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El Gran Hermano o la anticipación de…¡la crisis!

El Gran Hermano o la anticipación de…¡la crisis!telecinco.es
En el año 2000 el mundo estrenó nuevo milenio y Gran Hermano. Una nueva época para la humanidad y un nuevo programa para el mundo de la representación. No fueron pocos los que, escandalizados o simplemente asombrados, bautizaron el doble acontecimiento con una única etiqueta: ya está aquí, sin matices y sin fisuras, la posmodernidad. Ya está aquí la telerrealidad, la neotelevisión, la confusión entre ficción y realidad, la desaparición de las fronteras entre lo público y lo privado, el fin de la intimidad, la hegemonía del simulacro, la consagración de la sociedad del espectáculo y la era del vacío…
Pero a pesar de las apariencias y en contra del sentido común, Gran Hermano no vino al mundo con el único y festivo objetivo de celebrar en nuestras pantallas la posmodernidad. Vino, aunque no lo supiese y muy a pesar suyo, aunque nadie lo hubiese decidido y menos pensado, con un objetivo algo más concreto, posmoderno, quizá, pero más concreto: prepararnos para…¡la crisis!
Y no sólo la que hoy ahoga nuestro crédito y nos empuja al paro, no, también una crisis de más calado que precedió a la actual y sentó sus bases. Esa crisis que arranca a mediados de los 80, se afianza en los 90 y estalla y se generaliza en el 2000: la crisis del trabajo y del dinero. La crisis que trajo consigo la precariedad, la flexibilidad, el riesgo y la incertidumbre; también el miedo y la inseguridad.
Sí, Gran Hermano apareció en el momento en el que la posmodernidad se imponíay no pudo ser ajeno a ella, pero, como se mostrará a continuación, su éxito y permanencia respondió y responde a su capacidad para hacer de la crisis una gran metáforay, por ello, para ayudarnos a responder ante ella, acostumbrarnos a sus rigores y darle algo de sentido a nuestras vidas. Vean sino:
1. Las reglas: o ya nada es lo que parece.
Una de las características sobresalientes de la larga crisis que tenemos es la de borrar todo criterio que nos permita saber qué hacer y qué no, cómo guiarnos y qué decisiones tomar para que las cosas nos vayan mínimamente bien: conservar el trabajo o ascender profesionalmente, acertar con los estudios realizados o con los planes de formación que nos ofrecen, cambiar a tiempo de trabajo o de ciudad, etc. Como si la crisis se hubiese cargado las pocas certezas que teníamos y nos dejase solos y desorientados ante el mundo.
¿Y en qué consiste GH? Básicamente en confirmarnos que nada de lo que pensamos, ninguna de las estrategias que ideamos y ninguno de nuestros planes de actuación sirven: lo que hoy parece valer para no ser expulsado del programa y ganarse el favor del público (ser, por ejemplo, sincero y leal), mañana dejará de valer (y habrá que ser astuto y calculador) para, pasado mañana, constatar que ninguna de esas dos opciones valen ya para ganar, y será una tercera opción, ahora desconocida, la que funcione.
Como en nuestras empresas y en nuestros mercados de trabajo: nada es lo que parece, ningún criterio vale para acertar, tener éxito, un buen trabajo o simplemente un trabajo y, amigos concursantes (del programa o de la vida, que no deja de ser un juego cada vez más macabro), estáis solos, desorientados y algo desamparados.
2.Las expulsiones o los despidos.
En GH te nominan y expulsandel programa y fuera de la casate ponen a prueba o te despiden (te nominan o te expulsan) de tu trabajo. En ambos casos, además, es un sujeto extraño e invisible (la audiencia o la economía) el que se encarga del trabajo sucio. Y en ambos casos nada de lo que te preguntes o hagas te dará respuestas. Sí, una vez que hagas las maletas y salgas de la casa o recojas la foto de tu familia y lo que tengas en los cajones de la oficina y te vayas directo al INEM, te harás esa incómoda pregunta “No es justo: ¿qué he hecho yo para que me expulsen o despidan?”
Pregunta absurda, amigo: la expulsión o el despido nada tienen que ver con lo que haces ni con lo que es justo, simplemente forman parte del programa y de la vida, no existe ningún método que te libre de elloy GH te lo dice, te consuela y te avisa: “así son las cosas, vete acostumbrándote. La cuestión no es, querido concursante, si se expulsa o no, si se despide o no. La cuestión es otra: a quién se despide o expulsa hoy y cuándo te tocará a ti.”
3. Después de GH.
Bienvenido, una vez despedido del trabajo o expulsado del programa, a la flexibilidad laboral, al pluriempleo y a la inseguridad: hoy toca salir desnuda en Interviú y mañana hacer de periodista en un plató, para el mes que viene presentar una gala benéfica o montar un bar y arruinarse. ¿No se parece esto a lo que nos empieza a tocar a todos? Hoy sirvo copas en un bar, mañana hago de teleoperador y pasado malvivo con una beca que nunca me permitirá obtener un trabajo estable. 
Sí, concursante o ciudadano, ya no hay trabajos para siempre y tu vida se ha instalado en la inseguridad y el miedo (¿me durará esto de servir copas? ¿encontraré algo mejor?); pero hay que hacer de la necesidad virtud, porque nunca sabremos si la expulsión o el despido de hoy hará que caigamos en la más absoluta de las desgracias o, quién sabe, quizá se convierta en la gran oportunidad de nuestra vida. Bienvenido a la incertidumbre.
Y en fin:
Ya termina GH 2008 y lo duro de la crisis parece estar por venir, pero gracias al programa estamos mejor preparados: sabemos un poco más del funcionamiento aleatorio del mundo, sabemos que no tiene sentido intentar averiguar sus razones y sinrazones porque cambian del día a la mañana. Hemos aprendido que las cosas no son justas o injustas, simplemente son. Y no caben ya dudas: la expulsión y el despido no son situaciones posibles, sino seguras, tan seguras como lo insegura que será tu vida en adelante.
Pero GH somos todos, y ahora lo sabemos todos. Sí, cierto, mal de muchos consuelo de tontos, pero mejor ser tonto que culpable de lo que te pasa.