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¿Podemos? ¡Hemos podido!

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Puedo pasar horas mirando esta foto.
Puedo meterme en la piel de Casillas y jugar a sentir.
Quiero hacerlo y con tod@s vosotr@s lo voy a hacer.
Ese grito me sale de lo más profundo del alma. Miro hacia el cielo negro de Viena y cierro los ojos para acunarme con las gargantas que me siguen.
Mis manos sujetan una Copa soñada de la que cuelgan esas cintas que unifican a mi pueblo, a mi gente. Es ligera y tiene la consistencia y el peso justo para que quepamos tod@s. Os llevo a tod@s al cielo, a todos metidos en esa Copa.
Hay momentos que deberíamos poder congelarlos para reutilizarlos cuando la vida vuelva a pegar duro.
Hay momentos que hacen el milagro de la unión casi completa de millones de gentes que sienten lo mismo. Esos momentos de alegría profunda son la mejor siembra para la convivencia. Ojalá pudiéramos hacerlos durar hasta que crearan una raíz profunda que impidiera que ningún contratiempo arrancara ese árbol nuevo e inmenso.
Esos momentos están en cada poro del cuerpo de Casillas. Su cuerpo es nuestro cuerpo. Sus manos nuestras manos. Su garganta nuestra garganta y sus ojos cerrados al cielo son nuestros ojos que ayer no perdieron ni un segundo de un partido que nos unió en una de las mayores alegrías colectivas que podemos recordar.
El fútbol se convirtió en ese totem que todos los pueblos necesitan para bajar la guardia por un rato y permitirse esa alegría liviana y dulce que le aleja preocupaciones y miedos por un puñado de minutos.
Todo eso estuvo en manos de nuestros jugadores y de todo el equipo que nos representó en la Copa de Europa, todos.
Cuando escuché al Presidente del Gobierno en el Telediario de mi hermano declarar con su característico optimismo al principio de esta Eurocopa: "Vamos a ganar", pensé que se estaba pasando. Anoche me acordé mucho de esa frase y ahora deseo que pongamos las mismas ganas y el mismo empeño en superar la asquerosa crisis económica que dejará en la cuneta a muchos de nosotros.
Ojalá acierte el Presidente y las consecuencias de la salvaje subida del petróleo y el pinchazo destructor de la burbuja inmobiliaria, puedan ser amortiguadas por acciones tan inteligentes y brillantes como las jugadas de nuestros chicos ayer en Viena.
Podemos? Hemos podido; intentémoslo con todas nuestras fuerzas. Quizá podamos.