un inútil soliloquio. Esto le puede estar perjudicando ante aquellos susceptibles de dejarse guiar por la fuerza de la dialéctica en lugar de la importancia de la verdad auténtica. Si bien es cierto que la verdad no existe, pero ese sería otro asunto.
Este gato se inclina a pensar que el modelo cántabro tiene un concepto más lúdico del juego que algunos otros, lo cual le lleva a defenderse cuando encuentra como motivación su propio entretenimiento. Esto le hace muy poco jugador, lo cual le está restando atractivo a los ojos de algunos, entre los que me encuentro. No creo que deba renunciar a jugar, como lo está haciendo, porque eso quiere decir que no sabe bien donde está y a lo que ha ido. Esto que critico es indicativo de su escasez de maldad, la pureza de sus intenciones y la inocencia de sus actos. Todo lo cual le hace un mal concursante, pero también un concursante inocuo para el resto, dado que nunca ha mostrado intención de dañar conscientemente a ninguno de ellos, lo cual no se podría afirmar en el sentido contrario.
El pasado viernes, por ejemplo, mantenía un diálogo con Mirentxu que transcribió aquí nuestro Senador, y donde sí utilizó la dialéctica, poniendo en marcha su máquina de la ironía de forma realmente efectiva. Así pasó que le fue dando revolcones a la donostiarra, ganando por puntos y quedando esta al borde del KO. En esa conversación, Miren intenta poner en evidencia al que llama "marqués", quedando evidenciada la "condesa", según la llamó Iván. Ella pretende quedar como la cocinera esclavizada que duerme junto a la lavadora, cuando todos sabemos que cocina (ella y sus "pajes", también según el modelo) porque quiere y ella misma ha elegido dormir en el cuarto de maletas, arrastrando a Palomares y Julito, en lo que no deja de ser algo falto de generosidad, ya que probablemente esa mayoría de la casa que duerme en el dormitorio (como debe ser) echan más en falta a los ausentes al no irse llenando sus camas (como podría haber sido).
Mirentxu no solamente utiliza argumentos falaces sino contradictorios. Se divierte con Iván pero dice detestarlo, igual que se ríe cuando azuza a los demás a que sumerjan en el jacuzzi a un compañero y ella cae al piso huyendo en el momento en que solamente la salpican y luego dice que le ha sentado mal y hasta se enfada. Pero lo más destacado es que se ha quedado anclada en el primer reproche, aquel que provocó el rechazo original para ella. Iván es un juerguista a quien le gusta vivir la noche, dice la 'yaya'. Esto último es cierto, lo que sucede es que ni siempre que anda despierto en la madrugada está de juerga, ni estarlo tiene por qué ser malo.
El pasado sábado, sin ir más lejos, salía a fumar un cigarrillo a altas horas de la madrugada, huyendo del calor asfixiante de un dormitorio en el que casi todos dormían destapados completamente. En silencio se levantaba, se ponía la petaca y se sentaba en una silla en el quicio de la puerta que da salida al jardín. Fue un momento revestido de esa magia de la que tantas veces habla él mismo. Se encendió la luz de fuera, luego la de dentro, y hasta parecían hacerle un guiño las luces, cambiando de forma especialmente veloz de color, lo cual le provocó una leve sonrisa.
Pero Mirentxu sigue protestando de que trasnocha y a ella cualquier cosa que sea dormir más allá de las once y media o doce le parece un escándalo. Tal es su talante castrador que llevo días observando una maniobra curiosa en Palomares, que se acuesta con su abuela adoptiva y cuando esta comienza a roncar (muestra de que ya está dormida) se vuelve a levantar para atiborrarse a galletas con crema de cacao. No sé si es peor lo de uno o lo del otro, que demuestra así lo pusilánime que puede llegar a ser.
