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Junior, denunciado por sus propios hijos

Paloma García Pelayo ha explicado a los telespectadores de El Programa de Ana Rosa la polémica suscitada por la denuncia que los hijos de Rocío Dúrcal le han puesto a Junior, tal y como publica el semanario ¡Hola! Hay algo más que simples diferencias con la herencia, ha señalado la colaboradora de Ana Rosa, a juzgar por los hechos.
Todo comienza con el mutuo acuerdo de los hijos para no llevar el caso a los tribunales tras la muerte de Rocío. Junior todavía estaba aquejado de sus problemas de depresión y trataba de superar su alcoholismo. Durante todo este tiempo Antonio Morales ha tratado de ocultar las diferencias que mantenía con sus hijos, pero sin éxito ya que son bastante graves.
Sin embargo,  el 7 de marzo firman en un tribunal de Madrid un primer acuerdo -una participación hereditaria, una escritura de manifestación y aceptación del reparto de 2 millones de euros de esa herencia-. Correspondía un 50% de lo inventariado para Junior y otro 50% para los 3 hijos.
El problema surge cuando, a través de sus abogados, los hijos se enteran de que existen diferentes bienes importantes repartidos por todo el mundo que no figuran en el testamento. Ellos, al ser herederos universales, intentan llegar a un acuerdo con su padre, pero no lo consiguen. Junior se niega a dejárselo a sus hijos.
Posesiones mexicanas
Beatriz Cortazar tiene los datos de lo que se han encontrado los abogados. Se trata de la finca en Torrelodones, un piso en México, algún terreno y un chalé en San Pedro de Alcántara, algunas otras posesiones y participaciones de sociedades.
La demanda contra Junior se puso el pasado lunes en un juzgado de Villalba, en Madrid. El testamento por el que heredaron era de 1992. Lo que nadie sabe es por qué Rocío Dúrcal no incluyó estos bienes en él.
Y Junior es una tumba. Beatriz Cortázar lleva días intentándolo pero no ha conseguido obtener ni una sola declaración. Pero ha encontrado en la hemeroteca declaraciones en las que Junior valoraba la actitud de sus hijos con la herencia: "cada uno quiere coger lo suyo y hacer lo que cree conveniente". Él, que ha insistido en que "no es Koplowitz", dice Beatriz Cortázar, también se alegraba de quedarse con la finca porque, según decía: "así tengo algo mío, que mis hijos tienen sus casas sin que me corresponda nada a mí".
La ley, con los hijos
Además, las cosas pintan mal para los hijos. La ley, en principio, les respalda. Dice que cuando aparecen nuevos bienes sin inventariar en un testamento, estos hay que repartirlos con la misma regla con los que se han repartido los del testamento, de forma proporcional.