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El incómodo viaje de Hollande hacia el Papa

El presidente Hollande parecía hoy un hombre pequeño, minúsculo pese a que le saca unos centímetros al Papa con solileo y todo. Ha forzado una sonrisilla cuando Francisco, muy serio y gris, como este día de enero en Roma, le ha estrechado la mano.

Francois Hollande, el campeón de la laicidad, no ha entrado por la puerta grande en San Pedro, venía arropado por algunos intelectuales de la izquierda católica francesa y hasta por un sacerdote recién liberado tras un secuestro en África, pero ni por esas se ha dulcificado el ambiente.

El presidente ha viajado a Roma en pleno escándalo por sus aventuras extra-conyugales con la actriz Julie Gayet y con la primera dama convaleciente aún por la tristeza de la traición. Y aunque todo forma parte de su privadísima vida privada, hoy se ha sonrojado ante el Papa, o, al menos, la lectura de rostros y gestos era lo que denotaba.

La alegría y el "buenrollismo" del Francisco súperstar se han quedado a las puertas de la Basílica. No es habitual ver un gesto grave en la carita rechoncha del Papa. La sonrisa y el brillo en los ojos, que derrocha indiscriminadamente, se habían quedado esta mañana encerrados en Santa Marta. Su invitado no merecía fiestas.

El viaje pretendía ser un guiño para el electorado católico, con el que Hollande vive también un auténtico divorcio, muy descontento por la aprobación de la ley del matrimonio homosexual, la liberalización de la ley del aborto que se debate justo ahora en Francia o la eutanasia. Pero al final, la recepción, pospuesta desde hace meses, ha llegado tarde, mal y en el peor momento personal y político del líder francés.

Se le notaba incómodo en los pasillos pontificios, rígido frente al Papa Francois y tenso, pese a que tenía los temas de la agenda bien delimitados: quería hablar de asuntos no molestos como África, la guerra en Siria o la Conferencia Mundial sobre el Clima, cuestiones que han tratado en los 35 minutos que ha durado el encuentro.

Pero Francisco quería que también la bioética o la importancia de la familia estuvieran en el menú y es lo que ha trascendido en el comunicado de la Santa Sede.

Ni una palabra de estos temas más espinosos en la rueda de prensa sin preguntas que ha dado Hollande tras el encuentro, de la que ha escapado casi corriendo, antes de que ningún periodista pudiéramos si quiera levantar la mano.

El presidente laico frente al Papa Jesuita en un encuentro definitivamente incómodo, en el que un hombre tan redondo como el Papa Francisco ha mostrado que también tiene aristas.