Si hacemos historia, tenemos muy fácil encontrar los responsables del rechazo original hacia Iván. Esta es una guerra que ha tenido dos capitanes generales: Carlos H. y Mirentxu. El primero preparó el caldo de cultivo para que a su llegada a la casa nueva tuviera el mal recibimiento que tuvo. Sus razones eran tan peregrinas como aquella de las playmates que nunca se pudo ligar. La segunda continúa recordando de forma aviesa una discusión que tuvo con él cuando apenas llevaban una semana en la casa. ¿La razón de la discusión? Que Iván se acuesta tarde y además se ríe por la noche. Acabáramos.
No hay otra, la historia es tal y como la cuento. A estas alturas, Mirentxu aún sigue en ese bucle y protesta día sí y día también porque hay otros que se acuestan tarde. Ayer le reprochaba a Liz haber estado metida en la juerga, si se descuida la hace partícipe del rechazo original. Lo peor es que aducía no haber podido dormir, cuando el Gran Hermano les había despertado casi a las once de la mañana, y los juerguistas habían plegado sobre las tres. O sea, ocho horas enteras y verdaderas. Ocho completas horas para dormir a pierna suelta, y aún dice que no ha dormido nada. ¡Mentira! Que se lo pregunten a Palomares, que duerme a su lado acompañado por la nada dulce melodía de sus ronquidos. Claro que aquí hay quien se levanta a las nueve de la mañana para limpiar o hacer que limpia. Algo que nadie les ha pedido, y no están obligados a hacer.
Luego está ese Orlando siempre tibio y con el culo entre dos sillas. O un Carlitos que parece ese Grenouille de la novela 'El perfume', escrita por Patrick Süskind, tan sugestionado por su olfato, según se ve. A Gema, su mujer, le repitió varias veces aquello tan poco agradable de "hueles a bacalao" y ahora se permite el lujo de dudar aparentemente de la validez de nuestros votos, cuando el martes pasado no se le ocurrió otra cosa que decir "esto ya huele", tras conocer que había sido Nany la expulsada. O esa Gisela que puso el grito en el cielo cuando Liz pudo sugerir que había aumentado algo de peso, y ahora no para de repetir que está muy gorda y debe recuperar su línea, llegando quizá a la exageración.
Es curioso ver ahora como niegan haber crucificado sin razón a Liz. No es que pueda haber razón en ningún caso, pero además la realidad ha demostrado incluso que la dominicana estaba en lo cierto. Ella dijo que, según lo veía, a Loli sí le gustaba Carlos 'soylapera' y que creía que podrían llegar a algo en algún momento. Nany enfureció y lamentó setenta veces siete no haberla nominado al no conocer que había dicho tal cosa. La propia Loli la acusó de fabuladora y Gisela las secundó a las dos. Hoy ya sabemos que Liz no decía ninguna tontería, razón por la cual Gisela pagará sus culpas y las de las otras dos, que al haber sido expulsadas anteriormente ya poco pueden pagar.
Los porcentajes ciegos, de hecho, hablan por sí solos, y son suficientemente claros. El más votado está en esa franja parecida a los anteriores, con un 62,4% de los votos, seguido del 27,3% y el otro lleva el 10,3% restante. Lástima que una vez más nos quedaremos sin saber de quien es el menor de los porcentajes. En cualquier caso, tenemos hasta el martes para volver a mandar a Guadalix el mensaje de que no hemos sido contaminados por la dialéctica erística empleada por algunos, los mismos que luego se extrañan de que haya quien vuelve cada semana de la sala de expulsión. En nuestra mano está volverles a decir que nosotros ya nos hemos enterado quien representa la discordia y quien la armonía y la concordia.
[Mañana a las 12.30, Nany te responde en un nuevo Encuentro digital, para el que puedes dejar ya tus preguntas. Dejo cartelera, con la princesita Gisela, a la que Chiqui ha coronado y destronado de forma sucesivamente repetida.]
MONTSE JUANILLA & ELGATO