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Detenido el presunto autor del asesinato de una joven asturiana

Un hombre de 31 años, vecino de Langreo (Asturias), permanece detenido desde el sábado como principal sospechoso de la muerte de Patricia Fernández Guzmán, de 22 años de edad. La joven era encontrada el viernes totalmente carbonizada, tras haber sido arrojada a un vertedero ilegal en la localidad de Ciaño.
El macabro hallazgo de Patricia Fernández Guzmán se producía el viernes, en una escombrera próxima al pozo minero de Samuño hacia las 13 horas. La joven, llevaba dos días sin aparecer por su domicilio por lo que la familia había presentado el mismo viernes la denuncia de su desaparición.
La joven langreana, al parecer, fue apuñalada antes de ser arrojada al basurero y posteriormente rociada de un líquido inflamable. Su identificación fue únicamente posible por las huellas dactilares de una de las extremidades, que no había llegado a desfigurarse.
El detenido por ser sospechoso del brutal crimen, que supera los 30 años de edad, podría haber mantenido una relación sentimental con la víctima, aunque fuentes de la investigación no dan credibilidad a este hecho. Patricia, que trabajaba como peluquera y de camarera los fines de semana vivía con sus padres y su hermano de 13 años en Sama de Langreo, y no se le atribuía ninguna relación sentimental reciente.
Ni la Guardia Civil ni la policía nacional tienen constancia de que la joven fallecida hubiese interpuesto ninguna denuncia previa por violencia machista o acoso, aunque algunas personas allegadas aseguran que últimamente había estado recibiendo llamadas telefónicas.
Patricia Peláez, letrada y portavoz de la familia de la fallecida, ha pedido a los medios de comunicación que tengan “respeto” y “comprensión” en sus informaciones sobre un suceso “tan doloroso”. “Patricia pertenecía a una familia absolutamente normal”, ha indicado la abogada, quien ha añadido que la joven estaba “muy unida” al núcleo más próximo de sus parientes, sobre todo “a sus abuelos”.
Hace once años, otra mujer era quemada viva. Su nombre era Ana Orantes, y su caso marcó un antes y un después en la historia de la violencia de género. Tras relatar con crudeza su historia en la televisión andaluza, la violencia machista, tras varios años siendo denunciada y con escaso eco mediático, pasaba a ocupar las primeras páginas de los grandes periódicos.
Más de una década después, aún cuando ya existe esa cobertura mediática que entonces se pedía a gritos, la violencia machista no muestra signos de una pronta desaparición.