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Asilah, un tesoro en la costa atlántica marroquí

Fernando Morales
Un pequeño tesoro costero que, fuera del circuito habitual de los viajeros en Marruecos, mantiene su encanto. Llegar a la ciudad fortificada en un taxi compartido desde Tánger es ya una aventura. La carretera que te lleva a Asilah es la P-2. Cuarenta y cinco minutos de paisaje agreste en paralelo a la costa. Y una oportunidad para descubrir que también allí, las grúas empiezan a manchar el litoral. La construcción especulativa ha crecido de la mano de los vuelos low cost al norte del reino alauita.
F.M.
Asilah es una adorable villa de pescadores con un pasado grandioso del que han formado parte fenicios, cartagineses, romanos, idrissíes, piratas normandos, portugueses, españoles y la población local. Casas blancas rodeadas por una muralla construida en origen por los portugueses. Durante muchos años ha sido un oasis de tranquilidad y paz aprovechado por muchos occidentales como destino de retiro y descanso.
F.M.
Siempre es así salvo a lo largo del verano, cuando se celebra el Festival Cultural. Tres meses dedicados al cine, la danza y otras manifestaciones culturales y momento en el que la ciudad bulle. Tanto es así, que alguna guía de viaje se atreve a llamar a Asilah “la Saint Tropez” local. Sus restaurantes, muchos de ellos con nombres españoles, están especializados en parrilladas de pescado y marisco y en paellas.
Además es un lugar donde la artesanía (joyas, alfombras, lámparas...) tiene la misma calidad que en el resto del país pero su compra es más sencilla. El regateo, un arte que siempre hay que practicar en Marruecos, es más agradable. Son menos agresivos.
Fuera de temporada Asilah recupera su encanto de antaño y las callejuelas de la medina, perfectamente restaurada, recuerdan la ciudad que fue. Un cruce de culturas entre Oriente y Occidente.[gallery]