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Adiós Kosovo

Desde la proclamación de Kosovo como país independiente en febrero de 2008, la situación de los militares españoles allí ha sido delicada. Mientras que por un lado la población valora el trabajo que los españoles realizan desde hace diez años sobre el terreno, por otro recelaban de unas tropas cuyo Gobierno se negaba a reconocer la independencia del territorio. 
La hostilidad no ha sido directa pero sí latente en el último año y de hecho, a menudo, los albano-kosovares cuestionan la legitimidad de la presencia española en su país. Izren, un campesino de Istok, la provincia controlada por el contingente español, se pregunta el porqué un gobierno amigo como el español no ha sido capaz de reconocer a su país después de haberle ayudado a consolidarse durante tantos años.
Frente a esta postura, la efusividad de la minoría serbia de Kosovo, de cuya protección también se encargan los efectivos españoles. Yubiza, que trabaja en el enclave español del Valle de Osojane, dice que sin la protección de los españoles, sus vecinos albaneses ya les habrían matado y añade que no quiere ni pensar en lo que ocurrirá cuando los españoles se vayan. Él trabaja limpiando los vehículos militares, uno de los muchos empleos que proporciona la base a los habitantes de esta deprimida región. Son infinidad los albaneses, serbios o bosniacos que perderán sus empleos cuando los españoles abandonen definitivamente el destino Kosovo.
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