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Li y Gisela, nominadas en la casa nueva

Los muy bien avenidos candidatos de la casa vieja se las prometían muy felices. Lo habían organizado todo para salir todos nominados al final de la gala. Como todas las noches, uno por uno, fueron al confesionario y dieron las razones de las nominaciones. La verdad es que podían haber disimulado un poco más:
Palomares : "Nomino a Mirentxu porque le ha salido muy salado el arroz hoy y a Li porque siempre está hablando de su novio y hace que me acuerde más de mi novia".
Julio : "Bueno, la cosa está chunga, pero bueno, nomino a Gisela porque está todo el día con el pelo y otro punto para Palomares, porque lo tengo agobiado ahí con la gimnasia y yo quiero que saque un cuerpo bastante bueno".
 Li: "Doy un punto a Julito y otro a Gisela, por tener menos afinidad, a los dos".
Mirentxu : "A Li porque todo el día no hace más que hablar de su novio. Y a Julito porque no hace más que hablar de su tierra. Bueno, nos lo sabemos todos, todo el día está cantando la misma canción".
 Gisela: "Nomino a Palomares porque le afecta mucho todo y a Mirentxu por que es muy exigente".
El castigo del Gran Hermano
Claro está, desde el primer momento la organización tenía noticia de los planes que los no-concursantes se traían entre manos. Su sentencia fue invalidar las nominaciones fraudulentas y, en su lugar, pedir a los nuevos inquilinos de la casa 10 (sus antiguos compañeros) que eligieran a las dos personas que se juegan su permanencia en el concurso el próximo martes.
Cuando Mercedes Milá se despidió de Mirentxu, Palomares y compañía, sus caras eran un poema. Horas después seguían haciendo cábalas sobre qué era lo que había fallado en el cálculo.
Precisamente el primer pacto de la historia de Gran Hermano se formó dentro de esas mismas paredes. Sin embargo, la experiencia de aquella primera edición sirvió para que se prohibiera terminantemente esta práctica.