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Chambord, el poder que apabulla

Es el Castillo que simboliza el Poder Real Francés casi tanto como Versailles. El lugar al que todavía hoy siguen llevando a los jefes de Estado que visitan Francia para apabullar con su esplendor. El Valle del Loire acoge el monumento que mejor representa el poder y la ambición de Francisco I. Vamos a entrar también en la mayor reserva de Caza de Europa, la que rodea al monumento. ¿ Os lo vais a perder?

Chambord ha sido siempre un misterio. Desde que comenzó su construcción en el siglo XVI el Dominio ha escapado a la norma, a los esquemas racionales. Sobre todo por su dimensión y también por su estética. Victor Hugo decía que en un edificio había dos cosas : su uso y su belleza . El primero pertenecía a su propietario pero lo segundo a todo el mundo. Ese es el gran logro del Soberano francés, haber dejado una obra que lleva su huella hasta en el más escondido de los rincones, pero que a la vez impresiona y deja una impronta inolvidable.
 
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Francois I fue un hombre totalmente determinante en la historia de Francia a pesar de que es un monarca muy desconocido para los españoles. Fue inteligente, sagaz y ambicioso y resultó un enemigo duro de roer para el Emperador Carlos V a pesar de no haberle conseguido ganar nunca ni una sola batalla. El Rey galo quiso dejar claro a los visitantes, cualquier visitante,  su poder.  Y eso se ve nada más poner un pie en él. Empezando por la espectacular escalera que encontraréis nada más entrar en su interior. Es misteriosa y no puedes quitar los ojos de ella. Dicen que fue diseñada por Leonardo Da Vinci, en realidad durante mucho tiempo se ha dicho que el Castillo fue diseñado por el gran genio italiano. Algo que ahora sabemos que no es verdad. En el caso particular de la escalera hay que decir que su curioso diseño es Romano. Tiene la particularidad de que se puede subir y bajar sin que las personas puedan encontrarse. Al parecer los romanos las utilizaban para que las tropas pudieran ascender y descender sin que se detuviera el flujo de gente. En cualquier caso, conociendo la fama de mujeriego del monarca francés, seguro que aquí tuvo un uso muy diferente.
 
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Lo que es indudable es su belleza y su majestuosidad. La edificación necesitó 2000 obreros trabajando día y noche durante la primera parte del Renacimiento. Y en cada decisión se ve la mano de Francisco I. En su símbolo, la salamandra, animal que resiste y sobrevive al fuego. No os dará tiempo a contarlas todas, pero hay más de 700 distribuidas por todo el Castillo. En las proporciones, fijaros que el ala derecha es simétrica al de la izquierda. Una alberga la capilla y representa el poder religioso; la otra el poder del Rey no menor al de los hombres de Dios.  
 
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El Dominio es impresionante, todo él. Pero quizá os llame la atención los  importantes espacios vacíos porque recordad que en ésta época el rey viajaba con toda su corte a cuestas, y eso incluía su mobiliario. Están abiertas al público las habitaciones del Monarca y alguna de las que utilizaron sus sucesivos propietarios. A la muerte de Francisco I, su hijo Enrique II continuó con su ambicioso proyecto. Posteriores inquilinos como Luis XIII y Luis XIV siguieron con las reformas. Éste último visitó el Castillo varias veces dándole esplendor ya que con él llegaron los bailes, las obras de Molière y los ballets operísticos que recreaban el estilo de vida de Francois I. Durante la segunda mitad del XVIII fue abandonado y durante la Revolución Francesa desvalijado. Fue confiscado por el estado en 1915 y restaurado en la década de los 70. Chambord es a decir de los franceses, el ‘chateaux trop grand, trop…, trop…’, es decir, el castillo demasiado grande, demasiado, demasiado…. Aquí no se dejó nada al ‘hazard’, tampoco su ubicación al lado de una espectacular reserva de caza, deporte del que era muy aficionado el Rey. Decían de él que antes que nada era cazador o de animales o de mujeres. Pero siempre estaba ‘pescando’ algo.
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Son ya pocos los que pueden gozar de los privilegios de meterse a cabalgar por las 5.400 hectáreas del Parque del Palacio, la misma superficie que tiene la ciudad de París. Sólo los invitados del Elíseo o los miembros de la Federación Nacional de Caza gozan una vez al año de esa prebenda.  Vosotros tenéis la oportunidad de dar un paseo en carroza por estos maravillosos bosques por los que se entretenía el Gran Monarca.  Os harán recorrer durante una hora el interior de esta reserva en la que habitan ciervos, gamos, jabalíes, garzas y todo tipo de presas. Yo creo que no os lo debéis perder. Os sentiréis ‘Señor ‘ del lugar.  
 
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A pesar de que estamos hablando de un Castillo que poca gente se atreve a no visitar si se encuentra en la región (un millón de visitantes al año) sorprende porque a pesar de todo permite deambular por las instalaciones sin quitarte de encima a la gente con los codos. Recordad que si programáis la visita con tiempo también hay otras actividades que pueden cuadrar muy bien con lo que os apetece. Se organizan visitas a caballo, en bicicleta y hasta por 4x4. Todo dependerá del tiempo y de que lo hayáis reservado con tiempo.
 
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DÓNDE REPOSAR.
Chambord tiene para casi un día si queréis disfrutar bien de él y no perderos nada. En el Complejo turístico, apartado solo un par de minutos del Monumento encontraréis varios restaurantes coquetos y agradables para coger fuerza. Yo me atrevo a sugeriros uno que me pareció francamente interesante. Se llama ‘Monument Café’. Proponen un menú hecho a base de productos caseros, todos de la casa y a un precio razonable. Si os gusta probar los locales pedid un queso de cabra delicioso de ‘Sainte-Maure-de-Tourain’. Está para chuparse los dedos.
Después podréis seguir vuestro camino con energías renovadas y deseosos de conocer un poco más este fabuloso Castillo con estampa de piezas de ajedrez que os hará dudar de si lo que estáis viendo es realidad o un sueño que se puede desvanecer en cuanto os marchéis.  
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