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El hombre que mató a dos niñas por el mal uso de un plaguicida no irá a la cárcel

La noticia sobrecogía a todos. La muerte de Ángela y Cristina, de cinco y nueve años respectivamente, en noviembre de 2006 por intoxicación con un raticida, despertaba indignación e impotencia. Hoy la sentencia impone una multa al responsable pero le exime de la cárcel.
La familia de las dos niñas recibió con desagrado la sentencia del juez que llevaba el caso. "Aún no nos lo creemos. Respetamos la decisión pero no la compartimos", explica Manuel Hidalgo, primo de las pequeñas. Al parecer, este, en su sentencia final, le considera responsables de dos faltas de imprudencia leve con resultado de muerte y otras dos con resultado de lesiones. Por ello Bartolomé García, el imputado, jamás pisará la cárcel.
 
Según explica José Arias, padre de las pequeñas, en el juicio se ha utilizado como atenuante el hecho de que el acusado no poseía los conocimientos suficientes para prever que el gas entrara en otro domicilio. Sin embargo, tampoco los tenía para utilizar un plaguicida tan potente, que almacenaba en grandes cantidades, y lo hizo.
 
Al aparecer, Bartolomé tiene permiso para utilizar ciertos productos tóxicos pero no el 'Ditita Pallets', un compuesto hecho a base de un gas llamado fosfatina. La cualidad fundamental de este plaguicida es, precisamente, su volatilidad. Por ello pudo filtrarse a través de las cañerías y llegar hasta el hogar de José y Carmen. Es más, el producto es tan potente que se utiliza en graneros porque penetra en el interior de las semillas y matar a todo ser vivo que haya dentro.
 
José Arias afirma que piensa recurrir la sentencia. "Si este hombre lleva 42 años trabajando con él debería conocer cómo reacciona el producto", explica, y después de todo el dolor que han pasado lo último que quieren es quedarse con los barzos cruzados ante tremenda injusticia.
 
Así sucedió todo
El 30 de noviembre de 2006 Carmen Hidalgo y José Arias, junto a sus dos hijas Ángela y Cristina, sufrían una intoxicación en su propio hogar por un gas que al parecer pudo entrar por el fregadero. Todo fue muy rápido. Comenzaron vomitando y cuando llegaron al hospital, nada se pudo hacer por las pequeñas. Tras el dolor llegó la indignación al conocer que el trágico suceso había ocurrido por culpa de un vecino. Aunque la casa de este no se encontraba pegada a la de José y Carmen, la comunicación entre sus cañerías fue suficiente para que el gas emitido por un potente plaguicida que dicho vecino había utilizado para acabar con las cucarachas, se metiera en la casa. Todo comenzó de madrugada. Horas después, fallecían las pequeñas Ángela y Cristina.