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"Azahar y manzanilla"

Ayer celebré mi 58 cumpleaños en una ciudad que me entusiasma: Sevilla.
El Domingo de Ramos es un día muy especial en esta ciudad que vive todo el año pensando en la Semana Santa. En Sevilla hay un bar muy pequeño, La Fresquita, en la calle Mateos Gago, que es la quintaesencia de su Semana Santa. Entre cientos de preciosas fotos de Vírgenes, Cristos y pasos que preñan sus cuatro paredes, una pequeña pizarra indica los días que quedan para el comienzo de una semana única; ayer escribieron un 1.
Cuando vuelvan a abrir el Lunes de Pascua la cifra será: 365 ¿no os parece maravilloso?; 365 días para la siguiente Semana de felicidad absoluta.
Ayer casi todos los que estábamos en Sevilla podíamos sentir la emoción y cuenta atrás que se vivía en sus calles. Si me permitís el simil era como la tensión de esos atletas que se colocan con cuidadosos gestos mil veces repetidos en la linea de salida de una carrera de atletismo para la que se han entrenado hasta la extenuación.
Son cientos las personas que en nuestro país tienen esta semana un papel que cumplir: tod@s l@s que tienen un compromiso, tod@s los que han echado muchas horas para que estos días sean "su" Semana Santa.
Como estas tres niñas. Tres niñas que sienten con devoción su participación en una de las procesiones que saldrán en tantas calles de España envueltas en el olor de azahar, incienso y cera.
Me gusta imaginar el afán de sus madres que las han vestido y repeinado con esmero, les han colgado el rosario al cuello, les han puesto esos guantes de rejilla negros, esos primeros tacones, esa peineta chiquita amarrada a la cabeza con horquillas asesinas para sujetar una mantilla que guardaban en cajas de naftalina como un tesoro de la familia. Cuando hice esta foto no existía este Bolo ni se me había pasado por la cabeza que un día me ayudaría a expresar esta explosión devota de cada primavera y hacerlo, además, por escrito compartiendolo con tod@s vosotro@s.
Ayer me olvidé de los espejos del probador y brindé con manzanilla helada por un nuevo año de ilusiones y esperanzas. Quienes me acompañaban saben que no hubiera sido fácil encontrar un lugar mejor que esa mesa en "Robles" en la calle Placentines para compartir el paso de la vida.
Tuvimos tiempo de comer pero no pudimos entretenernos porque la calle iba a ser el escenario de inminentes momentos mágicos de pasos engalanados, piés y hombros dispuestos a llevarlos hasta las estrellas, balcones revalorizados y gente, mucha gente sedienta de volver a vivir lo inolvidable.
Este año no quería más que un naranjo cuajado de azahar y una copita de manzanilla y eso fué lo que tuve. Eso y mucho cariño: no lo cambiaría por nada.
Hoy ya en Madrid he participado en un programa de televisión en inglés. Me explico: la cadena VEO ofrece unas curiosas clases de inglés que no creo que tengan precedentes en las que Richard Vaughan, profesor americano de idiomas, mantiene una conversación en inglés con un invitado al plató frente a las cámaras y a través de ella va impartiendo su clase. Creo que ya lo he dicho alguna vez pero lo repito: sigue siendo para mi un inmenso placer ser capaz de entender y poder hablar en inglés. Lo aprendí siendo ya muy mayor, me costó Dios y ayuda - fundamentalmente la de Anthony Withers, el mejor maestro posible - pero desde que logré hacerme con él lo suficiente, no ha dejado de darme momentos de felicidad a diario. Poder leerlo, poder comunicarme e incluso poder trabajar en inglés es de las grandes satisfacciones de mi vida.
Hoy el profesor Vaughan me ha hecho un gran regalo porque me ha dicho que me aprobaba. El no sabrá nunca hasta qué punto me ha hecho tocar el cielo con las puntas de mis dedos...
A tod@s l@s que os habéis acordado de mi cumpleaños, gracias de corazón. Un nuevo 5 de Abril ha caido al saco y , por suerte, tengo salud y gente que quiero para compartirlos.