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El legado urbanístico y arquitectónico de los Juegos llevó a Barcelona a la modernidad

Los Juegos Olímpicos cambiaron el modelo de ciudad y abrieron la capital catalana al mundo
La ciudad de Barcelona, uno de los destinos turísticos más preciados en la actualidad, se abrió a la modernidad gracias en parte al legado arquitectónico que dejaron los Juegos Olímpicos de 1992, considerados de los mejores de la historia no sólo por el éxito deportivo sino por el cambio de modelo urbanístico en la capital catalana con el Anillo Olímpico, la Villa Olímpica, las rondas o la apertura de la ciudad al mar.
No sólo dejaron éxitos deportivos y de organización los Juegos de Barcelona, sino que cambiaron la manera de actuar de los barceloneses y reestructuraron la capital catalana. Más allá de las obras para las infraestructuras deportivas, la ciudad se renovó con las rondas que permitieron circular con mayor fluidez de punta a punta o situando la Villa Olímpica frente al mar aprovechando como nunca antes la presencia del Mediterráneo.
La sede principal de los Juegos fue el Estadi Olímpic Luís Companys, donde se llevaron a cabo las espectaculares y recordadas ceremonias de apertura y clausura así como las pruebas de atletismo. La joya de la corona de un Anillo Olímpico completado con las piscinas Bernat Picornell el nuevo Palau Sant Jordi, al que se le sacó poco jugo pero que ahora mismo es uno de los pabellones más polivalentes y grandes de Europa.
Situado en la 'Muntanya Màgica' de Montjuïc, el Anillo Olímpico dio acceso a una zona despoblada y virgen donde los Juegos encontraron el hogar perfecto. El Estadi Olímpic, con capacidad para casi 60.000 espectadores, abrió y cerró los Juegos y acogió grandes gestas deportivas como los oros de Carl Lewis --salto de longitud y 4x100 metros-- o los primeros oros del atletismo español; Daniel Plaza en 20 kilómetros marcha y Fermín Cacho en los 1.500 metros.
Un escenario mítico que no ha dejado de acoger acontecimientos deportivos importantes para la ciudad de Barcelona en las últimas dos décadas, y es que otro legado de los Juegos es este; situar a la ciudad como capital del deporte. Unos Juegos, varios Mundiales y Europeos de distintas disciplinas deportivas dan fe de que Barcelona es favorita en cuanto se postula como sede.
Tres años antes de los Juegos se disputaron en el Estadi Olímpic los Mundiales de Atletismo y en 2010 tuvieron lugar los Europeos. Sin embargo, su polivalencia le ha llevado a albergar desde una la final de la 'World League' de Fútbol Americano hasta una competición de 'snowboard', así como la final de Copa del Rey de fútbol entre Real Madrid y Real Zaragoza, los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos o algunos partidos de fútbol internacional con la selección de Andorra como 'local'.
Además, el RCD Espanyol obtuvo la concesión por parte del Ayuntamiento de Barcelona para utilizarlo en todos sus partidos entre 1997 después de la venta del estadio de Sarrià y hasta 2009 cuando se inauguró Cornellà-El Prat. También ha sido sede de numerosos conciertos. The Rolling Stones, Madonna, Metallica, Bruce Springsteen, Bon Jovi, Coldplay o Marilyn Manson han actuado alguna vez a lo largo de sus carreras en el Estadi Olímpic.
El estadio barcelonés fue proyectado por el arquitecto Pere Domènech i Roura e inaugurado en 1929 en el marco de la Exposición Internacional de Barcelona. El paso del tiempo y la concesión a la Ciudad Condal del Mundial de Atletismo de 1989 y sobre todo de los Juegos de 1992 propició que a mediados de la década de los 80 sufriera una gran remodelación, a cargo del equipo de arquitectos Correa-Milà-Margarit-Buxadé, con la participación del italiano Vittorio Gregotti.
EL SANT JORDI, UN ICONO INCOMPARABLE
Construido para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el Palau Sant Jordi sigue siendo una de las joyas de la cita y en su interior se realizaron las pruebas de gimnasia artística, así como las finales de balonmano y voleibol. Diseñado por el japonés Arata Isozaki, fue inaugurado el 21 de septiembre de 1990 y está considerado una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería moderna. Recinto cubierto y multifuncional, en su interior tienen cabida todo tipo de deportes, espectáculos o conciertos.
En sus 27 años de historia, este pabellón ha acogido Campeonatos del Mundo de natación --con piscina olímpica en su interior--, dos finales de Copa Davis, varios partidos de exhibición de la NBA y tres 'Final Four' de la Euroliga, así como Mundiales de Balonmano o Baloncesto. Bee Gees, U2, Dire Straits, Tina Turner, Bruce Springsteen, Eric Clapton, Elton John, Sting, Phil Collins o Coldplay no pudieron resistirse a cantar en un escenario con cabida para cerca de 25.000 personas.
Otras piezas del Anillo Olímpico son las Piscinas Bernat Picornell, que acogieron la natación y final de waterpolo, la sede del INEFC o las piscinas de Montjuïc, que albergaron las pruebas de salto y fase preliminar del waterpolo. Nuevos pabellones y un circuito en la Zona Franca completaron el área olímpica en la montaña mágica.
LA VILLA OLÍMPICA, ABIERTA AL MAR
Uno de los mayores cambios que sufrió Barcelona fue de cara al mar. Antes de espaldas a él, sin aprovechar su atractivo, con los Juegos cambió todo gracias a la Villa Olímpica y su paseo marítimo, con las emblemáticas 'Torres Mapfre', el Puerto Olímpico que albergó la vela y ahora es epicentro del ocio nocturno, o el Pabellón de la Mar Bella. Y sin olvidar la construcción de las dos rondas, la Litoral y la De Dalt, para movilizar a los deportistas y que ahora son claves para la ciudad.
Si la Villa Olímpica dio vida al Poblenou, ahora una de las zonas más preciadas, los Juegos propiciaron la mejora del Aeropuerto de El Prat, con la adecuación de la terminal B y construcción de las terminales A y C. También se dotó a la ciudad de más y mejores plazas hoteleras y la restauración, pero sobretodo se dio luz verde a crecer mirando al futuro y pensando en la ciudadanía. Los Juegos sirvieron a la ciudad, a sus vecinos, de ahí que el legado urbanístico y arquitectónico de los Juegos siga en uso y siendo clave para el devenir de la ciudad.