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Mi sastra

Mi padre siempre nos contaba que en el frente, durante la guerra civil, aprendió a coser. Cose sobre todo cuero, le he visto muchas veces remendarse sus propios zapatos pero puede coser muchas otras cosas. Ser capaz de coser puede significar, en un momento dado, salir airoso de una situación incómoda. Coserse un botón, por ejemplo, te puede dar la vida.
A mí me gusta coser, me enseñaron en el colegio y en mi casa. De los seis hermanos que somos las cuatro chicas aprendimos y los dos hombres no; mi padre cosió en el frente pero mis hermanos no saben coser. Una pena. Una realidad. Pero yo hoy quiero escribir sobre mi sastra de la tele, sobre Adonina.
Adonina es una mujer imprescindible para mí como lo son todas las sastras que trabajan en T5 sólo que a ella la tengo mas cerca. Su oficio es delicado aunque casi siempre tienen que correr para relizarlo. No les gustan las chapuzas que tantas veces se ven obligadas a hacer porque nosotr@s les pedimos que no se entretengan, que cualquier arreglo vale. Ellas son meticulosas y procuran no hacernos caso, conocen su oficio y lo bordan.
Sin Adonina no habría podido salir bien vestida prácticamente ningún día. Sin ella que cosió puntada a puntada cada uno de los trajes regionales que saqué en el último GH, no existirían esos preciosos vestidos que fueron tan valorados por la mayoría de la gente. Sus manos los hicieron posibles, sus manos a las órdenes de Mayte Méndez de Vigo.
Adonina es una mujer callada y siempre sonríe. Un día de verano de hace dos años volvió a casa y en un instante su vida se hundió en un pozo muy oscuro. Un infarto se había llevado a su Melchor.
Las puntadas de su oficio fueron manos que le ayudaron a salir a la calle y seguir viviendo. Estoy segura de que muchas de sus lágrimas mojaron mis camisas mientras ella trabajaba para que yo saliera como un pimpollo a que vosotr@s me viérais. El trabajo fué su tabla de salvación, esa tabla que tantos sabemos lo que puede llegar a significar en ciertos momentos de nuestras vidas.
El Lunes, cuando me probaba, me enteré de que sus manos no me podrían poner mas alfileres. Adonina fué en ese instante para mí, si nadie lo remedia, la imagen de tantas personas que están recibiendo ese anuncio indeseado: el despido, el final de un trabajo, el paro.
Sus lágrimas luchaban por brotar y ella las retiraba con sonrisas que se encaramaban como extrañas muecas por su carita. Dejé todo lo que tenía previsto y nos sentamos a hablar con calma en ese lugar estrecho, rodeadas de la ropa de todos nosotros que escuchaba incrédula desde sus perchas la historia de un final temido. Todas aquellas prendas que antes ó después habían pasado por sus manos, podían dar crédito de su valía y entrega; la de ella y la de las compañeras de ese departamento.
Hablamos y hablamos porque hablar ayuda. Ella me explicaba que no la dañaba tanto el dinero que dejaría de ganar," mi marido y yo fuimos muy hormiguitas", como perder el salir a trabajar, el sentirse útil y tener compañer@s. "Yo soy muy feliz aquí"
¿Cuánt@s de l@s que leéis este blog sabéis por vostr@s mism@s ó por amig@s y familiares lo que ese momento significa?
Esta dura crisis está dejando a much@s en los bordes de los caminos. Esta crisis que seguro dará lugar a nuevas oportunidades todavía no ha terminado de hacernos daño y nos coloca en lo mas duro: nos arranca de nuestros oficios, nos arruina, nos aterra.
Pero Adonina es tan fuerte que ya tiene planes para su futuro. Sus años no le permitirán seguramente volver a sentirse parte de una empresa pero si podrá seguir dejando sus puntadas minúsculas en lugares donde sigan valorando un trabajo bien hecho. En eso estamos.
Como ella es creyente y yo sé la ayuda que puede significar un símbolo en circunstancias difíciles, le presté, porque esas cosas se deben prestar para que sirvan, el último regalo de amistad que una persona muy querida me había mandado desde muy lejos: le coloqué en su muñeca una pulsera con mi medallita de la Virgen de la Merced y con ella le dejé toda mi energía y mi cariño. Estoy tan segura de que le va a ayudar!
Hoy Miércoles, con la foto de MªTeresa, una gran modista, dejo aquí mi reconocimiento a un oficio que quizá no hayamos agradecido bastante: las costureras, tantas mujeres que dejando sus manos y sus ojos han arreglado tantos entuertos y nos han permitido mirarnos al espejo y ser un poquito mas felices.