Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Augurios

Ha llegado el día. Ya no podemos alargarlo más, ya no queremos que el tiempo pase despacio, ya estamos todos preparados para saber si tanta ilusión merece una recompensa.
Los antiguos "leían" signos en la naturaleza cuando les agobiaba la incertidumbre. Algo de eso os voy a proponer que hagamos hoy.
Una persona muy especial para mí recibió ayer por la noche, como si del mejor augurio se tratara, la noticia que llevaba tiempo esperando: había llegado un riñón para su cuerpo esclavo de diálisis y sueños.
Por fin, esa llamada que abre una inmensa puerta a la esperanza, sonó y todo el mecanismo de un trasplante se puso en marcha. El conocía con precisión todo lo que ocurriría, a partir de ese instante, porque juntos habíamos hecho, hace ya muchos años, un programa de televisión sobre ese tema y Jóse, lo saben quienes le conocen, tiene una memoria de elefante. Estoy segura de que habrá acertado cada uno de los pasos que los médicos han ido dando y también lo estoy de que ahora no podrá dejar de tener presente a ese ser humano anónimo - siempre desconocemos quién ha sido - que con la donación de su órgano, le permitirá ver, desde un rincón del Hospital 12 de Octubre de Madrid, el partido de España y Alemania con otro estado de ánimo, con otros ojos.
Cuando se realiza un trasplante ese órgano imprescindible funciona en el nuevo cuerpo tratando de que nadie lo rechace, de que le dejen demostrar que va a hacer, en su nueva casa, la vida mucho más fácil.
Como si mi cigüeña lo hubiera traído en su pico, ha llegado ese riñón tan esperado y junto a él, gestado por millones de deseos que han fabricado ya una victoria, tendrá que llegar nuestro otro sueño, nuestro resultado.
Mi cigüeña vuela en línea recta con el pico cargado de ilusiones. Coloca sus patas para que nada le retrase la llegada a ese nido que se llenará de vida. Despliega sus alas y se aproxima a su destino con la certeza de que ese lugar será su casa y la felicidad de sus crías. Esa cigüeña tiene que traernos la alegría que todos los españoles y los que no lo son pero como si lo fueran, queremos celebrar esta noche.
Mi amigo llegó a dudar de que algún día sonara el teléfono que le anunciaría el futuro con salud y ahora, relajado, expectante, se limita a observar los signos de vida nueva que va dando su cuerpo mientras llega el momento, cada minuto más cercano, en que el árbitro dé por comenzado ese partido histórico que nos está haciendo soñar a todos.