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Britney Spears se casa en secreto

La diva del pop se ha casado con quien más sabe de su vida, un paparazzi llamado Adnan Ghalib. Spears podría haber pagado 250.000 dólares a la ex esposa de su flamante marido para agilizar los papeles del divorcio.
La eterna adolescente con cuerpo de ‘femme fatale’ va camino de convertirse en un mito viviente. La postmodernidad del siglo XXI echaba de menos una vida de luces y sombras plagada de un glamour tan envidiado como recelado por cuanto de soledad conlleva. Posee dinero y fama, los ingredientes perfectos para atraer a chupópteros ávidos de mente y corazón inerte.
En su jaula de oro y diamantes, Britney Spears creyó rozar el cielo con sus níveos dedos de diosa cuyo poder parecía abarcar el más amplio horizonte, sin saber que la incipiente aurora de su vida se convertiría, de repente, en el crepúsculo que nunca imaginó alcanzar. El cenit, demasiado breve. Quien todo lo poseía pierde en popularidad y el saco sin fondo empieza a rajarse (no sabemos si por la avaricia o por la disminución en la venta de discos). Incluso su cuerpo virginal, tras los avatares de la vida y dos partos, no cuenta ya con la perfección de formas que la encumbraron como mito sexual y de las que tanto provecho obtuvo con coreografías imposibles que distraían la calidad de sus canciones en conciertos multitudinarios.1
Abandonada por los dos grandes amores de su vida –Justin Timberlake y Kevin Federline-, despojada de unos hijos a quienes un juez considera incapaz de cuidar, Britney ha perdido todo control; ya no es capaz de gobernarse a sí misma. Ingresada en un centro psiquiátrico a petición de sus padres por un fuerte trastorno de bipolaridad -tanto que sus progenitores han llegado a temer por la vida de su hija-, ha decidido pedir el alta antes de tiempo para tomar decisiones por sí misma. Y ha decidido huir. Intenta escapar de lo que le atrapa (y no dejará de hacerlo). Por eso se ha ido a México, donde se ha casado con su última adquisición, un desconocido que es su novio desde hace tan sólo unos días y que podría no haber recibido aún los papeles del divorcio de su anterior esposa. Eso no importa. Da igual que la boda no sea real; ella abre su bolso de firma y compra a la ex de su consorte por 250.000 dólares. Y vuelve a tener lo que quiere. Hasta que esta Marylin del pop comercial se canse y devuelva el artículo. Pobre niña rica.