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Cambio radical en 365 días

Ha pasado sólo un año, pero la situación de Fernando Alonso desde el Gran Premio de Mónaco de 2007 ha dado un giro radical. El año pasado, además de conseguir una victoria en el Principado, en una de sus actuaciones más brillantes, lideraba el campeonato con un monoplaza que era una bala. Este año no ha pasado del décimo puesto en Montecarlo, está perdido en la parte media de la clasificación de pilotos y lucha por mejorar un coche de los más mediocres de la parrilla.
Montecarlo, 27 de mayo de 2007 . Fernando Alonso conseguía el segundo triunfo consecutivo en el Gran Premio de Mónaco (ganó también en 2006), después de completar un fin de semana prácticamente perfecto. El español se hizo con la 'pole' en la clasificación del sábado y ganó el domingo con una de sus mejores carreras hasta la fecha. Era su segunda victoria de la temporada (además de dos segundos y un tercer puesto) y se colocaba como líder del campeonato, empatado a 38 puntos con su compañero de equipo, Lewis Hamilton.
Aquí comenzó el principio del calvario del español en la escudería inglesa. Hamilton, secundado por la prensa inglesa, acusó a McLaren de haber dado un trato de favor a Alonso en las paradas en boxes: "No entiendo por qué di tres vueltas más que Fernando en el primer repostaje si programamos seis". El propio Ron Dennis negó el favoritismo, Alonso pasó del tema y la FIA también.
La rivalidad entre los dos pilotos comenzaba a extenderse más allá de los circuitos. Después llegó el despropósito de Hungría (Alonso fue sancionado con cinco puestos cuando había logrado la 'pole' por entorpecer a Hamilton en la parada en boxes. El inglés volvió a quejarse de trato de favor, McLaren exculpó a Fernando y la FIA le relegó a la sexta posición). A partir de ahí, el deterioro de las relaciones entre Alonso y prácticamente el resto de la escudería inglesa provocaron el abandono de la escudería por parte del español para volver a Renault.
365 días después de aquella victoria en Mónaco, la situación personal de Alonso es completamente diferente (ha vuelto a casa y se le ve contento y relajado), pero la situación deportiva también es radicalmente distinta. Con un monoplaza que no ofrece más espectativas que el séptimo puesto, el español se tiene que conformar con ver los toros desde la barrera. Se encuentra perdido en la octava posición de la clasificación de pilotos, con sólo nueve puntos  y sin opciones de nada (en la carrera de este año en El Principado no pasó del décimo puesto)
Su único objetivo esta temporada es arriesgar a tope en la pista y trabajar a fondo fuera de ella para conseguir un desarrollo del coche que le permita intentar acercarse poco a poco al nivel de las grandes, y así poder recuperar opciones al título el año próximo (si es que sigue en Renault). Y está en ello. Las pocas mejoras experimentadas por el R-28 se han conseguido, en gran parte, gracias a él. Y todavía faltan evoluciones por llegar (la próxima, para Silverstone).
¿Un caramelo demasiado pequeño para Alonso? Posiblemente, pero a veces es más importante ser feliz.