Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

¿Hasta dónde puede una madre inmiscuirse en la vida de su hijo?

A 'De buena ley' ha llegado un caso que enfrenta a una madre y a un hijo. Eduardo se queja de que cada vez tiene menos intimidad en su casa y denuncia que la situación ha llegado a un punto extremo porque "ni siquiera puede hablar por teléfono o recibir una carta" sin que su madre se entere. Tiene 29 años pero para Mari Carmen "sigue siendo su niño".
El caso
Eduardo, demandante: "Lo que quiero es que mi madre me deje vivir mi vida porque ya se está metiendo en tantos asuntos míos personales que empieza a ser insoportable. Lo único que pido es poder poner una cerradura en mi habitación, solamente eso. Lo quiero poner porque mi madre es soltera, siempre me ha criado ella sola pero yo ya tengo 29 años y estoy a punto de acaber el MIR y no puedo más porque lo último que ha pasado es que la vi registrando mi ropa un día cuando volvía de marcha para hacerme un test sobre drogas. Y también escucha algunas de mis conversaciones privadas".
Mari Carmen, la demandada: "No creo que sea ningún detective, ni ninguna espía ni nada y desde luego un candado en mi casa no se pone. Y si le hice el test a escondidas es porque sé que si le pregunto si tomas drogas no me va a reponder. Llevo ya un año haciéndoselo porque le tengo que cuidar. Para mí es mi niño, tenga la edad que tenga, y ahora los chicos hacen muchas locuras".
Veredicto
Gustavo Larraz, al no haber acuerdo entre las partes, se ha dirigido directamente a Mari Carmen. "La constitución española defiende el derecho a la intimidad y la personalidad y usted los ha violado con respecto a la relación con su hijo. Puede pedrile  que se vaya de su casa pero mientras vivan juntos tiene que respetar esos derechos porque le pertenecen. Le prohíbo que entre en la habitación de su hijo y que siga interviniendo en la vida de su hijo como hasta ahora. Pero tampoco voy a permitirle a Eduardo que ponga ningún candado porque yo creo que ya es bastante mayor como para vivir como un cura en casa de su madre y sería bueno que fuera pensando en su independencia".