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Ciencia, delito y verdad en Las Vegas

Todo empezó en el año 2000. Las series de acción empezaban a dar muestras de agotamiento, los clichés se repetían y la sociedad estaba cambiando.
Un nuevo siglo parecía pedir a gritos un nuevo formato, un nuevo concepto y una nueva serie. El productor Jerry Bruckheimer (que ya había dado al cine títulos míticos como Superdetective en Hollywood, Top Gun, La Roca o Armageddon) contacta con Anthony E. Zuiker (guionista que empezó a trabajar como botones de un hotel y cuyo padre, vinculado con la mafia, acabó suicidándose en Las Vegas mientras su hijo pensaba historias para CSI) juntos crean, inventan, CSI: Crime, Scene, Investigation. Siente temporadas después y dos clones, uno en New Cork y otro en Miami, el éxito de la idea es indiscutible.
Las premisas eran claras: basta ya de policías que resuelven los delitos a base de puñetazos, persecuciones mortales y héroes semianalfabetos con mucha intuición (policial, ya se sabe); no, los tiempos han cambiado y es momento de ceder el turno a los profesionales (ya habían pasado por la pequeña pantalla abogados y médicos con buenos resultados), a esos que resuelven el delito porque son los que saben de verdad, los que han estudiado y trabajan sin tregua, los nuevos héroes: los freeks de la ciencia.
Pero, ¿por qué en Las Vegas?
La elección de la ciudad no es casual, y merece un comentario. Las Vegas es la ciudad posmoderna por antonomasia. Copias, simulacros, imitaciones... todo en Las Vegas es falso, una imitación o una realidad virtual (y eso, dicen no pocos filósofos contemporáneos, es lo que define a la posmodernidad: copias y simulacros, fin de lo real, era de la hiperrealidad, escribe Jean Baudrillard, para añadir que Las Vegas "epitomiza" la ciudad posmoderna. Ahí es nada).
Las Vegas es, de entrada, el reino del simulacro arquitectónico: en sus calles se mezclan sin pudor hoteles y casinos en forma de templos romanos (el Cesar Palace), barcos piratas (el Treasure Islande), pirámides y esfinges (el Luxor), ciudades persas (el Aladdin), italianas (el Venezia) o la mismísima Paris, con el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel a escala (el Paris). El mundo entero simulado en una sola avenida. Ya no hace falta viajar por el mundo, el mundo viaja a tu alrededor en medio del desierto de Nevada.
Además, la población de Las Vegas está compuesta por una inmensa masa de transeúntes, personajes de paso, turistas que no sólo tienen a su alcance una copia del mundo entero, sino todo un mundo de posibilidades para huir de la realidad: juego, prostitución, drogas, ocio, dinero fácil' Gentes de paso que están siempre al borde del precipicio, que siempre tienen algo que ocultar. Y es que Las Vegas no sólo fue bautizada como 'La ciudad del entretenimiento', también se habla de ella como 'La ciudad del pecado' (Sin City). Hombres que engañan a sus mujeres y mujeres que engañan a su vez, strippers que vinieron buscando el sueño americano y se encontraron con la pesadilla de la otra América, bodas instantáneas, divorcios aún más rápidos, imitadores de Elvis o de E.T., trabajadores que no soportan ver ganar en 3 minutos el salario de toda una vida, adolescentes consumidos por drogas de diseño y sueños diseñados.
Y por eso la ciencia
Porque entre tanto simulacro, tanta copia y tanta mentira, los investigadores del CSI proponen un antídoto, EL ANTÍDOTO: la verdad incuestionable de la ciencia, de las pruebas, del conocimiento objetivo y de la razón.
Ya lo dice Grissom: "Olvídate de los testigos, olvídate de la víctima, olvídate del sospechoso y concéntrate en lo único que no puede mentir: las pruebas".
La ciencia nos seduce porque es el único terreno en el que podemos distinguir lo cierto de lo falso, incluso lo bueno de lo malo en un mundo donde ya nada parece ser lo que es, donde todo es o pude ser mentira. Los personajes engañan y se engañan, ocultan siempre algo o, simplemente, creen ver lo que no es porque viven de sueños y de fantasías. En un mundo en el que no te puedes fiar ni de tu padre, el método científico, el razonamiento lógico, los conocimientos y las tecnologías ultravanzadas de los CSI nos dicen que hay algo que no engaña, que la verdad no está ahí fuera, como rezaba Expediente X, sino aquí dentro: en el despacho de Grissom.
CSI representa la lucha del imperio de la razón contra la fantasía posmoderna; la verdad contra la irrealidad o la mentira; lo incuestionable e incontestable de las pruebas y la ciencia contra el todo vale, el relativismo y el todos juegan propio de Las Vegas: el mundo está salvado, o al menos tiene salvación.