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La antorcha olímpica resurge de sus cenizas como ave fénix de fuego para mantener "el espíritu de la llama"

La antorcha olímpica resurgió de sus cenizas este domingo en Londres tras transformarse en un ave fénix de fuego que asegura que el "espíritu de la llama" sigue vivo tras los XXX Juegos Olímpicos de la era moderna, en el camino que inicia hasta la próxima edición, en Río de Janeiro en 2016.
En un llamativo ejercicio de imaginación, los últimos coletazos de fuego de un pebetero formado por 204 pétalos de cobre, representación de las naciones que han tomado parte en estos Juegos, se elevaron para convertirse en una nueva llama en lo alto del estadio que dio forma a un ave fénix de 20 metros de ancho. Además, cada pétalo será enviado a los Comités Olímpicos de cada país, que ha competido en esta cita olímpica en Londres.
En consecuencia, si Londres había sorprendido ya en la inauguración, entregando el encendido de la antorcha a las nuevas generaciones, este domingo volvió a asombrar, ya que en lugar de extinguirse, el "espíritu de la llama" sobrevivió al fin de los Juegos. Como acompañamiento musical para esta ocasión, cuatro de los cinco miembros de Take That entonaron su éxito 'Rule the World'.
El golpe de efecto aumentó cuando, acto seguido, la aclamada bailarina Darcey Bussell apareció suspendida desde lo alto del estadio, para descender hasta el centro, donde se le unieron cuatro miembros principales del Royal Ballet y otras 200 bailarinas que danzaron en honor del 'Espíritu de la Llama', una composición escrita para la ocasión por David Arnold.
La coreografía corrió de parte de los coreógrafos de la misma compañía, Christopher Wheeldon y Alistair Marriott, y en una nueva muestra del carácter rompedor de estos Juegos, en lugar de al modo de la danza clásica, los tutús aparecían en la cabeza de los bailarines, como reivindicación del movimiento 'punk', una de las grandes exportaciones británicas.