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Enrique Martín, el gran arquitecto del sueño rojillo

El Club Atlético Osasuna consiguió este sábado el ascenso a Primera División tras derrotar al Girona (0-1) en la final del 'play-off' y certificó su vuelta a la élite dos años después del amargo descenso que estuvo a punto incluso, la pasada campaña, de llevarles a Segunda División B en un final de Liga agónico.
Osasuna es el alma de su técnico: pura entrega y pura pasión, un hombre que triunfó en el fútbol de antes y que también lo hace en el de ahora. El entrenador de Campanas ha sabido asumir a la perfección el difícil reto de pasar a luchar por la salvación a tener como meta el ático de la categoría, mítica expresión que acuñó este curso.
"Estamos en el ático y no queremos irnos de ahí", dijo a finales de noviembre cuando los navarros se auparon a la primera posición de la Liga Adelante. Quedaba muchísimo para el final del campeonato, pero Osasuna comenzaba a posicionarse entre la nómina de favoritos. Por lo demás, plantilla y afición, podían estar más que tranquilo porque cumplían todos los requisitos.
La temporada, sin embargo, no fue un camino de rosas. Todo lo contrario pues los pamploneses vieron en la penúltima jornada como perdían la sexta posición y afrontaban el último capítulo liguero sin depender de sí mismo. Sólo siete semanas fuera de los puestos de ascenso o 'play-off' --en toda la Liga-- y Osasuna volvía a necesitar una ayuda antes del bocinazo final.
Curiosamente, los rojillos consiguieron ese billete para la fase de ascenso gracias a un gol del Girona en el campo de la Ponferradina a tres minutos del final de la jornada 42. Ese gol permitió a Osasuna igualar con Alcorcón y Zaragoza --a quienes tenía ganado el 'golaverage-- y certificar así su posibilidad de jugar por subir a Primera.
Y en la pelea, Osasuna demostró las hechuras de un equipo que compite contra quién sea y dónde sea. Los de Enrique Martín, cuya intensidad en los banquillos fue seña de identidad del club este curso, fueron el equipo más regular de toda la categoría, apoyados en el talento de Roberto Torres y Mikel Merino, los dos grandes baluartes.
El primero acabó con 12 goles, varios de ellos magistralmente resueltos de falta, y el segundo, fichado ya por el Borussia Dortmund, terminó con 7 y fue fundamental en el 'play-off', de igual manera que el joven Kenan Kodro, que marcó tres goles en los seis partidos finales. El veterano Nino, un experto en ascensos, también aportó más de media docena de goles (7) durante la temporada.
Además, Osasuna destacó por su solidez defensiva, representada por los Flaño y la consistencia de Nauzet en la portería, que fue de menos a más para acabar el curso con gran nivel. El toque definitivo llegó en el mercado invernal con la vuelta a casa del estilista Miguel de las Cuevas para dar el último pase.
Un éxito representado en su técnico Enrique Martín, que la temporada pasada sufrió una angina de pecho que le hizo seguir a los suyos desde el hospital. Un año y un mes después el navarro pudo gritar bien alto, desde el césped de Montilivi, que ha devuelto al equipo de sus amores al sitio más grande del fútbol nacional.