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"La adicción se trata en un psiquiátrico o es la muerte"

Todo empezó como estrés. A Sol Bacharach, doctora en Derecho y ex consejera de varias empresas, el médico le recetó ansiolíticos para combatir su ansiedad. Paulativamente, el consumo se volvió más frecuente, empezó a combinar sustancias y acabó en el "pozo". Tuvo fuerzas para ingresar voluntariamente en un centro de recuperación y actualmente es la directora del mismo.
Si pensamos en el perfil tipo de adicto nunca imaginaríamos a una persona como Sol Bacharach. Doctora en Derecho, consejera de distintas empresas, casada con un reconocido catedrático... Así era ella cuando comenzó a abusar de los ansiolíticos. Ella misma desmonta todos los prejuicios: "La adicción no es algo marginal y afecta a muchas personas en el mundo profesional, cultural..."
Bacharach ha acudido a 'El programa de Ana Rosa' para relatar su caso. Tiene suerte porque su historia acabó en final feliz y actualmente es ella la directora del mismo centro en que fue ingresada para rehabilitarse. Conoce de cerca miles de casos e insiste en que "hay que vivirlo como una enfermedad y hay que acudir al profesional" para tratarse. Va más allá y recalca: "O la tratas en un psiquiátrico o te mueres".
Su adicción comenzó por el estrés. Acudió al médico y éste le recetó ansiolíticos. Si se hubiese quedado ahí no hubiese habido ningún problema. Lo malo es que a continuación "descubres lo bien que te sienta, te automedicas más... Un día no te hace efecto, mezclas con otras cosas".
A eso se unió su difícil situación, ya que su marido, el catedrático Manuel Broseta, fue asesinado por ETA. Sin embargo, ella no quiere echar la culpa a este hecho. "Hay muchas víctimas de ETA que no se vulven adictas". Aunque, reconoce que a partir de ese momento aumentó el consumo.
El engaño
"Todas las personas adictas somos muy manipuladoras, ¡no sabes cómo engañamos!", confesó a Ana Rosa Sol Bacharach. Mientras se iban haciendo patentes los síntomas, ella iba cuidando de que nadie de su entorno lo notase pero no hacía nada por reducir su adicción.
Comenzó a hablar mal, andaba de forma diferente y todos empezaron a sospechar. Sin embargo, el empujón definitivo para que comenzase el tratamiento se lo dio un médico. "Lo enmascaré con una depresión profunda pero él se dio cuenta y me aconsejase que me ingresase en un centro".
Fue la mejor decisión. Consiguió recuperarse totalmente y se dio cuenta de que su labor no acaba ahí. Desde entonces trabaja con adictos y es la directora del reconocido centro Mare Nostrum, el mismo lugar en el que ella se trató.