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Crítica de Perdida: La perversa joya de David Fincher

Vuelve el mejor Fincher. Y lo hace con Perdida (Gone Girl), una perversa joya protagonizada por Ben Affleck y Rosamund Pike con la que el director de Seven y El club de la lucha nos regala un thriller redondo.
David Fincher toma el libro superventas Gillian Flynn, que también firma el libreto de Perdida, y eleva a una nueva dimensión el injustamente denostado término melodrama alumbrando un portento cinematográfico con el que podría mirar a los ojos del mismísimo Hitchcock.
Perdida nos lleva hasta North Carthage, una pequeña localidad ficticia a orillas del río Mississippi. Allí residen Nick Dunne (Affleck) y Amy (Pike), un matrimonio antaño ejemplar y muy 'cool' que atraviesa por horas bajas. El día de su quinto aniversario Amy, conocida -y querida- por medio país gracias a la saga literaria Amazing Amy escrita por su padres, desaparece sin dejar rastro.
BUSCANDO A AMY
Comienza entonces, con gran eco mediático, la búsqueda por tierra, mar y aire de la pobre Amy. Y poco a poco, a medida que la investigación avanza, el panorama se va enturbiando para Nick. Su falta -o exceso, según se mire- de temple, algunas contradicciones y las pistas que van apareciendo a cuentagotas le señalan como el principal sospechoso de la desaparición de su esposa.
Asistimos entonces a un juicio popular y sumarísimo en el que la turba, convenientemente azuzada por los medios de comunicación, es juez, parte y, si se lo permiten, verdugo. Olvídense de béisbol, 'linchar a Nick' se ha convertido en deporte nacional.
Este es solo el punto de partida de una trepidante, afilada y retorcida trama en la que después de varios giros y contragiros llega un momento el propio espectador se da cuenta de que la verdad, lo que presuntamente estábamos buscando, ha llegado ya ser ya un mero accesorio, una excusa para seguir adelante y disfrutar de este esperpéntico y perverso circo romano.
UN INMENSO REPARTO
Tanta vuelta de tuerca es mérito del libro, del éxito literario de Gillian Flynn. Su soberbia ejecución en pantalla, de Fincher. Él es también culpable -seguimos señalando con el dedo- de que Affleck y Pike firmen los que pueden ser sus mejores trabajos hasta la fecha. Sin olvidar a Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens, Carrie Coon y Scoot McNairy. Todos excelentes.
Perdida es, en definitiva, un viaje fascinante de más de dos horas y media -no se echen las manos a la cabeza, que pasan volando- por los recovecos de la perversidad humana, las cloacas de la sociedad de la información y las bajezas y miserias que se esconden bajo la alfombra. Incluso bajo la más lujosa.
Un turbio e hipnótico vaivén de medias verdades, mentiras, ilusiones rotas y obsesiones lleno de ritmo y geniales y pérfidos golpes de humor negro. Perdida nos manipula a su antojo para azotarnos en la cara con el consabido 'No es oro todo lo que reluce' aunque, paradójicamente, lo nuevo de Fincher valga su peso en el preciado metal.