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Salvajes

Sin duda, las pastillas son muy energéticas, tanto, que convierten en 'salvaje' todo lo que tocan. Jesús es el primero que nota sus efectos. Cada vez que el baño está ocupado (sospechosamente siempre es Antúnez el que se encuentra en los urinarios. ¿Serán cosas de la edad?), el responsable de compras, sin cortarse un pelo, micciona en las plantas de la oficina.
 
De un día para otro, estas se muestran más lozanas y grandes, tanto, que en apenas una semana, la oficina se convierte en una preciosa selva tropical. El problema es que se queda con lo bueno y con lo malo de una selva del Amazonas. Así, aparecen sanguijuelas en los baños, hay mosquitos por todas partes, caen cocos del techo y la malaria y la fiebre amarilla se hospedan en los despachos.
 
Por si esto fuera poco, de pronto se producen lluvias monzónicas en lugares insospechados de la oficina y los caníbales se comen a los trabajadores del departamento de administración, teniendo que contratar a gente nueva continuamente. ¡Esto va a ser la ruina!
 
Mientras, Victoria y Antúnez no saben qué hacer para controlarlo todo. Vestidos con ropa de safari, todos se preguntan dónde anda Jesús… El efecto de las patillas en su cuerpo ha sido espectacular: cual 'Tarzán', Quesada se balancea por los techos, de rama en rama. Ataviado con un minúsculo taparrabos, se ha olvidado de la vida civilizada por completo. Pero hay que reconocerlo, la selva le sienta tan bien...