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Fran Rivera salta al ruedo vestido de calle para salvar a Cayetano de una cogida

José Tomás, siempre enigmático y silencioso, quién sabe si con su gesto de brindarle su triunfo a Paco Camino en Fallas -ambos han renunciado a su medalla a las Bellas Artes por ser ésta concedida este año a Fran Rivera- quería avivar la polémica por la concesión de este galardón. Pero lo que se vio al día siguiente en el ruedo valenciano fue a dos hermanos, Cayetano y Fran, más unidos que nunca.
No es un torero con suerte Cayetano Rivera Ordóñez. El año pasado sufrió varias cogidas graves. Una de ellas, la de Palencia, le causó un severo traumatismo en el hígado. Esta temporada no ha empezado muy distinta. En las corridas de Fallas, un toro estuvo a punto de partirlo en dos. Con esta crudeza se han manifestado los medios del ramo en unas crónicas que erizan el vello. Fue él, su hermano Francisco Rivera Ordóñez, quien saltó al ruedo vestido de calle para salvarle. Así lo han contado:
"Arrancó de rodillas Cayetano y a la vez lo hizo el orfeón de oles femeninos que perdieron la voz con una colada escalofriante al citar por el izquierdo. Aquello iba en serio. Tanto, que a la siguiente que tuvo por el derecho lo cazó feísimo. Brutal el impacto y también el zarandeo, derrotando el animal a un Cayetano por los aires. Le pudo haber partido en dos. Milagro. El torero volvió a la cara, aguerrido y caliente. El gen Rivera, le dicen a eso, y se la jugó sin parecer del todo consciente de lo que exponía. Al hilo. Peligro. Hubo emoción y también oreja".
"Cayetano lo planteó como una cuestión de honor, como desquite de otros brindis y gestos, y se hincó de rodillas con el corazón por delante, con la raza que nunca le ha faltado en los momentos clave. El toro pasó con la ceguera arreada de la mansedumbre remontada. La plaza vibró en el airoso molinete que desenlazó la tensión del arrebato. Ya en pie el torero, presentada la izquierda ingenua pero conscientemente, el juampedro acometió con otro arreón que casi lo arrolla. Cambió de mano, no de estrategia, a tumba abierta, desdeñando la técnica y la colocación. «¡Hueco, hueco!», anoté en el bloc. Y por el hueco se le venció el toro sobre los muslos descubiertos. Tremenda la voltereta, el palizón, la angustia. Francisco Rivera fue de los primeros en llegar al lance a cuerpo descubierto. Revuelo de capotes y el toro que no soltaba la presa. Cuando lo hizo, la taleguilla se había desgajado, no la pierna, afortunadamente. Cayetano no se arredró, siguió apretando los dientes, el orgullo familiar, descarándose con la vida. Y arrancó la oreja por la tremenda, con un par".
"Bravo gesto el de Cayetano que, además, se la jugó sin cuento en este toro, el sexto, hasta el punto que el animal lo cogió de forma espectacular. Fue entonces cuando se vivió uno de los momentos más emotivos del festejo pues Francisco, vestido de calle, saltó al ruedo a socorrer a su hermano, al igual que hizo hace año y medio con José Tomás en Málaga. Cómo cambian las cosas... Afortunadamente, Cayetano salió ileso del percance y logró pasear una merecida oreja. Una oreja ganada a ley".
"La casta la puso Cayetano en el sexto, que había brindado a su hermano Francisco. Toro reservón. Midió varias veces a Cayetano de arriba abajo. No le dudó el torero. Respuesta valiente. Al intentar un derechazo el toro lo prendió por el muslo derecho, lo zarandeó y salió ileso de milagro. Aún tuvo arrestos para seguir desafiando a tan cobarde enemigo".